La decoración de tu casa es de pésimo gusto, ¿acaso estás ciego?

Sergio Leone es, a gusto propio, el orquestador máximo de momentos cinematográficos donde el silencio impera y, a pesar de ello, la audiencia comprende absolutamente todo lo acontecido en pantalla. Él conocía bien el poder de las imágenes, y sabía bien utilizar las palabras únicamente cuando era necesario.

“Las palabras, cual violencia, irrumpen el silencio”, escribió Martin Gore en aquel hipersobado sencillo de Depeche Mode que invitaba a disfrutar la ausencia de sonido. En No Respires (Don’t Breathe), la nueva cinta de Fede Álvarez, director del remake de Evil Dead, el silencio permite que la violencia irrumpa mejor. Es un personaje extra y la herramienta con la que su director manipula a la audiencia con una trama predecible pero endemoniadamente efectiva.

La llamarán thriller, pero me apetece más colocarla en el subgénero survival horror, uno de mis favoritos a la hora de elegir películas de terror.

Álvarez dista mucho de llegar a la grandeza de Leone, pero no es lo que pretende. Sin embargo, igual que el director italiano, posee una bolsa muy limitada de palabras, y prefiere utilizar los momentos mudos para generar una relación entre el espectador y sus imágenes. Es en esos golpes viscerales que radican los momentos más fulminantes de No Respires, una cinta que debe ser vista en el cine, donde todos los asistentes cerrarán la boca por igual, como si el simple sonido de una bolsa de palomitas fuera a arruinarle el día a los tres ladronzuelos que han decidido invadir el hogar de un anciano ciego para arrebatarle algunos miles de dólares; porque esa es la “historia”. Es todo lo que hay.

La premisa es muy simple, pero llevada con suficiente ingenio para incendiar hasta la última butaca. ¿Para qué complicarse la vida? La segunda película de Fede Álvarez no se queda quieta jamás y siempre tiene un as bajo la manga para mantener el mismo nivel de tensión y nunca pecar de aburrida.

Stephen Lang (el malo de avatar) es un veterano ciego enclaustrado en una casucha perdida en la nada. Daniel Zovatto, Jane Levy y Dylan Minette son la tercia de maleantes dedicados a robar casas mientras sus habitantes no están. Este golpe, asaltar el hogar de un hombre sin posibilidad de defenderse, les parece sencillo. Si viste el avance, sabes que no es así, pues el hombre, aunque invidente, sale mucho más difícil de someter de lo que los invasores habían calculado.

Sigue una hora y media en la que los rateros huyen despavoridos mientras el viejo los caza sin misericordia. Pensé un poco en Hard Candy, donde Ellen Page hace el papel de una adolescente calculadora que somete y tortura a un pedófilo interpretado por Patrick Wilson. El actor, atractivo y con un aura simpática, hace que el público se ponga de su lado, sin pensar que al final se trata de un pedófilo y él se ha buscado ese destino gracias a su propia crueldad. Aquí los invasores no son héroes. No podemos sentir lástima por ellos porque ni siquiera juegan limpio. Entonces se torna una batalla de depredador contra depredador. Existe un instante en que la cinta nos hace cuestionar esa postura, pero cada quien puede elegir su bando y el mío siempre fue #TeamBlindMan.

Don’t Breathe no va más allá del entretenimiento visceral. Hay algunas cosas que te recordarán Silence of the Lambs o [REC], pero en realidad se sostiene sola gracias a la brillante dirección de Álvarez, quien siempre tiene lista una cuchara desbordante para atragantarte con un nuevo bocado.

Ha sido una temporada veraniega mediocre en cuanto al cine comercial, pero Don’t Breathe cumple y supera las expectativas sin espectacularidades innecesarias. Una película muy básica pero bien llevada. Si vas a gastar tu dinero en el cine, esta es una de las mejores opciones.