Fantasmas

(Casi) La noche boca arriba

Los momentos anteriores a dormirse son especialmente sensibles a las alucinaciones. La oscuridad omnipresente coloca delante de mí mandalas de luz blanca, metamórficas imágenes que acompañan mi tránsito a través del limbo.
Los sonidos confunden y me hacen creer que el mundo que me rodea es otro y el mismo: el presente es el pasado y lo que escucho son los pasos de quien ya abandonó la vida conocida.

Ningún ser tiene una buena relación con la muerte (ajena o propia), mas que nada por el fin eterno de todo lo que conocemos y experimentamos, que el cese de las funciones vitales trae aparejado con ella. Quizás sea esta la razón por la cual los fantasmas existen en mi realidad. El motivo de mis alucinaciones noctámbulas y mi costumbre de conjurar recuerdos tristes.

El limbo en el que me encuentro es inquietante, tanto por los pensamientos que provoca como por la inmovilidad que lo acompaña.

Por suerte los segundo pasan y los párpados pesan.

Hay una cierta serenidad que sobreviene junto con la caída del telón y la cruelfeliztristedivertidamelancolicainfinitamenteadjetivada función del drama diario termina.

Los fantasmas se quedan conmigo.

En los sueños están vivos.

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