Las profecías incomprobables sobre el fin de los medios

Desde hace 20 años se predice el fin de los diarios, de la radio, la TV y la consagración del modelo digital. Reflexión de un jinete de los dos mundos

Yo también creí que los diarios se morían en cinco años, y eso fue en 1997. Yo también pensé que la “era digital” de la información arrasaría con los medios tradicionales; que la radio del futuro era un producto que mezclaba el podcast con agregadores de sonido sin importar las fuentes.

Hace 8 o 9 años pensaba que Google iba a ser un gran medio de comunicación que se quedaría con toda la publicidad y la generación de contenidos. Ahí acerté un 50% al menos…

Hace 3 años explicaba que en las redes sociales la gente que pasaba tanto tiempo se limitaría a consumir lo que allí se comparte y cientos de medios se irían a la quiebra.

¿Qué pasó?

Los diarios andan mal pero cuando analizas los números finos te das cuenta que siguen subsidiando el negocio digital, aunque sean cada vez más pequeños y los despidos no cesen. Además producen el mejor periodismo.

Los medios digitales nativos, han sido muchos los que navegaron en la intrascendencia, pocos los que tienen éxito y son rentables, y poquísimos los que lograron que la gente pague por información o al menos done algo de dinero para que funcionen, pero nadie saca la cabeza a flote.

La publicidad digital fue el mejor negocio del mundo para los anunciantes que hoy gastan mucho menos y con más eficiencia, y obviamente para Google.

La radio no sólo sigue viva, sino que en muchos países atraviesa un verdadero auge de audiencia y negocio.

Las redes sociales siguen reinando, pero el manchón de las noticias falsas en EEUU que habrían influido en las elecciones generó una mueca de preocupación en miles y miles de personas. Decenas de artículos se han publicado sobre lo que era evidente, que las redes sociales son tan manipulables como las encuestas y más efectivas para dirigir a la gente hacia donde se desea.

No sabemos del futuro pero los periodistas no se quedan sin trabajo

La cuestión es simple, casi fisiológica. Desde que usamos cerebro y somos humanos tenemos curiosidad, queremos saber, aprender, tener información para tomar decisiones.

Tenemos internalizado un sistema neuronal en el cerebro que está dividido en dos hemisferios, y procesamos tanta, pero tanta información y creamos tanto conocimiento, que el hombre manda sondas a Júpiter, crea sistemas de comunicación, robots, experiencias virtuales que parecen reales, crea medicamentos, mejora alimentos…

Para hacer todas estas maravillas se necesita conocimiento, y para vivir, la gente necesita información. Si la información es falsa y se distribuye de manera masiva, las sociedades tan metidas en Facebook o Twitter pueden ser llevadas a cometer locuras como votar a un candidato inadecuado o también a un suicidio colectivo.

En mi país, un gobierno popular y una presidenta ultra tuitera, decía siempre “Clarín miente”, “Clarín miente”, cuando el periódico argentino publicaba noticias sobre la corrupción o los chanchullos de ese gobierno. En Facebook arreciaban los mensajes en defensa del gobierno, de sus funcionarios “honestos”, insultos a Clarín, a sus periodistas, a sus accionistas.

Hoy saltan las evidencias con ex funcionarios tirando millones de dólares en un convento, con una hija de la ex presidenta con 5 millones de dólares en su caja de seguridad, entre decenas de escándalos de corrupción.

Y no es que quiera defender a Clarín, pero la guerra contra este grupo movida por todo un gobierno durante al menos 10 años, que utilizó redes sociales y medios adictos para desacreditar al diario, no pudo contra la fuerza de la verdad de las informaciones que luego se comprobaron.

No sé qué pasará con los medios, no tengo idea, pero sé que necesitamos seguir informándonos; le voy a creer más a las notas de El País, Clarín, The Washigton Post o Quartz que a mi cuñado que publicó en Facebook una supuesta noticia que le contó un amigo de lo que le pasó a otro.

El riesgo de los medios no es que la gente deje de consumirlos, es más peligroso contratar tarambanas que creen que las noticias ocurren solamente en Twitter y que su única fuente de información sea el muro de Facebook.