Encuentro ELLA 2018

Te contamos algunas de las razones por las cuales ELLA llega este año a Argentina:

Aborto

En Argentina, la marea verde que acumuló cuerpos y voluntades masivamente bloqueando las calles en torno al Congreso donde se discutía el aborto legal, es consecuencia directa de ese doble movimiento de masividad y radicalización de la apuesta feminista. A esa marea verde estuvo atento el mundo y en el continente latinoamericano se multiplicaron las manifestaciones y las iniciativas para que el contagio redunde en conseguir el derecho al aborto legal en toda la región.

Nuestros cuerpos son otros después habernos encontrado masivamente en la calle, nuestros cuerpos fueron resignificados como territorios revolucionarios y así nos plantamos sobre los territorios que habitamos, territorios que defendemos contra la expropiación colonial y la explotación neoliberal capitalista, como semillas de insurrección que expanden sus raíces bajo tierra y la hace temblar, conectando experiencias de desobediencia diversas, disruptivas, movidas por el deseo de cambiarlo todo.

Autonomía

Cuando hablamos de autonomía de nuestros cuerpos hacemos evidente la precariedad de la vida: el trabajo no reconocido como trabajo, el trabajo que se reinventa en las economías populares y migrantes, la disminución del salario como valor de cambio de un endeudamiento compulsivo con los organismos multilaterales, esos que se filtran en nuestras vidas a través del endeudamiento privado, necesario para sostener el cotidiano, pagar las tarifas, llegar a la escuela, poner la comida en la mesa.

Deseo

Cuando hablamos de deseo, narramos a la vez la potencia del goce y el deseo de emancipación de la violencia sexual y machista, de la obediencia que implica hacer cuentas todo el día sólo para sobrevivir; hablamos del deseo de diseñar nuestro cotidiano en el terreno comunitario que traza la lucha compartida, la certeza de que no hay presente ni futuro en los arrebatos individuales sino en la puesta en común de vulnerabilidades y potencias.

Libertad

Cuando hablamos de libertad para decidir estamos narrando también la fuga de una organización social familiarista que pretende aislarnos en lo doméstico, ahí donde la violencia se enmascara y actúa en sordina, que perpetua el gobierno y la jerarquía de los padres, que nos explota en nombre del amor o la dedicación a los otros y las otras como fuente de valoración de lo femenino. Estamos hablando, cuando nombramos el derecho a decidir, también de la emancipación de las religiones, de su sistema de obediencia, sacrificio y castigo que encuentra en el cuerpo de las mujeres, en todos los cuerpos feminizados su campo de batalla y sujeción.

El crimen de Marielle Franco, en Brasil, negra, lesbiana, favelada, militante política, fue amplificado en todo el mundo porque hay una lectura en clave feminista de su ejecución por parte de fuerzas policiales. Y allí en Brasil, como en Chile, Costa Rica o Paraguay se suceden también las movilizaciones por el derecho al aborto, conculcado en la mayor parte de la región. Denegar el aborto legal en Argentina fue una apuesta fuerte de la iglesia católica colonialista para acallar el temblor del continente. Y aún cuando la avanzada de los fundamentalismos católicos y evangelistas se crea empoderada por la decisión del Senado, las organizaciones populares territoriales se ven fortalecidas con el proceso de puesta en común de los múltiples sentidos sociales que atraviesa la demanda por el aborto legal.

Desde hace tres décadas se llevan a cabo los Encuentros Nacionales de Mujeres convocados en distintos puntos del país en donde decenas de miles de mujeres, lesbianas, travestis y trans, de manera horizontal, debaten sobre sus experiencias de organización y resistencia, potenciándolas y modificando las subjetividades de quienes asisten, que a su vez contagian esa potencia a sus organizaciones y colectivos militantes.

Este eco feminista se amplificó desde la primera movilización de Ni Una Menos, el 3 de Junio de 2015 y fue replicado en acciones alrededor del mundo. Por nombrar algunas que den cuenta de esta corriente: el 25 de julio de 2015, las mujeres negras y las trabajadoras sexuales marcharon en Brasil, el 7 de noviembre de 2015, en España las mujeres se movilizaron masivamente con la misma consigna, manifestación que empezó a gestarse después de la experiencia argentina. El 24 de abril de 2016, México desbordó de mujeres denunciando los femicidios con la consigna “Vivas nos queremos”, el 13 de agosto de 2016, Perú tuvo la marcha más grande de la que se tenga memoria en ese país, la consigna fue Ni Una Menos; en junio de 2016 se repitió la marcha Ni Una Menos en nuestro país después de un proceso asambleario de un mes en el que participaron todas las fuerzas políticas del arco opositor y las organizaciones feministas, el 3 de octubre de 2016 las polacas hicieron un paro contra la intención de restringir aun más el acceso al aborto por parte de su gobierno que inspiró la medida del Paro Nacional de Mujeres del 19 de octubre de 2016 en Argentina. Desde entonces empezó a tramarse internacionalmente el Paro Internacional de mujeres para el 8 de marzo de 2017 pero antes, en Estados Unidos, las mujeres reaccionaron frente a la misoginia del recientemente elegido presidente Donald Trump el 21 de enero de 2017.

Por eso, si hablamos de marea, es porque estas acciones recuperan la fuerza de una para multiplicarla en la otra, como las mareas que se mecen al compás de los giros de los cuerpos celestes sin tocarse; las mujeres del mundo nos agitamos siguiendo el fervor y el ritmo de la lucha de las otras, más allá de los contactos cuerpo a cuerpo. La consigna Ni Una Menos se escribió en muchos idiomas, se marchó en las montañas de Colombia y en las de Kurdistán con esa consigna y en otros tantos lugares, urbanos o campesinos.

Con el Paro Internacional de Mujeres tuvimos la capacidad de volver a interseccionalizar las razones de la opresión: por lesbianas travestis o trans, por cuerpos gestantes sin derecho a decidir en libertad sobre esa capacidad, por la clase, el lugar de origen, la racialización, la edad, la diversidad corporal. “Un feminismo para el 99 por ciento” lo llamaron en un documento en que arengaban el paro en 2017 feministas combativas históricas como Angela Davis.

ELLA imprimirá su huella en este territorio que desconoce fronteras para crear horizontes, palpables, vivibles, que existen. Dando cuenta de los feminismos que no se encallan en un solo lugar ni son de una sola manera, desbordan y mutan en nuestra formas de vivir, de parar, de hacer huelga, de hacer política, de aliarnos, de disentir y de acordar.

Temas a trabajar en #ELLA2018

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Derechos sexuales y Derechos Reproductivos
Comunicación
Cultura
Salud
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Juventud
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Diversidad Sexual
Trabajo sexual
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