¡Que viva el México profundo!

Raúl Guerrero Bustamante

Guillermo Bonfil Batalla (1935-1991) fue un antropólogo ilustrísimo, destacado, iluminado en muchos sentidos, por su dedicación y apasionamiento por la cultura y más que nada por la seguridad en sí mismo de una posible transformación social para México. Este hombre indispensable en 1987 presentó su magna obra, el legado más importante para los que nos dedicamos a la cultura: “El México Profundo, una civilización negada”, es difícil compendiar este libro, pero trataré: el autor señala que la integración histórica de Europa con América, ese proceso que conocemos como Conquista, aunque crea el mestizaje, con grandes valores culturales, dio por erradicada la cultura originaria de Mesoamérica, así aparecen dos “Méxicos”: el primero es el “México Profundo”, el que cuida su estirpe, que atesora las raíces de una civilización milenaria, ese México de las lenguas indígenas, de los saberes astronómicos, de la medicina tradicional, de las danzas, de las artesanías, de los cultos a los dioses, de la gastronomía y la relación con la naturaleza viva. Este México es rico, variado, diverso, aún pervive y no pocos mexicanos buscan que no muera; Bonfil Batalla imprimía la idea de que la antropología no debería aislar a las poblaciones indígenas, más bien debería de conocer debidamente sus estructuras y en lugar de pretender civilizar alejando a los pueblos indígenas de su propia cultura, era menester creer que desde su propia cultura había tintes válidos y riqueza para un desarrollo futuro, y no sin sorpresa se entendía que también había mucho de ello en el estudio de las culturas forjadas en el medio urbano, a esto le llama Bonfil “la civilización negada”. Mientras tanto, el némesis del “México Profundo” es el “México Imaginario”, no porque no exista, sino que no existía y su proyecto es imaginario, el que fue creado a base de expectativas traídas de los mecanismos de control cultural, ideas de lejanas tierras, con disímbolas culturas, que más bien muchos mexicanos toman porque creen que es el empuje más civilizatorio que podemos encausar –parecernos a los gringos, a los franceses o a los ingleses-, mientras tanto el México Profundo es el de la obsolescencia y el que hay que esconder -cabe recordar que en este país se creía que los indígenas dejarían de ser pobres cuando dejaran de ser indígenas-. Bonfil no vivió la crisis social que hoy vivimos, no vivió el levantamiento armado zapatista y mucho menos su propuesta de autonomía. Sin embargo, la muy merecida relectura de Guillermo Bonfil Batalla nos enseña que tuvo mucha razón el antropólogo, aunque lamentó que los medios de información no eran accesibles al multicultural México Profundo, hoy se comprende que la riqueza del conocimiento y el valor de la cultura están más que vigentes gracias a esta inmediata comunicación y construcción de conocimiento colectivo que son las redes; hoy más que nunca numerosos mexicanos están conscientes y en muchos casos orgullosos de su origen, sea urbano, rural, indígena o de alguna región, muchos valoran los rasgos de riqueza que nuestro pasado nos aporta y pueden identificar el engaño del México Imaginario y la crisis de sus sistemas. Hay más estima por la cultura indígena y los valores y la dignidad van recobrándose. Esta nueva sociedad va a dar el paso para romper esa civilización negada con un factor indispensable y único de los mexicanos que es la pluriculturalidad y el diálogo intersubjetivo. Bonfil no se equivocó, esta idea no fracasó y vale la pena creer que a pesar de todos los males que aquejan a México, hay un tesoro que nos sacará adelante.

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