De mudanza al punto Nemo

Cuestión de carácter dicen, quizá sea la educación que hemos recibido o el entorno que nos rodea, puede que las experiencias vividas o simplemente la edad, pero el caso es que la mayoría acabamos volviéndonos arrogantes con el tiempo.

Crédito imagen: Edwin Andrade https://stocksnap.io/photo/O3WNR5BS7A

¿Cuánto tiempo hace que no preguntamos? Ahora tenemos opinión de todo. Creemos que la razón es nuestra (solo faltaba) y llevamos mal que nos cuestionen. Somos “expertos” en ve tú a saber qué y eso nos da alas para “sentar cátedra” cada vez que hablamos, quién mejor que nosotros para juzgar las ideas de los demás.

Nos gusta hacer cosas que ya sabemos, tenemos experiencia y el resultado de nuestras acciones ya es de sobra conocido (llámalo si quieres zona de confort). Odiamos salirnos del guión, la incertidumbre “escuece” y sentimos que el esfuerzo no merece la pena. Poco a poco, nuestra curiosidad, si es que aún teníamos de eso, se ha ido y ha terminado perdida en algún rincón de nuestro trastero.

Hemos alcanzado la cima de la montaña y ya no quedan cumbres por conquistar. Justo ahí, en lo más alto, es cuando estamos más cerca que nunca del principio del fin, pensando más en el pasado (recuerdos) que en lo que está por venir (proyectos).

Maldita arrogancia. ¿Cómo hemos podido cambiar tanto y no darnos cuenta?. Antes cualquier idea parecía buena, o al menos, merecía el beneficio de la duda. Ahora todas son evaluadas en función de nuestra capacidad para realizarse, si creemos que no podemos, seguro que los demás tampoco.

Ya he perdido la cuenta, pero la arrogancia es contagiosa ¡y mucho!. Escuchamos una idea y lo primero que nos viene a la cabeza es un NO por respuesta.

NO lo hagas
NO funcionara
NO puedes
NO, NO, NO…

O peor aún, esperamos agazapados a que lo intenten y fracasen para decir nuestros famosos “ya te lo dije” , “si me hubieras hecho caso”. Maldita arrogancia.

Cuando eramos niños no existía el NO, ni siquiera se nos pasaba por la cabeza. Cualquier idea resultaba posible. Incluso las más locas. SI, SI, SI. Todas las ideas eran buenas o como poco, merecían ser probadas y ver que pasaba. No había miedo a equivocarse y ser cuestionado, a no lograr los resultados esperados, a defraudar o sentirse defraudado.

Dicen que la ignorancia es valiente. Yo diría que también humilde. Nos devuelve la curiosidad y nos motiva para llegar allí donde no estuvimos antes. A probar y experimentar, porque hasta que no pruebas no sabes (por muchos libros, vídeos o páginas web que puedas consultar). Porque hasta que no sabes no aprendes. Y hasta que no aprendes, no vives.

Los últimos años he vivido cada trabajo, cada proyecto como si fuera el primero, con la misma ilusión y compromiso. Ahora siento mi curva de aprendizaje cada vez más plana y mi motivación empieza a resentirse. Maldita arrogancia.

Es momento de vacunarse, de recuperar la L y levantar la mano porque no hay preguntas tontas, solo tontos que no preguntan. De volver al punto Nemo. ¡Bendita ignorancia!

Crédito imagen: https://www.google.com/maps?ll=-48.876667,-123.393333&spn=0.1,0.1&t=m&q=-48.876667,-123.393333

¡Feliz semana!

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