Los medios digitales y los ratones en la rueda

Tráfico, publicidad, videos, distribución… los medios online corremos y tal vez no entendemos hacia dónde vamos


Cuando los periodistas escribimos nuestras noticias, reportajes, crónicas o historias, luego de editarlas, subirles foto, video, tags, enlaces, noticias relacionadas, hacemos click en “Publicar”. ¡¡Nuestra nota está en la web!!

A partir de allí se inicia la segunda parte de nuestra tarea que consiste en distribuir nuestra obra. Somos como un músico sin discográfica que sale a vender sus CDs por alguna radio y espera que alguien lo escuche y valore su obra. Es nuestra nueva obligación, porque publicar sin distribuir es hacer el 50% de nuestro trabajo.

Tras usar la cuenta del periódico, Facebook y Twitter para difundir nuestra historia, parece que la tarea titánica ha terminado y el mundo disfruta de una nota periodística que no debería perderse.

Sólo en el primer minuto, mientras aún contemplamos nuestra obra, en la web se habrán subido 100 horas de video en YouTube, más de 250.000 fotos a Facebook, unas 80.000 en Instagram, se habrán creado cerca de 600 nuevos sitios web, publicado millones de notas como la nuestra en periódicos, blogs, Medium, en redes como Facebook o Linkedin, entre muchas otras cosas.

Nuestro gran reportaje compite con las fotos del cumpleaños de un cuñado y el video viral del día. Los miles que en ese momento están viendo House of Cards o cualquier serie en Netflix mientras están sentados a la espera de ser atendidos en un consultorio, son los que hace 10 años leían noticias e información, pero ahora prefieren Facebook, titulares de Twitter, mucho video divertido y relatan cada paso de su vida en las redes sociales.

Nuestra nota es algo más pequeño que una gota en el mar. Triste, ¿verdad? Pero es así.

Este escenario concreto es el que debe llamarnos a la reflexión. En cada conferencia que doy, los periodistas suelen decirme “es que la gente prefiere ver videos de gatitos a leer notas de política”. ¡Es cierto! El mito de una sociedad aparentemente culta interesada en los grandes temas de la política ha quedado desacreditado; la audiencia prefiere el entretenimiento a la información, ¡es lo que hay, muchachos!

Ahora bien, la audiencia del History Channel, Discovery o Animal Planet son ejemplos emblemáticos de que los contenidos buenos, si están bien contados atraen a una audiencia amplia, a los anunciantes y prestigian las marcas.

Tal vez debemos revisar un poco lo que hacemos y comprender que los problemas de nuestros medios tienen dos vertientes: no saber interpretar las necesidades de la audiencia (no conozco periodistas expertos en medir tráfico con Google Analytics, por ejemplo) y la resistencia a aceptar que no somos periodistas de plataformas (papel o web) sino productores de información en constante interacción con nuestros usuarios.

Todos necesitamos información, consumimos más información que nunca antes en la historia porque tenemos smartphones conectados en nuestras manos. Estamos en un proceso de revolución que trastoca las fórmulas tradicionales con la que nos formamos los periodistas. Es imprescindible hacer grandes esfuerzos por encontrar los mecanismos para mantener la relevancia y la percepción de valor de nuestro trabajo en la sociedad del conocimiento.

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