Botella de mar

Las editoriales te ruegan: No nos envíe su material porque no será leído. Pero usted mire, señora editorial, que puedo ser yo el nuevo García Márquez. Tampoco serás escuchado. Ni distinguido, aún de manera esmirriada, de la argamasa informe que es la humanidad.

Pues si hay una primera razón para que yo escriba, es porque tengo el deseo irrefrenable de contar-me y contar-les que la masa asfixia. Huir de la alienación, escapar en breve nube de la realidad. Me urge. Es pan fresco para el alma.

La completud de esta gimnasia se da cuando alguien te lee. Bendita alma caritativa! Has recogido la botella del mar infinito. La botella soy yo, querido/a lector/a. Y el mecanismo es sencillo: yo floto en el agua inmensa y tu me tomas en tus manos y me acaricias.

Y si te aburro, si ni siquiera engaño por unos pocos segundos, tu sed, no te preocupes.

Me devuelves al mar. Que para eso soy botella de mar.