SALSA AL PARQUE, UNA CONJUGACIÓN PLURIÉTNICA

¡Molambo, Molambo! …. “Ha — blá — me — lo” digo, mientras me quedo pensando quién es el intérprete de esa canción que se oye duro por la quinta, al tiempo que paso por la estación del Mío (la Manzana del Saber), estiro el cuello y como un suricato miro a mi alrededor, rápidamente de derecha a izquierda ubicándome, queriendo saber de dónde viene el Son, paso frente a la Biblioteca Departamental y se oye más cerca de mí lado izquierdo, empiezo a subir el puente de la quinta con 15 y así, como en las películas, cuando el caminante llega a la cima de la montaña y se encuentra con un valle de colores vivos, un riachuelo donde calmar la sed y un atardecer que le da la paz que tanto buscaba; yo me encuentro con un valle de personas que bailan como la marea, una tarima con luces cerca de Jovita Feijó, que baila con los niños, saluda a quienes hacen fila para sacarla a bailar con un estilo propio de “pobrecito Molambo y de la esclava Anaí”dice la canción.

Si, allí en el Parque de los Estudiantes o Santa Librada se realiza el encuentro de salsómanos, “Salsa al Parque” el primer sábado de cada mes. Esto no me genera paz sino ganas de “azúcar!”; me dejo llevar por el entusiasmo con que bailan, son las 6:30 pm, respiro profundo y le pido al taxista que haga el retorno para que me deje en la esquina del Pan de Yuca. “Está como bueno” me dice el taxista, le sonrío cómplice y paso la calle uniéndome al bailoteo. Debajo del puente se hace más intenso el sonido, es increíble cómo la música te invade de sentimientos, la sentís en el pecho, te baja al estómago, vuelve y sube y se va para la cabeza y si es con salsa que alimentas tu oído, terminas bailando, y así fue, como si nada, yo me encontraba bailando sola y era agradable porque a nadie le importaba, no parecía loca, sólo una más entre todos.

Con intento de seguirle el paso al ambiente, encuentro compañero para bailar, un señor de avanzada edad que me grita “agárrenla duro!” y claro, entre sus volteretas, su estilo de la vieja guardia y una sonrisa de muñeco de carnaval, hombre!, me puso a sudar; no sé quién es y tampoco me interesa, tiene un tumba ‘o!! que me deja lista para lo que sería la fiesta en torno al género musical insignia de Cali. Después de risas y una invitación a otra bailadita, me marcho como entré, bailando.

El calor me seca la garganta y le compro una botella con agua a Don Pedro, una caja de chiclets. De repente y, de manera casi surrealista una sombra negra de 1.80 cm de alto, más 20 cm de cresta pasa bailando, muy tieso para mi gusto, a reunirse con su parche donde hay otros zapateando, “jummm perdidos y encontrados” le digo a Don Pedro. De ahí desvían mi atención unos pelaos que pasan en patineta, le dan la vuelta a Jovita y se ponchan con unos muralistas que retrataron a íconos de la salsa. Sólo reconocí a Héctor Lavoe pero no por mala calidad artística, no, es mi ignorancia frente a figuras representativas de éste género musical. Se trata de una actividad hecha por el colectivo L´etincelle “mural en vivo”, es un homenaje a Ismael Rivera, Piper Pimienta Díaz y por supuesto, Héctor Lavoe.

Me encanta la salsa para bailarla sin saber muchas veces quienes son sus intérpretes, pero acá eso poco importa, después de percatarme del punkero y los pelaos de la patineta empiezo a fijarme en qué tipo de personas hay en un encuentro de coleccionistas y melómanos, pues hay de todos los estilos, de todas las edades. Hay ventas de chuzo, chorizo, papitas y gaseosa, familias, parejas de ancianos bailando, jóvenes que intercambian pareja con ellos, niñas, niños que juegan con perros, amigos, indígenas y extranjeros, se reconocen a leguas éstos últimos, de hecho, me llamó la atención una mujer que según comentaban, era alemana. Ésta mujer alta, de tez tan blanca y delicada, su vestido blanco también, de espalda destapada y largo hasta sus tobillos, una trenza riñón tejida con su cabello dorado, casi ceniza y ella, tan feliz bailando, se llevaba consigo la admiración de todos los que pasaban por su lado, era hermosa.

“Todo esto hace parte de la idiosincrasia caleña” me decía una muchacha que al parecer era fotógrafa, “así es la salsa, nos juntamos todos”. Don Pedro que no se quedó atrás con el comentario me dice “Esto va a estar muy bueno señorita” irrumpiendo muy amablemente en ese bello cuadro, lo miro, pongo cara de “ponqué” y sin reprocharle una sola palabra, continúo con mi camino buscando caras conocidas, además, de un lugar dónde sentarme un minuto a disfrutar del espectáculo, pero, ¿para qué sentarme? No podría ver nada, la mayoría baila frente a la tarima, bailan en las gradas y los que no, tocan con maracas, campanas o con claves; todos éramos músicos, cantantes a una sola voz “Nabori, lamento de tu corazón!” todos sin distinción de raza o condición social.

Mientras paseo entre la gente, escalones más arriba encuentro unas caras amigables que me hacen señas para que suba, después de saludos y abrazos por el reencuentro paso de largo y le doy la vuelta al parque de los estudiantes. Hacía mucho tiempo que no lo caminaba, lo han recuperado con pinturas, sin basuras, iluminación, guardias de seguridad; ya no es el sitio tenebroso por el cual pasar a las siete de la noche era tedioso y paranoico, sin compañía querías sólo salir corriendo como si algo te persiguiera…. Es que viví cerca de ahí y ese era mi suplicio todos las noches después de la U. Me regreso hacia la tarima para ver mejor a un señor con traje azul y boina, “Don Teo” le decían y él muy elegante baila que baila bailó bilongo con “la crespita” una princesa de 4 años de edad más o menos, ambos se robaban el show.

La dinámica del evento es bien interesante, programan una temática y cada coleccionista comparte tres canciones que sugieren el tema, para ésta ocasión era “Salsa y Etnicidad, un canto a las razas — La presencia de las comunidades afrodescendientes e indígenas en la música salsa” muchas de las canciones narraban historias tristes de abuso y maltrato a las minorías étnicas, su lucha por conseguir la libertad y el sacrificio por mantenerla. Estando allí parada me encuentro con Alex Zuluaga, Director de la Fundación Cultural Nuestra Cosa Latina, ellos son los gestores del evento mes a mes; es un hombre sencillo y carismático, el típico caleño. Gracias a un amigo, consigo una entrevista con él para los días posteriores al evento, sube nuevamente a la tarima pues harán una invitación para ver la película “Amores peligrosos”, tomo el último sorbo de agua y miro mi reloj, son cerca de las 8 pm, ya es hora de irme a casa. Me despido de las nuevas amistades y salgo por detrás de la tarima. Es una pena irme tan pronto porque me perdí la orquesta “Macaro”, según me dijeron, fue la locura, nada reemplaza una buena orquesta en vivo.

El día que me reuní con Alex, cayó un aguacero en todo Cali, el trancón era espantoso pero la tarde estaba fresca y daba muestra de una noche fría. Sin muchos preámbulos me dio información sobre el evento y el plan que llevan a cabo desde el inicio de éste año. Me cuenta que es un proyecto donde “toman la salsa como pretexto para recrear la memoria salsera en la ciudad y propiciar un encuentro para el disfrute ciudadano en el espacio público”. Quieren con ello sintetizar 20 años de audiciones que tuvieron sus inicios en el “corazón del barrio popular del distrito de agua blanca, de ahí al parque el Poblado y así se extendió por la ciudad “dice. La Fundación Cultural Nuestra Cosa Latina, se diferencia de otras audiciones porque rompe con la lógica según la cual, es únicamente para conocedores o “sabiondos” de la salsa, no, si bien convocan a coleccionistas, melómanos, programadores de radio, dj’s y productores musicales entre otros, hay un diálogo abierto con el público, es un intercambio de saberes. Lo segundo, es que convocan a todos los movimientos de salsa en Cali, emisoras, coleccionistas, músicos, a los iniciadores de los agua e lulos que ahora tienen escuelas de baile, para que traigan gente de la nueva generación, jóvenes y niños con quienes trabajan para que bailen al son de la música que escuchan según la propuesta de quien esté en tarima programando; esto tuvo gran éxito en la audición pasada pero por falta de recursos económicos, no se ha podido pensar en llevarla a cabo nuevamente por ahora, son conscientes de que es un trabajo que se debe de pagar por su esfuerzo.

El otro elemento diferenciador es la Orquesta en vivo “esta ciudad tiene tradición en eso y por aquí han pasado los mejores intérpretes de la salsa, los mejores vocalistas, las mejores orquestas, los mejores grupos salseros del mundo entero, entonces dijimos, brindémosle la oportunidad a una nueva generación de músicos y orquestas, éstas que han surgido en la última década y en el último lustro que pretenden recuperar el sonido de la salsa de los 70”explica.

Este espacio se ha convertido en un punto de encuentro para personas que quieren disfrutar de una oferta cultural en el espacio público, que sea gratuito y permanente, abierto a la ciudadanía. La Secretaría de Cultura y Turismo de Cali, también lidera el proyecto Plazas y Parques, una iniciativa para la recuperación del espacio público y llevan allí diferentes expresiones culturales como el teatro, la danza y el canto, entre otras. Apostarle a procesos con este objetivo donde la ciudad se muestra receptiva, el ruido no moleste a nadie y que haya además inclusión social, es un referente del impulso que se le está dando al arte, siendo Cali la segunda ciudad cultural de Colombia. Extendemos la invitación para que apoyemos estas iniciativas que si bien, haya dinero o no, como público sigamos respaldando y valorando el esfuerzo.

Por: Carolina Ospina.

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