Con C de Copenhague: un paseo por la ciudad más feliz del mundo

Hacía mucho tiempo que Copenhague estaba marcada en rojo en mi lista de escapadas pendientes. Días atrás regresé de la capital danesa con un buenísimo sabor de boca tras haber confirmado todas las ideas preconcebidas y haber descubierto otras que hacen de Copenhague una de las ciudades con mayor calidad de vida en el mundo.

De dimensiones humanas y perfectamente abarcable en una escapada corta, los días cálidos, largos y luminosos de primavera son un momento perfecto para descubrir esta capital y contagiarse del carácter optimista y relajado de sus habitantes, verdaderos expertos en disfrutar de la buena vida y profundos amantes de la naturaleza. Estas son algunas claves de por qué Copenhague es la ciudad más feliz del mundo.

La bicicleta es el medio de locomoción omnipresente en todo Copenhague. Más de la mitad de los copenhaguenses la utiliza a diario para ir a estudiar o al trabajo. La ciudad parece diseñada para disfrutarla en bicicleta. De hecho, ha sido elegida por la Unión Ciclista Internacional como la primera ‘bike city’ del mundo.

Ciclistas atravesando el Brygge broen / @xmoret

Por tanto es un medio de transporte altamente recomendable para descubrir la ciudad: lo suficientemente rápido para cubrir distancias medias en poco tiempo y lo suficientemente lento para recrearse con el entorno. La seguridad es máxima porque las bicis tienen un carril reservado que en algunas calles llega a ser tan ancho como el reservado para los coches. Se pueden alquilar por días o bien utilizar alguna de las del servicio público de alquiler, unas bicis eléctricas que facturan por horas a razón de 25 coronas cada sesenta minutos (algo más de 3 euros). A veces hay promociones: por ejemplo este mes de mayo son 10 coronas la hora.

Estación de bicis públicas junto al Parque Tívoli / @xmoret

El centro de arquitectura (DAC) danesa propone seis interesantes rutas para explorar la ciudad en bicicleta por ti mismo: acceso a las rutas y planos. Recorrer Copenhague en bici es muy chic.

La danesa Carlsberg es hoy por hoy la cuarta cervecera del mundo. Su fundador, Carl Jacobsen, es toda una institución en el país y su influencia se percibe en varios puntos de Copanhague. Sin ir más lejos, el icono de la ciudad y el país, la celebérrima Sirenita, fue encargada y donada a la ciudad por Carl Jacobsen en agradecimiento al pueblo danés.

Fábrica histórica de Carlsberg en Valby / @xmoret

Aquí no pasarás sed. Las opciones para salir de bares son infinitas. Además, es corriente encontrar a jóvenes reunidos en un parque bebiendo cervezas o simplemente caminando por la calle con un bote de Carlsberg (o su segunda marca, Tuborg) en la mano.

Para muy fans de la marca, la histórica fábrica de Carlsberg en Valby permanece abierta como centro de información sobre la empresa, aunque la producción ya se trasladó a otro lugar. Actualmente existe un plan para regenerar esta zona con un nuevo Centro de Experiencias, un proyecto llamado The Brewhouse.

Los daneses son los mediterráneos del norte. Como amantes de la naturaleza y de la buena vida, les encanta estar en la calle disfrutando de las terrazas y los parques. Así, no es extraño verles tomando una cerveza o bebiendo una copa de vino envueltos en una manta en la mesa de algún café o tirados en alguno de los espectaculares parques repartidos por la ciudad para aprovechar cada rayito de sol. Y claro, uno no puede más que dejarse contagiar por este gusto por la buena vida. Si no es la nación más feliz del mundo, poco le falta.

Terrazas en el mercado de Torvehallerne / @xmoret

Copenhague es la capital culinaria del norte de Europa. Aquí está el Noma, reconocido como el mejor restaurante del mundo al que acompañan otros trece restaurantes distinguidos con alguna estrella Michelín, una auténtica constelación gourmet para el disfrute de los más sibaritas. Pero la potencia gastronómica de la capital danesa se sustenta también sobre una sólida oferta de restaurantes que cubren un amplio abanico de estilos, desde cocina internacional a orgánica pasando por las especialidades de la cocina local. A finales de agosto la ciudad acoge su semana gastronómica.

Puestos del mercado de Torvehallerne / @xmoret

Hay propuestas para todos los bolsillos. Una buena forma (la mejor forma) de disfrutar de la cocina típica danesa por un precio asequible es el smørrebrød, un sándwich abierto que se sirve desde el siglo XIX y que consiste en una rebanada de pan de centeno sobre la que se realizan múltiples combinaciones: con arenques, salmón, salchichas o huevos mezclados con ingredientes frescos de temporada. Tan popular que hasta tiene una aplicación específica. En este vídeo puedes ver cómo se hace.

Tras unos años en los que parecía haber pasado un poco de moda, el smørrebrød ha vuelto a las mesas de los daneses con un empuje renovado gracias a la apuesta de chefs como Adam Aamanns que han dado un giro innovador a este plato tan tradicional. De hecho, el local de Aamann es uno de los que sí o sí deberías visitar en Copenhague porque aquí se sirven probablemente los mejores smørrebrød de toda la ciudad.

Smørrebrød de Arenque en Ammanns / @xmoret

En realidad son dos locales: el restaurante Aamanns Establissement y el Deli and Take away, donde solo se sirven smørrebrød. En este último existe la opción de pedirlos para llevar o tomarlos allí con un pequeño sobrecoste. Altísima calidad por un precio que oscila entre las 55 y las 65 coronas (entre siete y nueve euros), aunque por su tamaño lo habitual es pedir un par de ellos (carta). Es un local muy agradable frecuentado por copenhaguenses.

¿Te suenan marcas como Bang & Olufsen, Bodum, Lego o Pandora? Pues todas ellas son referentes del diseño y tienen en común que surgieron de la cabeza de un danés. Cualquier viajero mínimamente interesado por el diseño industrial debería reservar unas horas para visitar el Designmuseum Danmark, un recorrido por las creaciones de artistas locales reconocidos internacionalmente como Poul Henningsen, Kaare Klint o Arne Jacobsen. Al margen de la exposición permanente, a lo largo del año alberga muestras temporales que puedes consultar en su catálogo.

Atardecer en las calles de Vesterbro / @xmoret

Dinamarca y su capital son referentes mundiales del diseño y eso se percibe en la vida cotidiana de una ciudad que combina con maestría el carácter auténtico de los barrios antiguos con las nuevas estructuras de acero y cristal como la de la Ópera o la Biblioteca Nacional, también conocida como el ‘Diamante Negro’.

Y es que Copenhague es el paraíso de los modernos. En el outfit básico no faltan sneakers y gafas de pasta. Vamos, que adoran las zapatillas. Para todo (he visto combinaciones que no creeríais)

Meatpacking District, en Vesterbro / @xmoret

El Copenhague más hipster campa a sus anchas en los barrios de Nørrebro y Vesterbro, lugar de encuentro de artistas y bohemios. Dentro de este segundo barrio, Kødbyen probablemente sea la zona más cool de Copenhague. El también llamado Meat Packing District es hoy en día un barrio plagado de galerías, restaurantes alternativos y tiendas en el que la actividad diaria de las empaquetadoras de carne y los cash & carry deja paso tras caer el sol a la vida nocturna más animada de la ciudad.

El que puede que te lleves al ver la Sirenita. No faltará quien te diga que no, que el tiempo invertido en visitarla no merece la pena, que es diminuta y bla bla bla. Pero tú, como es normal, seguro que irás a verla. Yo iba tan predispuesto a la decepción que al final me pareció que tampoco está tan mal.

La Sirenita / @xmoret

Copenhague es una ciudad cara. Un café expresso ronda las 30 coronas (4 euros), una Coca Cola en uno de los 7 Eleven que puebla cada esquina cuesta 24 coronas (más de 3 euros), una cerveza parte de 40 coronas y, depende de donde te la tomes, puede costarte 60 (entre 5 y 8 euros), mientras que la entrada al Tivoli, el famoso parque de atracciones de Copenaghe asciende a 99 coronas (más de 13 euros) y no incluye ninguna atracción porque se pagan aparte. Por eso, si el viajero cuenta con un presupuesto ajustado, conviene tomar algunas precauciones para no ocasionar un roto importante a la cuenta corriente.

Por ejemplo, antes dije que la bicicleta es un medio ideal para moverse, pero muchas distancias también se puede cubrir a pie o en transporte público. El billete sencillo es caro (desde 24 coronas, 3,2 euros), pero existen combinados de 24 o 72 (Citypass) que son muy interesantes a poco que se pretenda recurrir al transporte público y que, además, cubren el desplazamiento desde el aeropuerto.

La bici es el medio más usado, también para salir de marcha / @xmoret

Los precios van desde las 80 coronas (10,7 euros) del abono de un día a las 200 (unos 27 euros) del ticket para tres jornadas de acceso ilimitado a autobuses, trenes, metro y ‘bus de la bahía: unos barcos regulares que recorren la bahía que resultan interesantes para ver la ciudad desde otro punto de vista y sale más barato que hacerlo con los tours guiados por la bahía.

A la hora de comer, los smørrebrød de los que he hablado antes son una alternativa cómoda, típica y asequible. Un ticket en un restaurante medio viene a estar por las 300 coronas (algo más de 40 euros), pero existen alternativas para comer por menos en lugares de comida asiática o árabe (en el barrio de Norrebrø hay muchos de ellos) por unas 100 coronas (13,3 euros). Aunque todo tiene un límite.

Dulces en un puesto del mercado de Torvehallerne / @xmoret

Aparte de tener unos pasteles y unos panes con una pinta estupenda, la cadena de panaderías Lagkagehuset tiene varios locales repartidos por la ciudad en los que sirve cafés, sándwiches y ensaladas. Si el día es soleado, no hacer un picnic en uno de sus espectaculares parques debería ser pecado.

En cambio, si el presupuesto es holgado, Copenhague es una ciudad perfecta para ir de compras. La arteria estratégica es la calle Strøget, más de un kilómetro plagado de tiendas y agradables cafés en los que tomarse algo mientras se observa el trasiego de gente. En ella, la calle peatonal más larga de Europa, se reparten boutiques de primeras marcas como Cartier, Burberri, MaxMara, Louis Viutton, Gucci, los grandes almacenes Illum y otras tiendas más asequibles como HyM. El nivel aumenta en el tramo más cercano a la plaza Kongens Nytorv, junto al Hotel d’Angleterre.

Tienda en la calle Strøget / @xmoret

La ciudad libre de Christiania es un universo paralelo dentro de la ciudad de Copenhague. El interés de este lugar consiste en observar la singularidad de la vida de quienes la habitan, descendientes de los okupas que tomaron esta zona hace más de tres décadas para declararse ciudad independiente, libre de impuestos y con leyes propias. Con el tiempo y la llegada de más gente de espíritu libre, este área alternativa se consolidó como experimento social permanente dentro de la ciudad.

Christiania / @xmoret

Casi todos los turistas que viajan a Copenhague visitan la ciudad libre de Christiania, donde el olor a cannabis flota de forma permanente en el ambiente y en la que se pueden encontrar talleres de artesanía, exposiciones y locales para comer o tomar algo con precios que fácilmente pueden ser la mitad de los que encuentras fuera. No obstante, conviene tomar algunas precauciones y respetar las reglas que rigen aquí, especialmente la prohibición de hacer fotos en la Pusher Street ‘calle verde’ donde se concentra el comercio de drogas blandas. Es un lugar curioso, pero no es para todo el mundo.

Sobran las palabras…

Nyhavn / @xmoret

La mejor combinación para viajar a Copenhague desde Valencia la ofrecen Lufthansa y Swiss, con escalas cortas en Frankfurt y Zurich, respectivamente, y precios que parten de los 179 euros, ida y vuelta con tasas incluidas.


Originally published at blogs.lasprovincias.es on May 23, 2014.