Coldplay.

Es hora de contarlo todo: Coldplay

17 de abril del 2016

¡Hola!

Ha pasado una semana y cinco días desde que Coldplay vino a Perú. A pesar de que ese suceso haya impactado mi vida de manera inmensa, he pasado doce días sin decir nada al respecto.

“¿Qué tal el concierto de Coldplay? Genial.” “¿Cómo te fue? Muy bien.” “¿Te gustó? Sí, mucho.”

Palabras cortas y efímeras salían de mi boca como respuesta.

Pero ya pasaron doce días, y no quiero que todas las emociones adquiridas en esa noche se vayan al olvido. Quiero recordar esa noche con tanto detalle y especificaciones hasta el día de mi muerte, y fallecer con ese recuerdo.

Así que, ya basta de monosílabos, y hablaré cuantos párrafos desee de este evento que ha renovado mi vida.

Para ello, he divido esta crónica en tres partes. Ojalá no les sea aburrido. Aunque para mí, Coldplay jamás lo es.

Bueno iniciemos entonces.

Que comience la magia…

No profundizaré en el día en que me enteré cuando Coldplay venía a Perú, pero debo decir que fue en un día súper inesperado, y grité, salté y lloré toda la tarde de la felicidad que me embargaba esta magnífica noticia. Eso fue en noviembre del 2015.

Recuerdo el primer día de preventa. Fui a hacer mi cola a las seis de la mañana y logré conseguir mis entradas con descuento. Cuatro entradas, porque iríamos mi padre, madre, hermana y yo.

De diciembre solo nos faltaba esperar hasta abril del 2016. Cinco meses en los que aún no creía que todo fuera real.

Yo siempre pensé que Coldplay sería un sueño lejano, y me parecía bien así. No esperaba su llegada tan temprano.

Y luego de varios meses…

Faltaba una semana para el concierto, y yo seguía sin creérmelo. Ellos no podían ser Coldplay , no podían ser aquella banda londinense que tanto admiraba, y no podía creer que aquel sueño de verlos en vivo se hiciera realidad. Yo nunca creo que mis sueños como metas realizables, los veo como nubes lejanas que observo en el cielo: nubosas, débiles y gaseosas que no puedo tocar, pero sí sonreír.

Suena como una especie de masoquismo y falta de convicción, pero también puede ser reconfortante. Dependiendo del estado de ánimo.

Una semana. Decidí ponerme las pilas. Me hice un polo para el concierto. Lo estampé y me salió bacán. No creo que el estampado dure por mucho tiempo, pero duraría lo suficiente para el concierto. Hice una flecha gigante, pintada con temperas fosforescentes para levantarlo y así Chris Martin me viera.

Parte del polo que estampé. Es el globo aerostático característico del tour de Coldplay. Hermoso.
El globo aerostático.
La flecha-cartel.

Aparte hice dibujos de ellos mientras estaba en clase, con la ayuda de una amiga que me daba ideas geniales para matar el aburrimiento en las clases de matemáticas, y debo decir que nos salieron súper geniales. Y extremadamente graciosas(risas).

Faltaban dos días para el martes cinco de abril. Me estresé. Tenía mucho miedo de que aquel día no fuera perfecto, ya sea porque llegué tarde a hacer mi fila, porque Chris Martin no me vio, o porque no pude conocerlos en persona. Entré en una mini crisis pero luego traté de ser racional conmigo misma.

Coldplay es un conjunto de seres humanos comunes y corrientes.

Las entradas para el 5 de abril.

Fin de la primera parte.

Hoja (la de una planta).

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