Soy Randolf
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Soy Randolf

Lo que me dijeron las estatuas

A.·. L.·. G.·. D.·. G.·. A.·. D.·. U.·.

Los padres fundadores

“La poesía es más profunda y filosófica que la historia.”
Arístóteles (384 AC — 322 AC)

Noche aterciopelada con mirada de estrellas,
Rutilantes estrellas que alumbran la heredad,
Entre pétalos blancos y entre orquídeas muy bellas,
Una historia, una vida que ha muerto en soledad.

Cabizbajo, alejado del carnaval del mundo,
Con mi espíritu muerto, cansado de vagar,
Tras recorrer la vida con anhelo profundo,
Penetré de soslayo y me puse a llorar.

Una voz de ultratumba, un son ya extinguido,
Una palabra hueca, me hicieron recordar,
Que estaba sólo y triste en un mundo dormido,
Sin hermanos sinceros a quien poder buscar.

Recordé aquella tarde, que llegué hasta estos lares,
Recordé las angustias, previo a mi iniciación,
Recordé lo que dejaba más allá de estos mares,
Y cavilé en la vida y su paso fugaz.

Y miré las estatuas de aquel bosque sombrío,
Y me acerqué despacio, para no despertar,
A aquellos que expresaron, con arte y poderío,
Su mística en la piedra, su amor y su humildad.

Una rosa púrpura, me parecía la luna,
Entre cuerpos de espuma, la miraba jugar,
La tierra que dormía, en medio de la bruma,
Retratos en los rayos de esa noche lunar.

Un diálogo en la noche más noble y sincera,
Sólo G.·. A.·. D.·. U.·. es testigo, sólo él y nadie más,
Por eso sin ambages hablé de tiempos idos,
Con aquellas estatuas que me vieron llegar.

¿Quién eres? ¿Dónde estabais? ¡Sois muy inoportuno!
Viajero de otros lares, ¿Por qué causa venís?
Y a ese grito de piedra, con clamor taciturno,
Le respondí anhelante: ¡Necesito vivir!

Vivir en otros lares, donde no haya falsía,
Vivir con los que moran, sin odio, sin rencor,
Vivir petrificado en paz y en armonía,
Sin angustias, sin penas, sin llanto y sin dolor.

Hubo un silencio grave, una sombra extraviada,
De un árbol cabizbajo, por los años torcido,
Me sorprendió y entonces le fijé la mirada,
Su corazón estaba, por el tiempo ya roído.

Quizo tal vez hablarme y contarme su historia,
No sé qué le detuvo, la sombra se escapó,
Escruté aquel silencio, fustigué mi memoria,
Y sólo un parecido encontré entre él y Yo.

Después franco y adusto, como un rostro demacrado,
¿Un ser viviente acaso? No supe comprender,
Me habló de unas edades, de tiempos ya pasados,
De logias y aventuras, secretos y poder.

Supe de los progresos del periodo neolítico,
Me transporté al santuario del ser que los creó,
Y entre sollozos álgidos y signos paleolíticos,
Me miró mientras dijo: ¡no lo veis… ya sois Masón!

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Minicuentos, cuentos, poesías y reflexiones de Randolf Rincón Fadul

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