Otro clavo en el ataúd del talento

No es que quiera especialmente matar al mito del talento, o encadenar a las musas y vengarme de ellas (bueno, a lo mejor eso sí). Personalmente, quiero saber la verdad de las cosas, si es que eso es posible de alguna manera, que pronto comprueba uno que no.

Me interesa todo lo relacionado con la creatividad, pues al fin y al cabo hay que conocer bien al enemigo o a la presa, si es que quieres tener alguna posibilidad de victoria o de captura.

Hace poco leía un artículo en favor del talento innato, de que sí que había algo en el momento en que naces que te marca de un modo diferente al resto. Todo eso suena tan bonito… que hay seres especiales, elegidos y todo eso. Es algo que siempre hemos querido creer aunque la realidad sea otra y no sé por qué algunos se resisten a aceptar que especial no hay nada. A mí eso me parece una noción liberadora.

También está saliendo una cierta hornada de artículos y discursos en contra del argumento de las 10.000 horas de práctica que hiciera famoso Malcolm Gladwell en su libro Outliers.

Es un argumento que dice que hacen falta unas 10.000 horas de dedicación a algo y, cuando hayas «pagado» ese tributo, ya podemos empezar a hablar de si eres bueno o no.

He aprendido a desconfiar de lo bonito y cuando uno se pone a desentrañar, comprueba que, siguiendo con el tema de la creatividad, resulta que no sólo no aparecen argumentos sólidos en favor de que sea innata, sino que, hace no mucho se descubrió que hay otro componente importante para la creatividad: la veteranía en tu arte.

Los alemanes tenían que ser, no yo. Ellos conectaron los cerebros de 20 escritores veteranos (más de 10 años en ello, unas 21 horas semanales de dedicación media aproximada) y a 28 escritores más noveles (menos de una hora de dedicación diaria). A ambos grupos les leyeron un texto en voz alta y les propusieron continuarlo. Después se proporcionaron los textos a un jurado independiente que no sabía quién era quién, para que valoraran los enfoques más creativos de las historias desarrolladas. Y sí, ya sabemos todos lo subjetivo que es valorar esas cosas, etc, pero no hay otra manera más que esa cuando se trata de escritura.

La cuestión fue que, no sólo los textos de escritores veteranos fueron sistemáticamente valorados como mejores y más creativos, sino que, lo más fascinante vino de cómo se iluminaban en el monitor los cerebros escaneados de veteranos y novatos durante su trabajo.

En el córtex frontal, los veteranos mostraron una mayor actividad en las áreas cruciales para el lenguaje y la selección de metas, lo cual es lógico al fin y al cabo. Lo que no se esperaron es que se activaran, sólo en ellos, áreas del cerebro que no estaban habitualmente relacionadas con la creatividad.

Una de ellas era la asociada con el procesamiento del lenguaje emocional, en concreto la parte que usamos para interpretar gestos expresivos en otros. Para los investigadores sugería que los veteranos estaban atendiendo más profundamente a las corrientes emocionales de los textos e ideas de lo que lo hacían los novatos.

La escritura de los veteranos también provocaba mayor activación en la parte relacionada con el aprendizaje y la ejecución experta de las habilidades, esa que se interioriza y automatiza en regiones más profundas del cerebro. Curiosamente, los veteranos mostraron menos activación en las áreas occipitales que tienen que ver con el procesamiento visual y perceptivo. Básicamente, escribir se había convertido en cierto modo en una habilidad innata, interna, casi inconsciente, como esos boxeadores que reaccionan y pelean sin que su arte tenga que ser pensado antes de ser ejecutado a la perfección.

La competencia inconsciente es el estadio último y superior del aprendizaje y parece que en la escritura también se da. Al final, con suficiente práctica se hace parte de ti.

Y una cosa más, los veteranos, durante la sesión de creación de ideas para las historias que iban a escribir, mostraron mayor activación que los novicios en las áreas destinadas al habla.

Era casi como si las ideas surgieran preparadas “desde la garganta” en palabras de los investigadores, preparadas para ser articuladas verbalmente y atendiendo, más que nada, a la interpretación emocional del texto.

Y es que en la escritura, y en el resto de cosas, la emoción lo es todo, niños.