En contra del matismo

Lo que sigue es la traducción de Against Murderism, un artículo de Scott Alexander en el blog Slate Star Codex.


I.

Ahí van unas preguntas que espero que resulten confusas.

Alice es una ama de casa blanca que se va a mudar a otro barrio. En un barrio de su ciudad viven sobre todo inmigrantes de Oriente Medio; Alice no los entiende bien por el acento, y cuando se juntan hablan de cosas como qué tipo de hiyab está de moda. En otro viven blancos, que además son evangélicos reformistas (como Alice) y están tan obsesionados como ella con las decoraciones de navidad. Alice se muda al barrio blanco, porque cree que culturalmente le pega más. ¿Alice es racista?

Bob es el alcalde de Ejemploburgo. Su empresa de autobuses ha empezado a perder dinero y va a tener que cerrar líneas, así que decide cerrar la menos usada. Esa línea pasa por un barrio negro, que tiene el mismo coste que las demás pero solo el 10% de los pasajeros. Bob deja abiertas otras líneas en barrios blancos igual de pobres. ¿Bob es racista?

Carol es una lesbiana liberal que a la hora de votar se guía por dos asuntos: la libertad de mercado y los derechos de los gays. Se da cuenta de que los inmigrantes de ciertos países parecen ser más de izquierdas y más homófobos que el estadounidense medio, y le preocupa que puedan votar por políticas socialistas y anti gays. Para evitarlo, Carol quiere que se restrinja la inmigración de África, América Latina y Oriente Medio. ¿Carol es racista?

Dan es un progresista que lleva veinte años votando al Partido Demócrata. Como estudia psicología, se lee The Bell Curve (de Charles Murray) y su teoría de que las diferencias cognitivas entre las razas son en parte genéticas. Tras buscar argumentos y contraargumentos, y leer la opinión de expertos, decide que seguramente es verdad. Intenta no sacar nunca el tema porque cree que hay quien puede usarlo para justificar el racismo, y que unos puntos de CI arriba o abajo no hacen a nadie menos humano. Sigue siendo progresista y participando en actividades antirracistas en su comunidad. ¿Dan es racista?

Eric tiene un restaurante y se mueve solo por dinero. Como está en un barrio blanco y muy racista donde los blancos no quieren cenar con negros, y quiere tener muchos clientes, pone un cartel de NO SE ADMITEN NEGROS. ¿Eric es racista?

Fiona es una separatista blanca de las de verdad. Cree que los grupos raciales son la unidad natural de la comunidad y que serían más felices si vivieran separados. No cree que ninguna raza sea mejor que otra, solo que cada una estaría mejor si fuera a su rollo. Quiere un plan de partición del país que les dé a los blancos el medio oeste, a los latinos el sudoeste y a los negros el sudeste, y que deje todo el norte como zona interracial para la gente a la que le guste eso. Para quitar de cada zona las otras razas no quiere usar la violencia: supone que emigrarán a la que toca por propia voluntad. Colabora con grupos separatistas negros, creyendo que comparten una visión común, y espera que tras la partición sus países se lleven bien. ¿Fiona es racista?

II.

La respuesta es que “racismo” es una palabra confusa y que engloba conceptos diferentes. Estas son algunas de las definiciones que se suelen dar:

  1. Definición por motivos: el racismo es un sentimiento irracional de odio hacia alguna raza, que hace que alguien quiera perjudicarla o discriminarla.
  2. Definición por creencias: el racismo es la creencia de que una raza es inferior o tiene cualidades negativas, sobre todo si son genéticas o innatas.
  3. Definición por consecuencias: el racismo es cualquier cosa que perjudique a una minoría o promueva la supremacía blanca, independientemente de que esa sea la intención o no.

Esta última definición no se ajusta al uso real. Y sí, es la más sofisticada y es la que usan los estudiosos del tema, pero no refleja lo que quiere decir la gente cuando dice “racismo” en el mundo real. Ahí van cuatro razones:

Primera: según esa definición el racismo nunca puede causar nada. La gente suele preguntar cosas como si el racismo contribuyó a la elección de Donald Trump, pero la pregunta no tiene sentido bajo esa definición. Si el racismo es solo una descripción de las consecuencias de algo, no puede usarse como explicación causal.

Segunda: según esa definición muchas acciones racistas podrían ser buenas. Imaginad que un tirano quiere matar a los diez millones de blancos más ricos del mundo y darles sus cosas a los negros. Según esa definición oponerse sería racista, pero claro: es un tirano y lo correcto es oponerse a él. Así que bajo esa definición una política racista puede ser buena y merecedora de nuestro apoyo, y “esta política es racista” ya no vale como argumento aunque sea verdad.

Tercera: según esa definición no tiene sentido decir que alguien es racista porque el racismo es una propiedad de las acciones, no de las personas, y preguntar si (por ejemplo) Barack Obama es racista solo puede llevar a discutir qué razas se han visto beneficiadas o perjudicadas por sus políticas, sin que importen su propia raza o sus opiniones personales.

Cuarta: según esa definición no se puede decir si una acción es racista sin saber todas sus consecuencias. Supongamos que el KKK organiza una marcha por un vecindario negro para asustar a los vecinos, pero en respuesta se organiza una contramarcha con muchísima más gente y los vecinos ven que la comunidad los apoya. La marcha aparece en varios medios de comunicación y la gente, indignada, empieza a donar dinero a organizaciones antirracistas y a promover leyes contra el KKK. En ese caso la marcha ha tenido (sin querer) consecuencias buenas para los negros y malas para los supremacistas blancos. Según la definición sofisticada esa marcha montada por el KKK para asustar negros no es racista, y de hecho lo racista sería no haberla organizado.

En resumen: la definición por consecuencias implica que el racismo nunca puede ser la causa de nada, que las políticas racistas pueden ser buenas, que nadie “es racista” ni lo deja de ser y que organizar una marcha del KKK para asustar a los negros puede ser menos racista que no organizarla. Y nunca he visto a nadie plantear estas implicaciones. Y ahora que las menciono, no creo que nadie las dé por ciertas ni se preocupe por ellas.

Creo que eso es porque esa definición es un anzuelo, y que solo se usa para ganar discusiones y no porque la gente la use en el mundo real.

Y la definición por creencias es un sindiós.

¿Es racista pensar que los mexicanos son más pobres que los blancos? La pobreza suele verse como algo malo, así que pensar eso es atribuirle una cualidad mala a una minoría. ¿Sigue siendo racista si añades que los mexicanos son pobres porque se les oprime y discrimina?

¿Es racista pensar que los mexicanos cometen más delitos que los blancos? ¿Y si añades que solo los cometen como consecuencia de una colonización opresiva por parte de los españoles?

¿Es racista pensar que los musulmanes cometen más terrorismo que los blancos? ¿Y si has calculado todos los datos y puedes dar las cifras exactas que te dan la razón?

Y si añades que eso no tiene nada que ver con su genética, y que es porque el Islam es una religión violenta… ¿eso es más o menos racista que lo anterior?

¿Es racista pensar que los pigmeos son más bajitos que los blancos?

Da igual: en el mundo real la gente se guía por la definición por motivos.

Tras los ataques de Londres oí a alguien preguntar si es racista querer que se restrinja la inmigración de países musulmanes, o si simplemente puede significar que te preocupa el terrorismo.

Contestó mucha gente. Para unos, preocuparse por el terrorismo es normal. Para otros eso es una cortina de humo y quien dice eso es para esconder su racismo.

Unos y otros tratan las dos cosas siguientes como conceptos distintos:

  1. La creencia de que muchos musulmanes son terroristas y que hay que llevar ojo con ellos.
  2. El racismo.

Esto no es compatible con la definición por creencias, solo con la definición por motivos. Una persona dice creer que los musulmanes tienen más probabilidades de ser terroristas. La segunda persona se pregunta si en realidad la motiva esa creencia (en cuyo caso no sería racista) o un odio irracional hacia esa minoría (en cuyo caso sí).

También está el caso de Charles Murray, según el cual los negros son por genética menos inteligentes que los blancos. Algunos críticos de Murray dicen que esa teoría no debería extenderse ni aunque fuera cierta, porque podría usarse para justificar el racismo.

Esto no es compatible con la definición de creencias, solo con la definición por motivos. Lo que dicen esos críticos es que si descubrimos que una minoría es genéticamente peor en cualquier aspecto (es decir, si una creencia racista resulta ser cierta) deberíamos callárnoslo para no justificar el odio irracional hacia esa minoría (es decir, el racismo).

Con la definición por motivos todos los ejemplos de arriba (que reflejan el uso real de la palabra racismo) tienen sentido.

Cuando preguntamos si el racismo contribuyó a la elección de Donald Trump, lo que estamos preguntando es si la gente lo eligió porque odia irracionalmente a las minorías y las quiere discriminar.

Cuando decimos que no sería racista oponerse a que un tirano mate blancos, lo que estamos diciendo es que es una buena medida y que no significa que odies irracionalmente a las minorías y las quieras discriminar.

Cuando afirmamos que una persona concreta (Bob, Barack Obama) es racista, lo que estamos afirmando es que esa persona odia irracionalmente a las minorías y las quiere discriminar.

Cuando decimos que una marcha del KKK por un barrio negro para asustar a los vecinos es racista independientemente de las consecuencias, lo decimos porque sus organizadores odian irracionalmente a las minorías y las quieren discriminar.

Cuando nos preguntamos si es racista pensar que los mexicanos son más pobres que los blancos, nos estamos preguntando si la persona que dice eso odia irracionalmente a los mexicanos y los quiere discriminar. Pero casi toda la gente que lo dice lo hace para señalar desigualdades y ayudarles. Con lo cual no es racista.

Cuando alguien dice que los mexicanos cometen más delitos que los blancos podría estar citando cifras oficiales, sin más. Pero sospechamos que quiere usarlas para justificar su odio irracional hacia los mexicanos y que los quiere discriminar. Con lo cual es potencialmente racista, independientemente de que lo atribuya a la genética o a la cultura.

Cuando alguien dice que los musulmanes cometen más terrorismo que los blancos eso no es necesariamente racista, porque está diciendo algo plausible. Pero si insiste mucho en el tema podemos empezar a pensar que lo hace para justificar su odio irracional hacia los musulmanes y que los quiere discriminar.

Cuando la gente dice que las teorías de Charles Murray sobre la genética podrían usarse para justificar el racismo, lo que están diciendo es que si alguien odia irracionalmente a las minorías y las quiere discriminar, puede usar esas teorías para justificar su posición.

Creo que usamos una combinación de esas definiciones, pero que la definición por motivos es la principal.

He diseñado las preguntas iniciales de forma que según la definición por motivos Alice, Bob, Carol y compañía no son racistas, pero según las otras definiciones sí que lo son. Supongo que cada lector habrá llegado a una conclusión distinta pero que la mayoría habrá encontrado inconsistencias, no habrá sabido bien qué hacer con ellas y se habrá ceñido a la sensación que les provocaba cada caso.

Hacer eso es normal, no estoy diciendo que la definición por motivos sea la de verdad. Las definiciones que damos de casi todo son un lío y no suelen ser fáciles ni consistentes, sobre todo con conceptos tan complejos como el racismo. En el mundo real vamos saltando de una definición a otra: para decidir si una cosa es racista usamos una definición más o menos amplia según si esa cosa nos gusta o no, y para decidir las consecuencias nos pasamos a otra. Y es normal.

Pero en este caso es una receta para el desastre.

III.

Ahí va una escena de un universo paralelo.

El matismo es una ideología según la cual matar a la gente es bueno y dejarla vivir es malo. Y está por todas partes: solo en los Estados Unidos se mata a 14.000 personas cada año. Eso demuestra hasta qué punto en las escuelas se enseñan valores matistas.

Pero el matismo no es siempre tan obvio. Los políticos llevan años reduciendo los presupuestos policiales y la longitud de las sentencias, con lo cual aumenta el número de asesinatos. La gente que promueve esas políticas se piensa que por no ser pandilleros con cuchillos ya no son matistas; pero cualquiera que promueva el asesinato (ya sea con un cuchillo o con una ley) es matista y es responsable de los efectos de la violencia matista.

Los principales partidos tienen muchas diferencias, pero ambos apoyan el matismo. Los republicanos apoyan políticas matistas como la invasión de Irak, que causó la muerte de miles de irakís. Los demócratas se creen mejores pero apoyan ideas claramente matistas como la eutanasia, que pide matar a nuestros ciudadanos más ancianos y vulnerables. No existe un partido en Washington que esté dispuesto a revisarse y desafiar las ideas matistas sobre las que se construye nuestro sistema.

No acabaremos con el matismo hasta que la gente entienda que no está bien ser matista. Así que cuando oigáis a alguien criticar la militarización de la policía, o hablar bien de la eutanasia, decidle que eso es matismo y que no está bien.

… y bueno, ya. En nuestro universo entendemos que la idea de “matismo” es una tontería, porque confunde causa y efecto.

La gente suele matar gente para conseguir cosas. El traficante que no quiere competidores, el soldado que quiere ganar una guerra, el pandillero que quiere librarse de un testigo incómodo. Y si estiramos mucho el concepto: el neocon que quiere “liberar” un país extranjero, el paciente de cáncer que quiere morir con dignidad o el activista que quiere que haya menos gente en prisión.

Pero salvo los asesinos en serie más depravados, nadie lo hace porque tenga una preferencia inherente por matar. La mayoría de los asesinos preferiría no tener que hacerlo. Al traficante le resultaría más fácil sacar a los competidores de su barrio pidiéndoles amablemente que se marcharan. El soldado querría poder ganar la guerra sin derramar sangre, porque eso sería mejor para todos. Quien mata lo hace por otros motivos (a veces nobles, a veces no) y clamar matismo solo vale para ocultar esos motivos y para meter muchos casos diferentes en un mismo saco donde se vuelven indistinguibles.

Hablar de matismo no solo no resulta informativo, sino que lleva a confusión. Si los pandilleros se matan entre ellos por matismo, entonces no tiene sentido estudiar si hay relación entre la pobreza y la pertenencia a bandas o si cuando la policía ignora un barrio es más probable que se formen bandas. Entonces el único problema es que los pandilleros tienen valores matistas y la solución es censurar la obra del filósofo David Benatar, que dice que vivir es malo y que no existir es mejor. O prohibir en los institutos la estética gótica, que le da glamour al matismo y hace que los jóvenes adquieran de adultos pensamientos matistas.

Quien habla de matismo comete el mismo error que quien habla de racismo sin distinguir la definición por motivos y la definición por consecuencias.

IV.

Si la gente creyera en el matismo tendríamos una sociedad hostil y poco eficiente, y esa creencia solo podría cotrarrestarse aceptando que el asesinato no suele ser un fin en sí mismo sino un medio para alcanzar otro fin. Que tanta gente quisiera la muerte de otra gente sería tan espantoso, inhumano e incongruente con las personas decentes que conocemos, que sería muy raro considerar esa explicación cuando hay otras mejores disponibles. Con el racismo pasa lo mismo.

No pretendo convenceros de que muchas de las cosas que llamáis racistas no lo son, porque no puedo elegir cómo definís las palabras. Sería como querer convenceros de que alguien que acaba de matar a alguien en realidad no es matista. No tendría sentido.

Lo que os pido es que busquéis los motivos no racistas en las cosas racistas.

¿Qué quiero decir con eso?

Imaginad que hay un negocio (por ejemplo una guardería) que discrimina a los negros que van buscando trabajo. Le preguntamos a los dueños por qué lo hacen y nos dicen que es porque los negros son unos delincuentes. Es difícil pensar un ejemplo más claro de racismo.

Pero es fácil ver esta situación desde otra perspectiva. Hace tiempo los legisladores vieron que las cifras de encarcelación estaban perjudicando a los miembros de minorías que buscaban trabajo, porque por prisión pasan solo el 4% de los blancos (frente 16% de los hispanos y el 28% de los negros) y muchos empresarios quieren saber si un candidato tenía un historial criminal para no contratarlo.

Los legisladores pensaron que prohibiendo consultar ese historial ayudarían a los latinos y los negros que buscaban trabajo. Pero el efecto fue el contrario: la prohibición hizo que la probabilidad de encontrar trabajo bajase un 2,9% para los latinos y un 5,1% para los negros. Y es normal. Lo último que quiere una guardería es tener a un criminal ex convicto cuidando a los niños. Si pueden preguntar el historial de cada empleado individual, problema resuelto. Si no, no les queda más remedio que suponer. Y si tienen dos candidatos igual de buenos, pero uno es blanco y el otro es negro, y saben que el 4% de los blancos y el 28% de los negros han pasado por prisión, se encogerán de hombros y escogerán al blanco.

¿Esto es racista? ¿Es discriminación estadística?

Llamadlo como queráis. El caso es que tienen un motivo comprensible (no contrates a un criminal para cuidar a los niños), unas creencias correctas, y que haríais lo mismo en su lugar. Y sobre todo que si les dais las herramientas necesarias para resolver el problema sin discriminar (si les dejáis ver el historial criminal) su deseo de discriminar desaparece y el problema queda resuelto.

Si intentáis arreglarlo mandándolos a un programa de reeducación, fracasaréis. Si intentáis arreglarlo despidiéndolos, quien los reemplace tendrá los mismos incentivos y fracasaréis otra vez. Si os dais cuenta de que el odio racial no tiene nada que ver, y que los dueños de esa guardería solo quieren lo mejor para los niños, entonces podéis darles las herramientas que necesitan y a la vez arreglar esa situación de discriminación.

Un ejemplo más difícil: pensad en un tío que siempre está diciendo que, no sé, que los judíos controlan el mundo en secreto. Que tienen túneles secretos donde hacen reuniones sionistas secretas y se ríen diciéndose unos a otros que los cristianos lo van a flipar. Y que las guerras más grandes se deben a esto. ¿Podemos pensar que este tío es racista de verdad y que no hace falta darle más vueltas al tema?

Yo he conocido a un tío así. Era un esquizofrénico ingresado en el hospital mental donde trabajo, y a mí me gustaba toparme con uno que no fuera un conspiranóico de la CIA, ni un conspiranóico de los aliens, ni un conspiranóico de los blancos (es que trabajo en Detroit).

¿Estoy diciendo que todo el mundo así es esquizofrénico? No, pero hay mucha gente que no es esquizofrénica y cree en los illuminati, o en el nuevo orden mundial, o hasta en los reptilianos. ¿Es tan raro pensar que la misma lógica errónea lleva a unos a pensar que los masones dominan el mundo, y a otros a pensar que los judíos dominan el mundo? ¿Hay que pensar que los segundos han seguido un proceso mental totalmente distinto al que hay que llamar “racismo” o “antisemitismo”?

Recordemos que los individuos “sanos” pero con creencias conspiranóicas presentan el mismo tipo de señal de error frontoestriatal que los esquizofrénicos, lo cual sugiere que sus ideas pueden surgir del mismo tipo de razonamiento desviado.

¿Estoy diciendo que el antisemitismo no tiene absolutamente nada que ver con este tipo de creencias? De verdad, llamadlo como queráis. Lo que estoy diciendo es que ignorando ese aspecto pude tratar a este tío con Seroquel y que ahora está bien. Y que si en vez de eso le hubiera leído libros de Elie Wiesel ahora seguiría en el ala de psiquiatría.

Pero vale, los conspiranóicos esquizotípicos son un ejemplo extremo. Pensemos en un paleto republicano de Carolina del Sur que le da besos a la bandera republicana y piensa que los negros y los inmigrantes están echando a perder el país.

Este es el tipo de persona que elige como gobernadora a Nikki Haley (nacida Nimrata Randhawa, hija de dos inmigrantes punjabi) y que la apoya de forma tan ferviente que es una de las políticas más populares del país. También es el tipo de persona que adora a Ben Carson hasta el punto de ser el único candidato que llegó a superar a Trump en las encuestas republicanas de 2016.

Una posible explicación es que a esta gente no les gustan los negros ni los inmigrantes porque les atribuyen valores que no les gustan: concretamente valores de la tribu roja (por ejemplo, el 90% de los negros suele votar al Partido Demócrata); pero si uno de ellos demuestra que comparte los valores de la tribu azul, se convierte en uno de ellos y lo defienden con fiereza. La situación es similar al ejemplo de la guardería: la gente usa la raza como indicativo de algo que les importa más, hasta que reciben información directa.

No me entendáis mal: no digo que el racismo no exista. No digo que debamos ignorar el racismo. No digo que las minorías no deban poder quejarse del racismo. Digo que quedarnos en el racismo como explicación causal es muy peligroso porque no nos indica nada de utilidad, y que es el peor botón que podemos pulsar si lo que queremos es cambiar un comportamiento.

Y no digo que sea inútil pensar que en algunas de estas situaciones hay una oportunidad para un cambio racial. Si el dueño de una guardería quiere corregir las desigualdades raciales puede contratar minorías aunque vaya contra su propio interés (aunque no sé por qué preferiría eso a otras alternativas, como donar parte de sus ganancias a la NAACP).

Y no digo en algún caso puramente racista sea imposible encontrar otras motivaciones. Digo que al menos las tendríamos que buscar. No porque no cueste nada. No porque no haya riesgo de falsos negativos.

Las debemos buscar porque es la única alternativa a pasar por otra guerra civil.

V.

Arnold Kling suele decir que los grupos políticos usan “lenguajes” diferentes, cosmovisiones distintas entre sí y que dificultan la conversación con el otro bando.

Jonathan Haidt acepta la idea, pero dice que el fenómeno no es simétrico. En sus experimentos hizo que liberales y conservadores rellenasen cuestionarios sobre sus propios valores y que predijeran cómo rellenaría el cuestionario alguien de la ideología contraria, y descubrió que los conservadores entienden bastante bien la ideología liberal pero que los liberales no tienen ni idea de cómo piensan los conservadores ni de cuáles son sus valores.

Lou Keep plantea esa asimetría de forma diferente. Dice que al pasar de una economía tradicional a una de mercado se produce una asimetría entre una élite con preocupaciones claras y concretas (“si hacemos tal el PIB subirá un 3% y podremos construir más carreteras”) y unas masas con preocupaciones vagas e inconcretas (“me parece que perdimos algo importante al convertirlo todo en un producto”). Y para Keep, de ahí surge la división entre los neoliberales clintonistas de ciudad y los trumpistas cabreados por haber perdido su cultura tradicional.

Hay muchos más autores, pero todos comparten la idea básica de que la comunicación intercultural es difícil de verdad, y de que es fácil que las preocupaciones de otra gente nos suenen a tonterías. Y casi todos dicen que nosotros (gente educada y orgullosa de su dedicación a la lógica y a la razón) corremos más riesgo que nadie de ignorar las preocupaciones de otros, porque son tan tontos que dan igual. La solución es la misma de siempre: ir con cuidado, practicar los principios liberales y aplicar el principio de caridad.

Pensar en el racismo como en el matismo es lo contrario a eso. Pensando así puedes pasar directamente a deshumanizar al oponente. No te lleva la contraria porque tenga una cultura distinta a la tuya, o unos valores distintos a los tuyos, o una opinión distinta a la tuya. No te lleva la contraria porque esté desinformado o porque sea un ignorante. Te lleva la contraria por puro odio, por un virus mental irracional que le hace rechazar los valores humanos normales y querer hacer daño a las personas que no se parecen a él.

Pensar así te libera de la difícil tarea de entenderlo; de la difícil tarea de cambiar cómo piensa; de la difícil tarea de cuestionar tus propias creencias; de la difícil tarea de llegar a un punto de encuentro; y de la difícil tarea de recordar que al final del día tu enemigo sigue siendo tu vecino. Te libera de todo el trabajo difícil. Tú tienes razón en todo y el resto son monstruos inhumanos que solo quieren el odio y la muerte, y lo único que tienes que hacer es quejarte en Twitter de lo racistas que son.

Quizá parezco enfadado porque no hagamos el esfuerzo necesario para resolver los problemas de comunicación intercultural y entender un sistema de valores distinto al nuestro. Eso no me enfada. Hacer ese esfuerzo cuesta.

Me enfada haber llegado a un punto donde nadie puede decir “me preocupa el terrorismo” sin tener que demostrarle a un ejército de trolls que efectivamente le preocupa el terrorismo, y que no es una excusa para disimular que en realidad odia a todo el mundo a partir de cierto tono de piel. Me enfada que cuando una parte del país sufre una epidemia de suicidios y sobredosis, un aumento en la mortalidad, un aumento en el paro y una sensación de falta de esperanza en general, y cuando dicen que están enfadados, nuestra respuesta es: ¿enfadado? ¿de verdad? ¿no querrás decir racista?

La gente habla del liberalismo como si fuera lo mismo que el capitalismo o que el clintonismo, pero no lo es. El liberalismo es una herramienta para prevenir la guerra civil, forjada en el fuego del infierno: el horror de las guerras religiosas del siglo XVII. Europa se pasó un siglo destrozándose de las formas más brutales imaginables, hasta que de los escombros humeantes extraímos esta maravillosa máquina alienígena. Una herramienta que usada de forma correcta permitía que la gente viviera junta sin matarse por pensar de tal o cual forma.

A lo largo de la historia, las estrategias más populares para resolver diferencias han incluido: usar la brutalidad para obligar a la conformidad, usar el genocidio para eliminar la diferencia, y poner mucho mucho cuidado en adegurarse de que la máquina alienígena funciona bien.

Y cada vez que veo a alguien liarse a mazazos contra la máquina suele estar gritando “¡es que racistas!”

Dices que hay que proteger la libertad de expresión. ¿Pero protegerías la libertad de expresión de los racistas?

Dices que no hay que despedir a nadie por opiniones personales que no afecten a su trabajo. ¿Pero protegerías el trabajo de los racistas?

Dices que hay que resolver los desacuerdos de forma respetuosa y mediante el debate racional. ¿Pero debatirías racionalmente con los racistas?

Dices que la gente debe poder seguir su religión sin interferencias. ¿Pero y si esa religión es una excusa de los racistas?

Dices que podemos aprender cosas de la gente con la que estamos en desacuerdo. ¿Pero querrías aprender cosas de los racistas?

Dices que no hay que resolver las diferencias políticas a puñetazos. ¿Estás diciendo que no les demos puñetazos a los racistas?

El liberalismo supone buena fe y valores compartidos. Supone que al final del día, seas católico o protestante, cabe la posibilidad de que seas buena persona. Supone que se puede apartar tal o cual creencia sobre el Papa y resolver el resto de las diferencias mediante la Razón. Si todo el mundo es así la democracia es posible, y aunque sus resultados no nos gusten al menos sabemos por qué se ha elegido eso. Hay quien prefiere libertad antes que seguridad, y hay quien prefiere seguridad antes que libertad, pero si los votantes toman la decisión equivocada al menos su error nos resultará comprensible.

Pero si un grupo no conecta en absoluto con los valores humanos; si ha renunciado deliberadamente a la razón; si está dispuesto a arrojar al fuego la libertad y la seguridad persiguiendo algún tipo de odio irracional que es su único fin, entonces todo el proyecto se viene abajo. El diálogo es útil cuando sirve para encontrar el punto óptimo entre libertad y seguridad, pero si dejas que elija una gente cuyo único valor es el odio, entonces pierde todo el mundo.

Hace unos días Noah Smith habló en Twitter sobre una gente a la que había oído decir cosas racistas. Los comentarios fueron así:

- Son unos racistas enfermos.
- Sí, ¿y?
- Que a lo mejor no se puede tratar con ellos de una forma no violenta y normal.
- ¿Vas a pegarles un tiro por ser racistas?
- No, por ser racistas no. Pero Noah, ¿si la política normal no sirve qué hacemos? ¿Cómo tratamos con millones de chalados con armas?

Pues nada, si han dicho algo racista tendremos que matarlos.

Y este tipo de razonamiento es perfectamente normal. A lo largo de toda la historia hemos recurrido a la violencia para forzar conformidad a las normas sociales. El liberalismo para no tener que hacer eso más, pero el liberalismo no se puede aplicar con gente que rechaza la razón y se mueve por odio. Si ese tipo de gente existe y forma una parte sustancial de la población el liberalismo se vuelve imposible, y tenemos que volver a usar la violencia para que la gente piense como nosotros. Y si no cooperan, eso significa una guerra civil.

Yo no quiero una guerra civil. Quiero que este país sobreviva lo suficiente como para que se lo cargue algo guapísimo, como la inteligencia artificial o algún tipo de apocalipsis zombi. Ahora mismo solo aspiro a que desaparezcamos de forma chula, víctimas de nuestro propio genio y de nuestro progreso intelectual, no de nuestras miserias y odios mutuos. Creo que es lo mejor a lo que podemos aspirar. Y creo que, como nación y como especie, lo podemos conseguir.

Pero para eso tenemos que rechazar el concepto de matismo. Tenemos que dejar de atribuir al matismo todo lo que nos parezca mal, aunque de verdad sea matista, y en su lugar intentar encontrar sus causas y humanizar a las personas involucradas. Tenemos que buscar lo que hace posible el liberalismo, no lo que lo hace imposible. Y si no podemos hacerlo, la confusión semántica y la polarización se irán alimentando mutuamente en un círculo vicioso que Dios sabe a dónde nos llevará.

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