absoluto fracaso

Si algo está quedando claro en esta crisis mundial es que algunas organizaciones y administraciones públicas han quedado al descubierto en su más absoluto fracaso. No voy a entrar a reflexionar sobre las administraciones estatales, autonómicas o locales. Tiempo habrá.

En el caso de Europa, en cambio, esta pandemia ha dejado al descubierto a muchas más personas la ineficacia que están demostrando para hacer frente a la situación. Hasta ahora eran pocas las personas que tenían claro este hecho. Las personas refugiadas en las islas griegas, llevan demasiado tiempo siendo conscientes que la Unión Europea no va a ayudarles en su extremaindefensión. De hecho, es la Unión Europea la que en gran medida a agravado el abandono al que se ven sometidas miles y miles de personas huídas de sus países por mil razones. En el caso del COVID-19, la cuestión es que esaq ineficacia comunitaria afecta al resto de personas de Europa, nosotras y nosotros, que hasta ahora nos creíamos a salvo de las políticas que solo benefician a los grandes monopolios que en la sombra dirigen el cotarro. Hay quien ha ido avisando de esta política económica y financiera contraria a la libertad y los derechos de las personas. Las personas trabajadoras somos las que hemos ido perdiendo esta libertad, aunque mayoritariamente no nos diésemos cuenta. Hemos seguido viviendo en una fantasía irreal, sin hacer nada (o poco) por cambiar la situación. Hemos dejado de ser un lugar medioambientalmente sano, ya no somos la Europa acogedora y solidaria que en algún momento quisimos ser, hemos escondido la cultura en bibliotecas de diseño y la educación en universidades que se dedican a vender títulos en vez de a crear personas libre pensadoras, ya no somos (¿alguna vez lo ha sido?)la Europa que defiende los derechos de las personas trabajadoras y nos hemos convertido en el saco sin fondo para seguir rescatando bancos y fortalecer el negocio armamentístico. Hace tiempo que nos olvidamos de ser comunidad y nos convertimos en ciudadanía amordazada por las hipotecas.

No es una reflexión pesimista. No suelo serlo. Me considero una persona con esperanza y espero que esta crisis nos abra los ojos para poder cambiar lo que no sirve. Las administraciones y organizaciones públicas tienen que estar al servicio de las personas que las integran. Si no, hay que cambiarlas. Estamos en el mejor momento para hacerlo. Europa tiene que ser la Europa de las personas, de las comunidades y de los pueblos; la Europa de la solidaridad, de la acogida y de los derechos. Una Europa donde las personas trabajadoras seamos la prioridad, las políticas sociales nuestra ideología y la cultura y el pensamiento nuestra base.

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