Hace no más de un año leí un corto libro de fábulas que se convertiría irónicamente en uno de mis favoritos de este tipo: El canto del Pájaro de Anthony de Mello (sacerdote jesuita con tendencias panteístas fallecido en 1987). Saco la ironía a colación porque soy ateo.

Entre todas las fábulas, hubo una muy especial que me llamó la atención por la simpleza con la que explica una explícita y absurda costumbre heredada desde hace cientos de generaciones: antropoformizar a su(s) deidad(es).

EL AGUIJÓN
Hubo un santo que tenía el don de hablar el lenguaje de las hormigas. Se acercó a una que parecía más enterada y le preguntó: «¿Cómo es el Todopoderoso? ¿Se parece de algún modo a las hormigas?».
La docta hormiga le respondió: «¿El Todopoderoso? En absoluto. Las hormigas, como puedes ver, tenemos un solo aguijón. Pero el Todopoderoso tiene dos».
Lee la fábula dos veces. La segunda vez, asume que tú eres la hormiga y el santo es simplemente otro ser vivo más evolucionado.

Después de su muerte, la Congregación para la Doctrina de la Fe (dirigida por el entonces cardenal Ratzinger) investigó los escritos de Mello y calificó algunos de ellos como «incompatibles» con la fe católica.