Con carné de aficionado

Dentro del ámbito taurino las redes sociales en su universo 2.0 se convierten por momentos en una jaula de grillos de donde cada vez más huye el aficionado cabal o actúa como mero observador externo

EntreArtes · 25.01.17

Digo el ámbito taurino pero es un mal común del panorama virtual sobre todo en el “mundo twitter”. No lo pudo definir mejor Umberto Eco: «Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas». Entre la idiotez y la ignorancia, lo cierto es que uno puede leer cada cosa que asusta al más majo.

Hace poco pudimos ver como coincidían en la base de sus argumentos dos posturas en un principio antagonistas. Por un lado los “aficionados con carné” y por otro la izquierda más radical de la mano de Podemos y Equo. El fondo de la cuestión, la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes 2016concedida al diestro Julián López “El Juli”, y el común de los argumentos su oposición a la misma. Intolerable para unos y otros. Tremendo.

Claro que… para tener el carné de aficionado ese es uno de los primeros puntos: denostar al diestro madrileño. Luego ya hay que seguir por convertirse en defensor a su manera de la cabaña brava, para lo cual, ganaderías como Garcigrande y Núñez del Cuvillo deben considerarse a la altura de los borregos de Peralta. En ocasiones parece que hay que decir barbaridades, y siempre en negativo, para parecer mejor aficionado. Es como llevar a la plaza siempre el pañuelo verde y nunca el blanco o juzgar al torero leyes geométricas en mano, toda una declaración de intenciones.

Son dos ejemplos, pero el suma y sigue es interminable. El Juli te podrá gustar más o menos, o nada. Pero negar su capacidad y dimensión como torero, y a su vez, ignorar lo que ese galardón supone hoy en día para la tauromaquia con todos los ataques que sufre es estar a por uvas, o tener otros intereses como es el caso de los partidos políticos anteriormente citados.

Con las ganaderías pasa igual, si un día se lidiaran sin hierro ni divisa… más de un aficionado con carné quedaría en evidencia. La diversidad de encastes es tema clave para el futuro de la fiesta, pero no es la mejor opción atacar unas ganaderías para defender otras. Ni evidentemente te hace mejor aficionado si te gustan más las llamadas “toristas” que las “comerciales”. Acuñar esos términos como dogma de Fe para diferenciar unos de otros no es la mejor de las opciones. En la variedad está el gusto, y como siempre se ha dicho, cuantos más toros y toreros te cojan en la cabeza mejor.

De la faena en Madrid de Julio Aparicio a ‘Cañego’ de Alcurrucén en el 94, a la de Rafaelillo en 2010 a ´Langosto´ de Dolores Aguirre hay un mundo. Afortunadamente ese mundo entra en mi memoria de aficionado. Como también entra la faena de El Juli en 2002 en Vistalegre la tarde en que se despedía de los ruedos el maestro Curro Vázquez. Y así puedo seguir con una lista infinita desde que tengo recuerdos, allá cuando era un niño chico y quería ser como El Yiyo.

Será por eso, que tantos años viendo toros para darte cuenta que apenas sabes algo, o nada, como dijo el filósofo griego Sócrates: «Sólo sé que no sé nada». Será por eso, que me resulta tan raro como sorprendente ver como imparten sus magisterios en las redes sociales jóvenes imberbes y otros modernitos a los que no se termina de coger el aire. Será por eso, que no tengo carné de aficionado ni lo quiero. Gracias a Dios.


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