​God of War

El regreso del mata dioses

Kratos es para muchos un icono de sus inicios en consolas, un personaje con el cual el matar a dioses y mil lacayos para acabar rozandote con amigas era lo más divertido y adulto que podían jugar. Ahora y tras siete juegos y seis plataformas llega el octavo a PS4 donde la madureza hace acto de presencia y convierte a Kratos en padre formal.

Tras la última aventura de este semidiós espartano parecía poco probable su retorno, aunque lo hubiésemos visto morir en otras ocasiones siempre resucitaba para dar estopa, y como no podía ser menos no nos ha fallado y tras cuatro años de desarrollo vuelve por todo lo grande, con unos gráficos que espantan, de esos de pararte y pensar como cojones lo han podido hacer, con una historia que salta a la mitología nórdica (pues la suya la dejado tiritando), con un guión maduro como se puede ver en el propio Kratos el cual es padre, distante pero padre al cargo de un niño más flojo que la mierda de un gorrión lo cual lo convierte en su talón de Aquiles.

El doblaje es de cine y hay que destacar que al comenzar los créditos del juego aparecen los nombres de los dobladores como ocurre en todas las películas de animación, un diez al que tubo esa idea. La voz de Kratos es perfecta, como acojona, va que ni pintado con el personaje, es de los que te piden la hora y te cuadras. A nivel jugable estamos ante un juego de acción y aventura con combate hack and slash donde se ha eliminado el salto, es un juego más llano, por lo demás un reparte hostias como panes.

Cosas malas son el tamaño de las letras, desde un sofá no se le un carajo y se nota que trabajaban con la pantalla a dos palmos.

Por lo demás tenemos un juegazo digo de Kratos.