La importancia de las emociones en el buen político

Conocer y comprender la percepción final del elector respecto al discurso político es tan importante como el contenido de las propuestas. Poner el acento en la recepción y no en la emisión del mensaje político implica nuevas lógicas y desafíos.

Palabras y hechos que emocionen

El interés por las emociones como elemento central de la comunicación se abre paso con fuerza en el escenario político. No basta con ser el “mejor” y tener propuestas más “sociales” para conseguir el apoyo de los electores. La población, años después que la investigación, está descubriendo la importancia de lo emocional.

La inteligencia emocional (IE) hace referencia a la capacidad de comprender, interpretar y manejar las emociones a nivel personal e interpersonal. Quienes tienen un alto grado de IE conocen bien sus sentimientos y son conscientes de cómo sus reacciones pueden afectar a otras personas. Para ejercer el liderazgo de una organización es esencial poseerla, especialmente válido en el ámbito de político.

La comunicación no verbal es valorada cada vez más

El terreno de acción del líder político va más allá de su propia organización, ya que además de saber comunicarse con sus afiliados, también necesita saber dirigirse hacia el resto de opinión pública. Por tanto, sólo el político que administre adecuadamente los elementos de la IE podrá construir una imagen sólida.

Es cada vez más evidente la importancia de la comunicación no verbal como responsable directa de la percepción pública. Ya no se juzga a los políticos únicamente por sus palabras y sus promesas sino que su aspecto, actitud y gestualidad también son analizados con lupa. Un gesto fuera de lugar o un comportamiento equívoco pueden acabar con la confianza de los ciudadanos. Es por ello que los políticos inteligentes valoran la gestión de las emociones y ven en ella un vehículo decisivo para generar sentimientos que les permitan transmitir su mensaje en las mejores condiciones.

Para qué sirven las emociones

Las emociones modulan nuestra manera de ver e interpretar el mundo. Influyen en la atención, la memoria y el razonamiento lógico entre muchos otros aspectos. Aprender a gestionarlas es mucho más útil que negarlas.

Para liderar el cambio es imprescindible hacerse cargo del estado de ánimo de los otros.

La capacidad para transmitir pasión por los cambios, entusiasmo por las ideas e ilusión por los retos es la llave que permite conectar con los ciudadanos. Éstos quieren soluciones, pero también buscan recuperar la confianza perdida en la clase política.

Cuando la gente siente miedo y desconfianza, los dirigentes deben saber orientarlos y darles una esperanza realista, en lugar de correr tupidos velos. Los políticos incompetentes diseñan sus políticas utilizando las emociones para manipular a los ciudadanos, generando sentimientos negativos como miedo o culpa, los cuales abocan a la ciudadanía hacia el abismo del escepticismo y la desesperanza.

Un nuevo escenario ¿oportunidad o crisis?

Está más que demostrada la importancia de los aspectos emocionales en la comunicación, entonces, ¿por qué no darle más importancia en la política? En torno al 75% de toda la comunicación entre humanos es no verbal, de ahí nace la importancia de construir las relaciones políticas como una experiencia emocional. Las experiencias activan motivadores internos que generan la actitud y predisposición necesarias para conseguir acciones concretas: la participación, el voto, la aceptación y, en definitiva, el cambio.

El estudio empírico del papel de las emociones en el comportamiento electoral se centra en dos emociones antagónicas: el miedo y el entusiasmo. Sobre este eje continuidad/cambio se desarrollan todas las campañas electorales. La investigación ha demostrado que el entusiasmo por un candidato siempre se vincula a un marco de cambio. Dependerá de la habilidad de los candidatos activar una u otra emoción.

Sobre el eje continuidad/cambio se desarrollan todas las campañas electorales

Sin embargo, algunos líderes políticos desconfían de estas estrategias y desprecian su utilidad como acción política transformadora. Despreciando lo que ignoran demuestran una incapacidad significativa para comprender “el ánimo” de la sociedad a la que aspiran representar. Hay quienes todavía ven las emociones como un sinónimo de debilidad.

La renovación de los partidos políticos pasa por recorrer un largo camino lleno de obstáculos: propuestas, objetivos, formas, etc. No obstante, sería un error imperdonable volver a obviar la “política de las emociones”. No hay más tiempo que perder, la senda de las emociones es una ruta que se debe comenzar a andar desde hoy mismo.


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