Soy Randolf
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El faro y la luna

La luna siempre estuvo allí, aunque no la pude ver. Por momentos su luz era tenue; pero siempre alumbraba. No importa qué tan lejos quisiera remar, allí estaba. No importa cuán implacable hubiese sido el sol, allí estaba. Fue mi compañía todas las noches, mi guía en la alborada, mi brújula y mi rosa de los vientos. A veces salía completa, a veces a medias, a veces solo un poco; pero siempre salió. Y siempre la pude ver, hasta una noche larga y oscura. Una noche negra y profunda. Esa noche, en medio de la tormenta brilló un faro, con una intensidad que mis ojos no habían visto. Un faro radiante, hermoso y cercano. La luna ya no fue importante.

Leguas y leguas tras el faro deslumbrante, su luz era hermosa y suficiente. Desprecié la luna, ésta entristeció y ya nunca más me miró.

- ¿Y el faro, tío? ¿Qué pasó con el faro? ¿Lo encontraste?
- Si, en efecto. Lo encontré; pero no fue lo que pensé!
- ¿Por qué, tío? ¿Qué ocurrió?
- No era un faro. Era un náufrago, con un gran espejo y… La luz de la luna.
- ¿Y qué pasó?
- El espejo un día se rompió…

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Minicuentos, cuentos, poesías y reflexiones de Randolf Rincón Fadul

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