Un día de regla “normal” para una mujer con endometriosis

El dolor me ha acompañado toda la noche y por la mañana me he obligado a levantarme de la cama. Iba por la casa moviéndome a cámara lenta. Ni siquiera he tenido fuerzas para lavarme el pelo y he tenido que elegir una ropa que disimulara la evidente inflamación de mi abdomen.

He ido a trabajar haciendo un gran esfuerzo. En el coche he sentido en un par de momentos un miedo real a desmayarme en medio de la carretera. A mitad de camino me he planteado darme la vuelta y volverme a la cama, pero rápidamente he descartado esa idea. ¿Llamar al trabajo para decir que no voy porque estoy con la regla? O, mejor aún, ¿ir al médico y pedir un justificante para el trabajo porque tengo el mismo dolor de todos los meses?. He llegado tarde, pero he ido.

Soy profesora, mi trabajo consiste en ponerme delante de un grupo de alumnos adultos y motivarles, explicar, resolver sus dudas, estar activa y con energía. Hoy no había nada de eso. He salvado el tipo como otras tantas veces, una se vuelve experta con los años en disimular el dolor, bajar el ritmo y tratar de sobrevivir al día sin que se note demasiado. He tenido que salir de clase y dejar a los alumnos solos porque notaba que me desangraba. Un támpax y una compresa súper y aun así todo calado.

Luego ha llegado el recreo y sólo tenía ganas de quedarme encerrada sola y con la luz apagada, aflojarme un poco el pantalón y acurrucarme en un rincón. Pero en lugar de eso me he ido a desayunar con mis compañeros de siempre porque ¿qué excusa podía dar?, ¿que no me apetecía ir a tomar café porque estaba con la regla? A veces resulta más fácil no tener que dar explicaciones y hacer como si no pasara nada.

Cuando una compañera me ha hecho un comentario sobre la mala cara que tenía he tratado de explicarle que estaba con la regla y que a mí las reglas me duelen mucho porque tengo endometriosis. Al menos ahora que tengo un diagnóstico después de tantos años puedo usar esa palabra para dar un poco más de peso a la palabra “regla”. Primero me ha preguntado que qué era eso de la endometriosis y luego no le ha dado ninguna importancia al tema del dolor, que la regla duela es normal, ¿no? Enseguida ha empezado a hablarme de sus propios desajustes premenopausia.

Luego tenía una hora de guardia, según como esté el día a veces las guardias pueden ser difíciles. He tratado de entablar conversación sobre mi estado con otra compañera para explicarle que no me encontraba bien, rogando porque se hiciera cargo de la situación y me cubriera un poco en caso de que fuera necesario. He encontrado la misma respuesta que en el caso de mi compañera anterior. No las culpo, pero me resulta muy frustrante. Es difícil encontrar esa complicidad y esa empatía incluso entre las propias mujeres. Con los hombres la verdad es que ni lo intento, aunque quizá sea un error por mi parte.

Las personas que me conocen saben que no me quejo sin motivo, pero ¿es que ven normal mi cara pálida y demacrada? Si por momentos siento flaquear mis piernas como si no fueran a aguantarme en pie. Para mí es algo tan evidente que esos días no soy ni la sombra de mí misma que no sé cómo los demás no se dan cuenta a la legua.

En esta ocasión, al hablar con mi segunda compañera, me he ahorrado la explicación de la endometriosis. Total, esa palabra no cambia nada, no tiene ningún significado para las personas que la escuchan, no hace que tu dolor resulte más creíble ni más real. Nadie sabe lo que es, nadie le da importancia. Cuando un diabético explica que tiene una bajada de azúcar todo el mundo lo entiende, pero nuestro dolor, el dolor de las mujeres con endometriosis pasa totalmente desapercibido, nadie valora el esfuerzo que hacemos para levantarnos e ir a trabajar. No queremos ningún premio ni medalla al mérito, sólo un poco de comprensión.

Un rato antes de la hora de salir recibo un mensaje de mi hermana en el grupo que compartimos con mi madre preguntando qué tal el día. Les digo que estoy con la regla y que estoy deseando que toque el timbre para poder irme a casa. Las dos me mandan palabras de ánimo. Las dos saben de primera mano lo que se siente.

Menos mal que al llegar a casa hay una persona que me entiende. No es una mujer, pero me comprende mejor que muchas de ellas. Para él es suficiente con decirle que estoy con la regla, no necesita más explicaciones. Me acaricia con ternura y me masajea suavemente la espalda para aliviar un poco mi dolor. Sugiere un plan perfecto de acurrucarnos en el sofá y ver una película. Sabe cómo me siento y cómo tratarme en ese momento para hacerme un poquito más fácil el día. Hace que me sienta muy afortunada.

Sólo las mujeres que sufren endometriosis y sus más allegados comprenden la magnitud de esta enfermedad. No podemos seguir como estamos. La sociedad no puede seguir ignorando que este problema existe y que hay miles, millones de afectadas que una vez al mes están verdaderamente enfermas, NO CON LA REGLA, ENFERMAS. Este dolor es real y merece, al menos, ser reconocido como tal. Que la regla duela NO es normal.

Si sufres endometriosis o dolor pélvico puede que tengas historias como esta o incluso muchísimo más duras. La buena noticia es que hay opciones para convivir con esta enfermedad, llevar una endometriosis saludable, reducir los síntomas y mejorar la calidad de vida.

Tengo endometriosis severa y adenomiosis, endometriomas en ambos ovarios y obstrucción tubárica, pero este relato que comparto contigo es de hace ya algún tiempo.

En la actualidad mis síntomas se han reducido considerablemente y a día de hoy puedo pasar la regla haciendo deporte, trabajando con normalidad y sin tener que ayudarme de ningún analgésico.

Sea cual sea tu situación actual, siempre hay cosas que está en tu mano hacer para mejorar tu salud y eso es lo que quiero compartir contigo porque, si yo he podido, tú también puedes.

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