¡LIBRE DE LA VOZ!

«Solo Jesús tiene el derecho a definir mi valor y, la última vez que lo comprobé, él estaba más preocupado en quién me convertiría que en la talla que usaría.»

La voz comienza como un susurro tan pronto mis pies tocan el suelo y crece rápidamente mientras me voy acercando a la puerta del armario.

“Nunca más podrás volver a usar las cosas que están aquí”

“Nada te queda bien”

‘’¿Qué mujer tiene tres tallas de ropa diferentes y espera volver a usar su talla antigua algún día? ¡Renuncia ya! Ese vestido ya no te va a entrar!

Mientras busco algo para ponerme/usar, la voz se hace más fuerte y siniestra.

“Eres un fracaso”

“Estás muy gorda”

‘’Eres repugnante’’

¡Bienvenidos, conocerán la voz del autodesprecio!¡Hola, voz del autodesprecio! No es una voz bonita. Su tono es totalmente asqueroso. Aparece sorpresivamente en el tiempo preciso y lleva consigo amigos que no son bienvenidos: el miedo, la vergüenza y la desesperación. Es allí cuando la diversión comienza.

Mientras crecía siempre fui la chica alta que podía devorar un plato de nachos y una coca-cola sin mucho esfuerzo. Pero con el pasar de los años, empecé a batallar con un desorden endocrino que arruinó mi metabolismo. A todo eso, súmale un horario de viaje caótico que dejaba poco espacio para una rutina de ejercicios consistente y ahí tienes la mezcla perfecta para ganar peso. Mientras miraba los números de la balanza subir, los insultos también iban aumentando.

Estoy segura que no estoy sola en mi batalla en contra de esta voz. Después de todo, ¿No estamos todas nadando en la gran piscina de la comparación? Hablando de nadar, ni me hagas hablar de la temporada de los bikinis y trajes de baño. Estoy completamente convencida que los espejos de los probadores son puertas al infierno y hacen que comparemos nuestros cuerpos con otros que son más jóvenes, más bronceados, más delgados y, bueno, más perfectos que los nuestros. Ni hablar de la batalla que enfrentamos en las colas de las cajas de los supermercados, en donde cuerpos perfectamente retocados con photoshoop exhibidos en las portadas de las revistas… convenientemente al costado del estante donde están las barras de chocolate y las píldoras para hacer dieta. Huele a conspiración.

He ahí mi dilema. No quiero escuchar esa voz. No quiero convertirme en una mujer que es consumida por cómo se ve o la talla que usa. Quiero que mi vida sea consumida por Jesús, por su gloria, por su incomparable belleza. No quiero ser consumida por mí misma. Sobretodo, quiero vivir una vida con propósito para la gloria de Dios.

Pero al mismo tiempo, quisiera que la ropa me quedara bien.

Honestamente, no tengo esta idea falsa de que seré la perfecta talla 2 y usaré un bikini. Para empezar, mido más de un 1.80 cm… luciría como un esqueleto con esa talla y soy muy recatada para usar un bikini. Soy realista. Solo quiero estar saludable. Me gustaría que la ropa que tengo me quede. Me gustaría saber que estoy cuidando del cuerpo que Dios me dio. No quiero convertirme en una mujer que se obsesione sobre cada caloría. Eso no es libertad.

Pero a la voz no le importan mis buenas intenciones. No le importa si soy talla 2 o 20. Todo lo que la voz quiere hacer es matar, robar y destruir, sin importar la talla. Esa es la razón por la cual una mujer joven y saludable con 51 kilogramos podría escuchar los mismas burlas que una mujer del doble de su tamaño.

« Jesús dijo: el ladrón sólo viene a robar, matar y destruir. Yo vine para dar vida y vida en abundancia » — Juan 10:10

Detrás de la voz de autodesprecio se encuentra la voz de mi enemigo y del tuyo también. La voz del padre de las mentiras (Juan 8:44), quien quiere que nos odiemos a nosotras mismas, quien quiere que vivamos atadas a los números de la balanza. Nada satisface más a Satanás que el saber que somos cautivas de una talla, más que ser cautivadas por la gloria de Dios.

¿Puedes escuchar tu amén?

Decidí hace mucho tiempo que no me voy a quedar con los brazos cruzados y dejar que Satanás gane. Antes de que Jesús redima mi vida, cuando tenía 25 años, vivía atada a las mentiras del enemigo. Era una chica joven llena de adicciones, inseguridades y vergüenza. Me llamo a mí misma redimida porque eso es lo que precisamente Jesús hizo: él me rescató y me hizo libre. Una vez que experimenté libertad en Cristo, quede unida a él y determinada a no volver atrás nunca más.

Por lo tanto, después de un par de semanas de ahogarme en la vergüenza, estaba harta de odiarme y sabía que necesitaba parar. Sí, hice algunos cambios saludables y me ejercité, además, hice que comer saludable fuera una prioridad. Aún hay más en esta historia de transformación. Llegué a la conclusión de que la balanza no es mi enemigo, la voz es mi enemigo.

« Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales» — Efesios 6:12
«Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo» — 2 Corintios 10:4–5

Mientras le hacemos frente a la voz del autodesprecio debemos recordar que nuestro enemigo busca establecer mentiras que nos aten. Nuestras mentes son un campo de batalla. La razón por la que nos apoderamos de nuestros pensamientos es para que no reinen en nosotras o no nos lleven a tomar decisiones que no son sanas. Una mujer que lucha con autodestrucción, puede ser tentada a tomar medidas dañinas para perder peso o caer en vergüenza junto a sus amigas: Ben y Jerry.

Como mujeres que lideramos a otras, generalmente escuchamos clichés cristianos como: domina el pensamiento. Pero ¿Cómo se ve esto en la vida real? He descubierto que no puedo controlar si la voz habla o no, pero puedo decidir si la escucho o no. Más que involucrarme en una conversación con la voz del autodesprecio, escojo sintonizarme con la voz de la verdad. Amigas, Jesús es la voz de la verdad.

Por lo tanto, cuando el enemigo venga a pretender quitarme identidad, debo escoger escuchar al ÚNICO QUE TIENE EL DERECHO A DEFINIRME — EL ÚNICO QUE ME CREÓ Y ME REDIMIÓ. Solo Jesús tiene el derecho a definir mi valor y, la última vez que lo comprobé, él estaba más preocupado en quién me convertiría que en la talla que usaría.

Como no podemos detener a la voz de hablar, la única forma de apoderarnos de los pensamientos es cambiar la sintonía. Si estoy conduciendo mi carro y una canción que no me gusta suena en la radio , ¿Qué hago? Cambio de estación. Hagamos lo mismo con nuestros pensamientos. Si soy bombardeada con voces de comparación, autodesprecio o vergüenza, debo elegir cambiar de estación.

¿Cómo cambio de estación?

Primero, détente con lo que estás haciendo, confiesa tus miedos y mentiras a Jesús. Dios está presente con nosotros cuando clamamos a él. No podemos enfrentarnos al enemigo solas, necesitamos al Espíritu Santo.

Luego, medita en la palabra, especialmente en aquellas escrituras que hablen sobre tus problemas. No solamente leas la palabra, confiesa en voz alta quién eres en Cristo.

Cuando la batalla es intensa o pesada, adora. Nada disipa más la voz del enemigo que levantar el nombre de Jesús.

Finalmente, piensa en formas de ministrar a alguien más, de esa forma, dejaras de enfocarte solo en ti. La autodestrucción y el egocentrismo son armas de doble filo. Cuando nuestra atención es llevada a servir y amar a otros, golpeamos al enemigo en este juego.

¿Y qué crees? Cuando decidimos cambiar de estación, experimentamos libertad. La última cosa en este mundo que Satanás quiere es que nos enfoquemos en Jesús. Y más aún si nos paramos frente al espejo y nos enfocamos en la talla que nuestro amor maneja. Cuando cambiamos nuestra contemplación a la de Jesús, nuestro mundo entero cambia. Nuestros espíritus fueron creados para adorar, así que cuando hacemos lo que Dios nos ha llamado a ser más que arreglarnos por nuestra cuenta, experimentamos algo que el enemigo jamás podrá quitarnos: la paz y la presencia de Dios. Hay libertad y alegría en la presencia de Dios. Amigas, la única forma de ganar la batalla contra la voz es escoger sintonizarnos con la voz de la verdad.

Por Marian Jordan Ellis para Propel Women

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