Marrakech / FOTO Xavi Moret

Pistas para disfrutar de Marrakech con los 5 sentidos

Deambular sin rumbo por los callejones de la medina, darse un baño árabe, oler el azahar y el almizcle que emana de las herboristerías, esquivar las motos que serpentean entre los turistas a toda velocidad, escuchar las llamadas a la oración que surgen de los minaretes… Marrakech es la ciudad estimulante por excelencia.

Por cercanía y buenas conexiones aéreas, la ciudad roja -una de las cuatro capitales imperiales de Marruecos- es una escapada casi obligatoria desde España. Pocos destinos ofrecen mayor nivel de exotismo a menor precio, ya que por algo más de 100 euros ida y vuelta, en apenas dos horas te plantas a los pies de la cordillera del Atlas.

Aquí tienes algunas pistas para disfrutar de Marrakech con los cinco sentidos:

Alójate en un riad

La inmersión en Marrakech comienza por la elección misma del alojamiento, que aquí se convierte en mucho más que un simple lugar en el que descansar. La mejor opción son los riad, típicas casas árabes restauradas distribuidas en torno a un patio central con una fuente o piscina y abundante vegetación. Un refugio luminoso y apacible. Traspasar su puerta significa dejar atrás la caótica medina, ciudad antigua amurallada, para sumergirse en un mundo de tranquilidad.

Hotel Du Tresor / FOTO Hotel Du Tresor

PISTA: La oferta de riads es amplísima. Yo me decanté por el Maison du Tresor y quedé bastante satisfecho. Muy cerca de la Jemaal el Fna, límpio, agradable y bien atendido. Doble con desayuno por 55 euros la noche. Desayunar zumo de naranja recién exprimido y pan marroquí con miel desde su terraza con vistas sobre los tejados de la medina es una fantástica manera de comenzar el día.

Termina el día en la plaza de Jemaal el Fna

Toda la vida que fluye por los callejones de la medina lo hace impulsada por el latido de Jemaa el Fna, verdadero corazón de esta ciudad roja, vital y desordenada. Todo empieza y termina en esta plaza que se transforma cada día por los siglos de los siglos. Hasta que cae el sol, el protagonismo se lo reparten las echadoras de cartas, vendedores de cachivaches y encantadores de serpientes que te sacarán unos dirhams a cambio de una foto. Por la noche, la plaza se atiborra de turistas que cenan en restaurantes efímeros, tatuadoras de henna, músicos, contadores de historias y carritos que sirven zumo de naranja o dulces marroquíes. Puro espectáculo declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

PISTA: Cena en alguno de los restaurantes que rodean la plaza. La mayoría tienen miradores que ofrecen una vista privilegiada. Uno de ellos es el Chez Chegrouni, aunque en este caso prefiero la terraza que da a pie de calle. A destacar el cous cous. Buena RCP, la cena para dos sale por unos 150 dirham (algo más de 13 euros). Si te convencen, puedes comerte unos pinchos morunos en alguno de los ‘chiringuitos’ que montan en el centro de la plaza.

Ralájate en un Hammam

El valor de Marrakech es el conjunto. Al margen de atracciones más o menos obligadas, todo viajero debería reservar tiempo para relajarse en unos típicos baños árabes.

Bains de Marrakech / FOTO Bains de Marrakech

PISTA: Uno de los más populares en la ciudad es Les Bains de Marrakech, una apuesta segura aunque con un precio algo por encima de la media, pero no disparatado. Ojo, hay que reservar con bastante antelación. Te aconsejo que no te conformes con el hammam ‘a secas’, contrata algún tratamiento adicional. También tienen buena reputación Los Baños de la Alhambra, con un precio algo (no demasiado) por debajo.

Regatea en el zoco

Las compras son uno de los principales reclamos de la ciudad y regatear forma parte del juego. Todos (absolutamente todos) los que se te ofrezcan para ayudarte por la calle van a esperar algo a cambio. O bien te guiarán a la mezquita o palacio de turno a cambio de una ‘propina’ (cuyo importe deciden ellos) o lo más probable: te arrastrarán hasta su tienda para que les compres algo (“entra, sólo ver, más barato que en Mercadona”). Lo mejor es que te mentalices e intentes no agobiarte demasiado porque prácticamente toda la medina es un zoco en sí misma con tiendas de jabones, especias, bolsos, babuchas y otros productos de piel o artilugios de metal.

Zoco / FOTO @xmoret

PISTA: La mayor concentración de puestos se encuentra en el zoco que nace al norte de la plaza Jemaa el Fna. Un buen recorrido podría arrancar en Jardin Sidi Hmed El Kamel para tomar en dirección al norte por Riad Zitoun El Jdid hasta la Madraza de Ben Youssef. Pasarás por infinidad de tiendas de artesanía y un mercado bereber. Nunca (NUNCA) aceptes el primer precio que te pidan. El regateo es requisito indispensable y así está previsto en el precio inicial. Lo normal es que acabes cerrando un acuerdo por la mitad. Valora el máximo que estás dispuesto a pagar y comienza ofreciendo dos tercios de esa cantidad, pero no inicies el juego si no te interesa el artículo. Sonríe, no te cabrees ni cabrees a tu ‘oponente’ y, si es posible, evita tener en las manos el objeto por el que pujas mientras negocias el precio. Por ejemplo, quieres unas babuchas: te piden 100 dirham, ofreces 30 y al final te las llevas por 50 dirham (algo más de cuatro euros) ¿Sencillo, no?

Refréscate en los Jardines de Majorelle

Estos jardines dedicados al modisto francés Yves Saint Laurent, quien pasó largas temporadas en Marrakech alojado en el bonito edificio que hoy es un museo en el centro de estos jardines, un auténtico oasis. Cuando salgas de la medina para visitarlos -están en la zona nueva de Marrakech- agradecerás dejar atrás por unas horas el ritmo frenético al que todo sucede dentro de las murallas de la ciudad antigua. A estos jardines viene uno a relajarse, así que tómatelo con calma y no esperes una extensión inabarcable. Es un jardín coqueto y esmerado, con una curiosa combinación de bambú, palmeras y una imponente variedad de cactus y plantas crasas. La entrada cuesta 50 dirham.

Jardín de Majorelle / FOTO Xavi Moret

PISTA: Haz coincidir tu visita con la luz del atardecer. Ten en cuenta la hora de cierre y calcula una hora para recorrerlos con tranquilidad. Un taxi desde la medina no debería costarte más de 30 dirham (casi 3 euros), aunque de partida te pidan 50. El trayecto dura unos diez minutos. Ya que sales de la medina, es buena idea darte una vuelta por la parte nueva de Marrakech.

Visita la Madraza de Ben Youssef y ver trabajar a los curtidores

Es buena idea dividir la medina en dos mitades: al norte y al sur de la plaza Jemaa el Fna. El minarete de la Mezquita de Koutoubia, de 77 metros de altura e inspirado en la Giralda, te ayudará a orientarte. Deberías dedicar una mañana a explorar los talleres de los curtidores de pieles y, sobre todo, la imperdible Madraza de Ben Youssef.

Madraza de Ben Youssef / FOTO Xavi Moret

PISTA: La Madraza de Ben Youssef cierra pronto y puede que encuentres colas en la entrada, por lo que es mejor que vayas temprano. Los ‘talleres’ de los curtidores son algo complicados de encontrar por uno mismo. Será muy difícil que puedas escaparte de los improvisados guías que se empeñaran en acompañarte. Si no quieres sorpresas desagradables, intenta pactar su propina con antelación.

Callejea por la kasba o el mellah (barrio judío) y visita el Palacio de la Bahía y las Tumbas Saadies

Dos son las visitas imprescindibles en los barrios al sur de Jemaa el Fna. Una es el Palacio de la Bahía (entrada, 10 dirham) que, salvando las distancias, recuerda a la Alhambra de Granada. Se trata de la visita arquitectónicamente más interesante de la ciudad junto a la Madraza de Ben Youssef y las Tumbas Saadies. El Palacio de la Bahía, levantado a finales del siglo XIX, es una magnífica síntesis de arte islámico y marroquí, con jardines simétricos y salones profusamente adornados. Muy cerca de él están las Tumbas Saadies, probablemente el monumento más visitado de Marrakech. El sultán Ahmed El Mansour mandó construir este mausoleo familiar a mediados del siglo XVI, aunque permanecieron ocultas hasta 1917. La Sala de las Doce Columnas es el más espectacular de los tres pabellones por su decoración interior.

Mezquita de El Mansour / FOTO Xavi Moret

PISTA: Vale la pena que vayas temprano a ver las tumbas (desde las 8.30 de la mañana; entrada, 10 dirham) porque durante el día suelen ponerse como el metro en hora punta. Si estás por aquí durante la tarde, vale la pena subir a la terraza del Kasba Café para disfrutar el atardecer con buenas vistas sobre la Mezquita de El Mansour, que se encuentra enfrente.

Pruébalo todo: Cous cous, dátiles, dulces marroquíes…

El momento de sentarse a la mesa también es toda una experiencia en Marrakech, ya que la gastronomía local es muy variada. Rica en verduras, legumbres y carnes de pollo y cordero, las omnipresentes especias aportan infinidad de matices a cada plato. También es frecuente el contraste entre el dulce y el salado, como en el cous cous de pollo, garbanzos y uvas pasas. El cous cous en sus diferentes variedades es el plato más típico junto a los tajín (en la foto), nombre del recipiente de cerámica con el que se cocinan gran variedad de guisos con carne, o la sopa harira (legumbres, tomate y carne), que se come acompañada de dátiles. También abundan las carnes a la parrilla. Cualquiera de ellos se sirven en casi todas partes, tanto en puestos callejeros como en restaurantes de comida local.

Tajín en puesto callejero / FOTO @Xavi Moret

PISTA: ¿Quieres cenar en un palacio bereber? Una buena opción es el restaurante Dar Mimoun, comida local de calidad, con un precio razonable y un entorno magnífico. Imprescindible probar su ensalada marroquí de siete platos. Para los golosos, los dulces marroquíes de miel y frutos secos son una tentación a la que es imposible resistirse. Son un buen detalle para traer a familiares, pero evita comprarlos por la calle. Mejor en una pastelería. Rondan los 140 dirham (unos 12,5 euros) por kilo.

Te enlazo un mapa con algunos lugares recomendados