45 segundos.

I

Salía tarde de la oficina por culpa de una junta para felicitaciones y pensaba en el trabajo atrasado por el tiempo gastado en aquello. Se detuvo por un semáforo en rojo y al voltear a su teléfono (más por reflejo que por buscar algo) la noticia relevante era el cuatro por ciento restante de carga. Transportó su imaginación a la puerta de su refrigerador de 14 pies cúbicos, dispensador de hielo en cubos y agua filtrada; y escribió mentalmente una nota en su puerta: «comprar cargador de auto».

Encendió la radio por falta de celular y recordó que sintonizar la radio es una actividad que disfruta porque es determinante: “salto rápido estación por estación y lo apago si le doy vuelta”, rezó la regla en su cabeza. No había explorado todas las estaciones cuando al lado detuvo otro auto compañero de luz roja. Venía una chica y al verla pensó «atractiva, en carro casi tan caro como el mío» y se transportó a las anécdotas de cama que un amigo en la oficina cuenta. Bajó los vidrios eléctricos y pensó en alguna canción que de su celular «casi sin carga» para lucir el equipo de sonido. Era un buen auto así que era un buen sonido; y confiaba que ella lo notaría.

Puso la canción desde su celular sin pila y continúo con la idea sobre las escenas de cama mientras subió gradualmente el volumen. Cuando decidió continuar con el plan, giró la vista hacia ella y ella había decidido continuar a pesar que la luz roja no llevaba ni veinte segundos. Repasó las anécdotas de cama de aquel tipo y ninguna comenzaba con una persecución en auto que pudiera considerarse sospechosa. También pensó en la portada del periódico de esa mañana “surge en Juárez vengadora asesina de violadores y secuestradores”.

Bajó un poco el volumen porque aquella canción no le gustaba tanto y subió las ventanas porque hacía frío. Aun quedaban otros veinte segundos de luz roja y la impaciencia lo llevó hacer medio puchero y buscar el lugar del verde entre la configuración de los semáforos. Esa incomodidad lo llevó por reflejo a pensar su departamento en el que todos los colores combinaban y nada hacía falta. La luz cambió a verde y al avanzar se transportó nuevamente a la puerta de su refrigerador y escribió, mentalmente, la próxima nota: «comprar un gato».

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.