
Sentimientos encontrados
Desde el pasado 21 de mayo mi padre se encuentra hospitalizado debido a un infarto del miocardio. Su situación ha ido empeorando cada día hasta el punto que actualmente se encuentra intubado en terapia intensiva. Con 83 años su pronóstico no es muy bueno y cada día los médicos nos entregan evidencia de ello.
Por supuesto la principal emoción es tristeza. Hace dos semanas mi padre preparaba una parrillada para toda la familia y compartía con nosotros unos hermosos momentos. En retrospectiva, pudimos haber compartido más con él ese día, pudimos hacer más bromas, abrazarlo o simplemente mirarlo y contarle lo mucho que lo queremos. Y esa es la principal fuente de nuestra tristeza.
Le acompaña a esa tristeza un poco de bronca. Bronca ante unos profesionales que no hicieron bien su trabajo, que no fueron capaces de allanar nuestras dudas y expresarnos la gravedad del asunto. Profesionales que, a pesar de habernos cobrado sus honorarios, no establecieron la ruta de tratamiento de un infarto que es protocolo en todo el mundo y que dejaron que el daño a su corazón fuera casi irreversible.
Y la bronca da paso a una cierta gratitud hacia otros profesionales, aquellos que trabajan en la Caja Nacional de Salud, que desde la llegada de mi padre al Hospital Obrero, fueron claros, directos y, desmintiendo los prejuicios, fueron muy humanos para comunicarse con nosotros. Son ellos los que ahora están lidiando con el resultado de la incompetencia de los primeros y son ellos los que enfrentarán a la familia al momento de dar las malas noticias.
Malas noticias que quisiéramos que no lleguen. La esperanza, dicen, es lo último que se pierde, y ahora lo veo muy claro. No importa la información que nos dan los médicos, nosotros seguimos viendo pequeñas señales positivas en cada uno de sus indicadores. La presión se ha estabilizado, el edema de pulmón ha recedido, sus ojos se mueven, a pesar de estar sumido en un sueño inducido. Esperamos que mi padre despierte y nos acompañe un poco más y tal vez en los próximos días eso suceda ((y hoy nos dicen que, en algunos momentos, el corazón late sin necesidad de ayuda del marcapaso).
Pero sin importar si sucede o no, un nuevo sentimiento ha empezado a tomar “la batuta”. La gratitud por haberlo tenido con nosotros 83 años.Gratitud porque a pesar de sus circunstancias personales, ha sido un padre excepcional, capaz de inspirarnos el valor del trabajo y la responsabilidad. Gratitud porque su larga vida ha llegado a ser incluso un ejemplo para mis hijos, con su tesón y sus constantes idas y venidas a pesar de su edad.
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