
Un romance
Hubo momentos en los que él parecía no estar. Mientras lloraba quizás. Pero quizás él lloraba conmigo en silencio. Yo decía que quería estar sola. Así que prefirió no hacer ruido aun cuando la situación le dolía. Hizo todo lo que le permitiera estar cerca.
Sé que probablemente se te hace difícil escuchar su voz. No porque no habla sino porque entre tantas voces en la cabeza es difícil- ahora- distinguir entre una y otra. A veces la mentira grita más que la verdad cuando esta última no es algo natural. Esto hace del dolor un sentimiento familiar. Así que es algo a lo que se hace más sencillo aferrarse. Solo la verdad da la fuerza para levantarse pero si no la conoces aceptarás todo aquello que solo ayude a adormecer el dolor. La mentira mientras tanto, se aprovecha: da patadas, golpea, enfrenta. Parece no querer rendirse. Puedes sentir que es tanto que las manchas ya no se notan en tu vestido. Solo sabes que se llama vergüenza y no es fácil recordar cuando decidiste ponértelo. Quizás cuando decidiste hacerlo escuchas una voz: “nadie te amará así, escóndete” y bueno, le creíste. En realidad, muchas veces es más fácil creer lo malo acerca de ti, aceptarlo. Si aceptas muchas cosas en la vida, recuerda: la culpabilidad y la vergüenza son las peores de todas.
Sabes que quieres salir pero crees que eres capaz de hacerlo sola(o). Si eso piensas, solo puedo decirte que algún día te cansarás de esos intentos. Que no son lo suficientes para salvarnos. Nunca lo serán.
Encontrarás cuando te rindas a alguien que te levantará en tus brazos y que mirándote a los ojos no verá la suciedad que crees traer puesta. Ese alguien te dirá que no había algo tan hermoso como tú. Quizás preguntes ¿cómo supo que necesitarías ayuda? Y él responderá: “Siempre te estuve siguiendo, toda tu vida aunque me ignoraste. Parecías tener todo bajo control, tan auto suficiente que pensé que nunca te interesarías en un carpintero como yo”
A lo lejos, se les ve caminar juntos. Mientras él hablaba te diste cuenta que nunca habías conocido a alguien como él. Tan dulce pero tan lleno de autoridad. Era como si cada palabra de su boca tuviera el poder de cambiar tu mundo y el mundo también. Lo creías loco. Es que no paraba de decirte cuando había esperado por un momento como este. En el que quitando todas las máscaras pudieran compartir juntos.
Se ofreció a sanar cada una de tus heridas. Las que te hicieron, las que te hiciste y también había traído ropa nueva para ti. Pensaste que estaba loco de nuevo, sin embargo, ya no podías dejar de mirar sus ojos. Era inevitable, te estabas enamorando aunque te habías hecho la promesa de no hacerlo. Prometiste que nadie más te haría daño. Él lo supo, así que, te preguntó que sucedía. Tú respondiste: “No quiero ser herida. Nunca más”. Sin embargo, te respondió que él también tenía algunas; una en cada mano, en sus pies y una en su costado. Te dijo que fueron hechas por amor, por ti. Escuchaste aunque sin entender por completo, porque el significado de amor era aún confuso. Pero siguieron caminando y te dejó en casa, se despidió y dijo que todo estaría bien. Como ya era tarde, solo diste media vuelta y pensaste que te habías enamorado. Ya lo extrañabas y él aún no había tomado mucha distancia. Señalando la puerta te dijo: “mantenla abierta” Claro, pensaste que estaba loco. El tiempo te ayudó a entender que se refería a tu corazón, el cual había estado cerrado por mucho tiempo.
Después de ese encuentro, su voz sonaba más fuerte que todo lo demás. Simplemente no podías olvidar esa voz y sabías que no podrías olvidarla sin importar que pasara. Tampoco olvidarías sus ojos porque te hacían recordar que todo estaría bien. Le pusiste un nombre: dejó de ser un carpintero y se convirtió en tu Salvador y después de ese momento ya nada fue igual.
Esto es parte de un testimonio personal. Fue escrito hace aproximadamente un año, pero estoy segura para ser publicado un día como hoy. Tu historia importa, no estás sola y no eres la única. Pero la respuesta es la misma. Hay alguien que está esperándote con los brazos abiertos. Porque cuando nos rendimos de nuestros propios intentos abrimos la puerta para que este romance empiece y para que nuestro Salvador entre al rescate. Es real, y hoy puedes empezar a vivirlo.