Mi experiencia en Enseña por México.
Por: Radován Pérez Restovic. Jefe del Centro de Innovación e Impacto Social. UPAEP.

La primera experiencia que tuve al estar en una comunidad rural, muy temprano en mi vida, me dejó una lección importante sobre comprender la riqueza y sabiduría local, en ese caso en el contexto de un pueblo minero. El entrar a la mina, subir y bajar por escaleras rústicas, y las explicaciones sobre los minerales y sobre la comunidad, marcaron mi vida. Con el paso del tiempo, la decisión de mi carrera universitaria me volvió a acercar a tener experiencias en comunidades, pero ahora con una visión mucho más crítica del mundo. Recuerdo muy bien un verano en la Sierra Negra de Puebla, donde junto con un grupo de compañeros de la universidad estuvimos 3 semanas haciendo trabajo de campo. Una de las situaciones que me hizo reflexionar mucho, fue el ver a las niñas y niños de la escuela primaria todos los días. Regularmente sólo tenían clases de martes a jueves porque los maestros venían de lejos y llegaban el lunes a medio día, y se iban el viernes porque el transporte en la comunidad era escaso y de difícil acceso. La mayoría de las niñas y niños hablaban náhuatl como primera lengua, y desafortunadamente ninguno de los profesores era bilingüe. Era evidente que proceso educativo en que estaban estas niñas y niños era poco favorable para su futuro. Entonces reflexioné sobre la importancia de la educación en entornos marginados, donde la lengua materna no es el castellano, donde no es clara la pertinencia de los contenidos por el contexto sociocultural, y donde el rol del docente aparenta no asumir su papel con el compromiso que el reto amerita. En ese entonces veía la riqueza y potencial de la comunidad y de las niñas y niños, pero no veía alternativas de solución.
Varios años más tarde nuevamente me encontré con situaciones similares trabajando en la Sierra Nororiental de Puebla. Comunidades rurales en situación de marginación, escuelas con niñas y niños bilingües, desvinculación entre contenidos y la realidad sociocultural, y una enorme riqueza y potencial poco valorada y aprovechada. Ahora en una posición diferente, trabajando en una ONG, tenía el reto de hacer algo por esta realidad. En la búsqueda por alternativas fuimos estableciendo alianzas con escuelas de las comunidades, trabajando temas de educación no formal para que los estudiantes no perdieran su vínculo con el campo, la productividad, y la economía local. Sin embargo, el camino no es fácil, cómo mediar entre los planes y programas de la SEP, y la riqueza cultural de las comunidades, en la escuela, en el aula. En este camino tuve la oportunidad de conocer Enseña por México, que recién empezaba su trabajo en México y en Puebla. Ambos coincidimos con el genuino interés de incidir en la educación, de hacer algo por ésta, y por dar la debida importancia a la riqueza cultural, en las comunidades de la Sierra Nororiental.
A partir de este afortunado encuentro, el trabajo de Enseña por México en esta región del Estado ha sido ininterrumpido, comprometido y de gran impacto para muchas escuelas, niñas y niños, y comunidades de la Sierra. Esta organización entendió y abrazó el potencial de la educación y la interculturalidad en esta zona, generando alianzas locales, e impulsando a niñas, niños y jóvenes a tener el futuro que ellos decidan.
Ahora desde otra trinchera en la UPAEP, donde abrimos oportunidades a estudiantes de comunidades rurales e indígenas, para que se formen como profesionistas con compromiso regresar a la sociedad sus talentos y su liderazgo transformador, estoy convencido de que cuando se apuesta por la educación comprendiendo la riqueza y el valor de las comunidades, el contexto socioeconómico y cultural, y se suma la entrega de los docentes, se pueden lograr grandes cosas.
