Consejos para viajar por libre en Irán

Seis horas de bus dan para mucho. A mi me dieron para volcar en caliente en una nota de evernote algunas reflexiones-consejos que me hubiera gustado que me dieran antes de viajar a Irán, un país todavía enigmático para muchos pero que si la incipiente reapertura no se tuerce se va a convertir sin duda en uno de los fenómenos turísticos de los próximos años.

Mientras eso llega, organizar un viaje por libre a la antigua Persia no es tarea sencilla. La dificultad de tener que navegar entre webs escritas en farsi no traducidas ni siquiera al inglés, las barreras para contratar servicios -hoteles, transportes, etcétera- desde el extranjero o inconvenientes añadidos como no poder usar tarjetas de crédito o débito en el país, ya sea para pagar o para retirar efectivo, obliga a un esfuerzo adicional de planificación.

Para facilitarlo, aquí te dejo unas pautas que seguro resultarán útiles antes y durante el viaje.

Sobre la hospitalidad iraní

Los iraníes son, en general, extremadamente amables y educados. Es habitual que al cruzarse con un turista por la calle suelten un efusivo «Wellcome to Iran». Muchos intentarán entablar conversación. Por supuesto, esto es mucho más habitual si se viaja de forma individual en lugar de en grupo y si se hace un pequeño esfuerzo de integración/imitación (hacer lo que ellos hacen, comer lo que ellos comen o sentarse a descansar en los mismos lugares,…).

La mayoría de veces ese intercambio se queda en «de donde eres-a que te dedicas-qué opinas de Irán». Pero otras la conversación va más allá. Lo mejor que te puede pasar en Irán es que alguien te invite a comer en su casa. Penetrar en ese espacio de intimidad donde los caen los velos y los iraníes se desenvuelven sin las ataduras que impone la República Islámica y sus absurdas limitaciones a cualquier manifestación de alegría en público, por citar alguna.

Se aprecia sin embargo una diferencia entre quien se muestra amable de forma desinteresada (poco más que conversar para practicar idiomas y conocer algún aspecto de tu país) o quien se acerca con una segunda intención, que casi siempre es llevarte a su tienda o venderte algo. Aparte de que no soy demasiado aficionado a las compras, y menos si me las imponen, lo que más me molesta es el tiempo que me hacen perder y que intenten aparentar que les interesa la conversación cuando el fin último es el dinero. Lamentablemente, con la apertura del país a la llegada en tromba de turistas que seguro se va a producir, existe el riesgo de que los segundos se impongan a los primeros y se acabe pervirtiendo la amabilidad con el extranjero que caracteriza a los iraníes.

Es cierto, no obstante, que no sucede lo que sí resulta habitual en los países árabes (los iraníes no lo son y les molesta bastante que se les meta en el mismo saco) ya que si se declina un ofrecimiento lo aceptan a la primera y no persisten.

Sobre los trámites para el visado

En el momento en el que visitamos el país (abril de 2016, apenas tres meses después de levantarse las sanciones por el programa nuclear iraní) la información disponible sobre la burocracia de entrada era escasa, contradictoria y poco fiable, incluso la que facilitaba el consulado en Madrid.

En teoría ya es posible tramitar visados a la llegada a través de Teherán para 15 días. Teóricamente también en otros aeropuertos internacionales. Pero según la información que nos facilitó el consulado de Irán, al que llamamos directamente por teléfono), aún es necesario contar con un código de preaprobación que sólo se puede obtener en el caso de tener a algún conocido en el país que escriba una carta de invitación o ‘comprándolo’ a alguna agencia de viajes.

A nosotros, la gestión de este código, que tardó una semana y nos llegó pegado en el cuerpo de un correo electrónico (sin archivo adjunto ni nada que poder mostrar en el control de fronteras) nos costó 80 euros tramitando con una agencia de Valencia que se llama Zafiro Tours. El precio incluye también la gestión del visado en Madrid (trámites y gastos de envío), pero no la tasa consular, que son otros 50 euros. Con eso te vas con el visado puesto.

El trámite es engorroso por la cantidad de documentación que se exige y largo. Conviene prever al menos un mes para evitar disgustos.

Ahora bien, en el viaje hemos coincidido con un portugués que lleva varias semanas de viaje por distintos países que tramitó la visa a la llegada a Teherán con Fly Dubai válida para 30 días con el único pago de la tasa. Conclusión: nada que no se solucione con tiempo y dinero, pero molesta la disparidad de criterio y la desinformación incluso por parte de fuentes oficiales.

Sobre el precio de las entradas y los horarios

Hay precios distintos para extranjeros. En abril de 2016, el precio para cada una de las principales atracciones de Isfahan era de 200.000 riales (50.000 para nacionales). Son unos 5 euros al cambio. Por lo que vimos, los precios de han disparado en pocos meses y seguramente seguirán al alza. En algunos casos el precio está justificado, pero en otras visitas que apenas duran 10 minutos parece muy excesivo. Es el caso del Palacio de Ali Qapu, donde sólo se accede a la terraza, que ni siquiera está acondicionada porque está en obras.

No tiene sentido que la entrada a las ruinas de Persépolis, una maravilla declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco que bien da para pasar una mañana entera, cueste lo mismo que la de otros lugares infinitamente menos interesantes.

Sobre los hoteles

Aquí se negocia todo, también el precio de los hoteles. Para valorar la categoría, hay que restar una estrella respecto a los de España. En la fecha en la que nosotros viajamos, nada más pasar la temporada alta de Año Nuevo iraní, era posible encontrar hoteles decentes por 30 euros la doble. Con eso se puede aspirar a una habitación con cuarto de baño tipo occidental en lugar de los poco agradables retretes a la turca (los del agujero en el suelo, que se sufren en la mayoría de lugares públicos.

Si volviera a Isfahan, sin duda escogería un hotel en el barrio armenio (Jolfa) la zona con más vida en la tarde noche y con más variedad de sitios para cenar entre los que poder elegir. La zona de la Plaza del Imán se queda bastante muerta después de las 20 o 21 horas y las opciones para cenar, apenas tres o cuatro por la plaza, son pocas y caras.

En ciudades como Yazd merece muchísimo la pena invertir en un alojamiento en la zona antigua de la ciudad. Los hay muy buenos, económicos y con unas grandes vistas sobre la ciudad vieja. Últimamente están reformando muchísimos caravasares antiguos para reconvertirlos en agradables hoteles con habitaciones frescas y agradables patios centrales en los que no falta la fuente y el jardín.

Sobre la comida

No es el drama que hemos leido, pero tampoco ninguna maravilla. Lo más complicado es encontrar sitios en los que probar platos locales que merecen la pena probar como el Fesenyan (estofado de carne de pollo con jugo de granada), el Baryani (tipico de Isfahan y que consiste en carne de cordero triturada aderezada con zumo de naranja servida en pan árabe y que se come con las manos) o el Kashke Bademjan (un entrante a base de berenjena, yogur agrio -kash-, menta y nueces).

Sobre el tema de la comida ya he escrito algo más detallado.

Y por supuesto los kebab, que se sirven con arroz mezclado con azafran y tomate asado. En la plaza, al lado de la mezquina del Imán, hay un restaurante (Bastani Traditional) aceptable por el nivel de precio y la variedad de la carta. En el barrio armenio, el que más nos gustó fue una agradable cafetería a espaldas de la catedral que también sirve comidas y que sólo tiene la carta en farsi, una garantía de que no te la van a clavar por ser extranjero. En estos sitios se puede comer por 200.000 riales por persona (unos 5 euros) más que bien.

Por el contrario, no hay ningún problema para encontrar comida basura. Hay cantidad de locales minúsculos de este tipo con cantidad de fritanga para todos los gustos. Para una emergencia, puede que preparen algo más parecido a un bocadillo con carne de pollo o cordero, pero poco más. Tampoco faltan heladerías/zumerías. Los iraníes toman helados a todas horas y se nota en la cantidad de puestos en los que los sirven. El helado no tiene nada de especial, pero se puede probar el Faalodeh, un dulce tipico iraní que se suele combinar con el helado y que a la vista parecen noodles cortos blancos. Están hechos a base de maíz mezclados con agua de rosas y jugo de limón.

Montártelo por tu cuenta y hacer picnic como hacen los isfahanies tampoco es fácil porque no hay supermercados. Como mucho pequeñas tiendas o kioscos de conveniencia con poca variedad, sobre todo en el centro. Tampoco abundan las fruteras y, si necesitas el café para sobrevivir, mejor salir de casa con unos sobrecitos de café soluble.

Dinero y cambio de moneda

En Irán, los extranjeros no pueden sacar dinero de los cajeros ni pagar con tarjeta. Esto obliga a hacer una estimación del dinero que se puede gastar para llevarlo todo encima e ir cambiándolo. Aunque hay bastantes bancos, el mejor cambio se obtiene en los Sarrafi, casas de cambio en las que no se pide el pasaporte para cambiar en los que se obtienen un tipo de cambio cerca de un 20% por encima del oficial. Conviene informarse del tipo de cambio en cada momento.

A lo que hay que estar especialmente atento es a cómo están expresados los precios, ya que Irán es un país con ‘dos’ monedas. Me explico. La oficial es el Rial, pero el valor es tan bajo que por comodidad los persas han acuñado una nueva moneda para facilitar los pagos cotidianos: el Tomán. Los tomanes no son más que la agrupación de riales. Como los duros y las pesetas, salvo que en el caso de los riales y tomanes la relación es 10:1 (10 riales un Tomán)

A partir de ahí lo que hay que tener en cuenta es que la inmensa mayoría de precios nos los van a dar directamente en Tomanes. Y si hay duda, lo mejor es preguntar para evitar sorpresas desagradables. Como referencia, un desplazamiento en taxi de uno veinte minutos puede costar entre 150.000 y 200.000 Riales, pero nos pedirán 15.000 o 20.000 Tomanes.


Estos son solo algunos consejos/reflexiones rápidos tras varios días de viaje por libre por la zona central y sur de Irán, pero seguro que más información de utilidad que se queda en el tintero. Además de con un muy grato recuerdo del país y de sus habitantes, hemos vuelto con unos cuantos contactos y direcciones de sitios recomendables en Irán. Para esta u otras dudas, puedes escribirme a xavimoret@gmail.com y, si puedo, estaré encantado de ayudar.