FRAGMENTO SANGRIENTO


¿Cómo dejarte ir? Sin lágrima, ni redoble en el pecho. Sin sentir que los intestinos se desgarran y que las vísceras, todas juntas, pulmón, corazón, hígado, páncreas, están saliendo por la boca en forma de palabras cargadas de nostalgia.

El dolor del “nunca más” cala, muerde, rasguña, patea, golpea y golpea tanto que deja moretones en los recuerdos y heridas en el papel. Lo taciturno de mi ser se despierta y grita tan fuerte que quiebra los cristales que sostenían el llanto, entonces la tempestad iracunda quiere lavarlo todo: alegría y tristeza, velada contigo y desvelo sin ti; pero sigues ahí, con la daga manchada de deseo, la clavas en mi espalda y la retuerces con fuerza, me despedazas sin piedad y tiras mis retazos aún con vida, los riegas por las calles que alguna vez transitamos.

No, no he muerto aún, agonizo y uso mis últimas fuerzas para escribir de manera inapropiada y con palabras gastadas, este fragmento sangriento que ahora es mi alma y será lo último que tendrás de mí.

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