11 libros para lectores de unos once años

En mi página puse, tiempo atrás, unas selecciones de libros por edades. De la que preparé para chicos y chicas de unos once años selecciono aquí once libros. Dos de ellos me parece que no están en el mercado y han de conseguirse o en bibliotecas o en ejemplares de segunda mano. Y, como ya dije, a quienes les parezca que muchos son antiguos les recuerdo el viejo chiste «donde hay luz».

1940. Esto es coraje, Armstrong Sperry. Mafatu, nombre que significa Corazón Valiente, es el hijo del jefe de Hikueru, un atolón polinesio cuyos habitantes veneran el valor. Desde que su madre murió en el mar, Mafatu no ha sido capaz de vencer el temor hacia el mar y cumple tareas que su tribu considera propias de mujeres, como fabricar los arpones. Todo el deseo de Mafatu es recobrar la estima de su padre. Y un día decide huir: toma una canoa, sube a ella con su perro Uri, se va y, después de una dura travesía, alcanza una de las Islas Humeantes, territorios oscuros donde habitan tribus de comedores-de-hombres. Excelente relato de lucha y autosuperación personal, con un buen planteamiento del mundo interior del protagonista y sus fuertes deseos de ser aprobado por su padre, descripciones ricas de la naturaleza, y excelentes ilustraciones.

1949. La puerta en la muralla, Marguerite de Angeli. Edad Media, Inglaterra. Robin, hijo de un noble, está destinado a ser caballero del rey, como su padre. Obligado a quedarse solo durante los desórdenes que provoca la peste, sufre una enfermedad que le deja paralítico. Gracias a un monje, el hermano Lucas, rehace su vida y marcha en busca de sus padres. A lo largo del relato, Robin tiene distintas ocupaciones que, de un modo u otro, le van ayudando: leer, nadar, andar con muletas, estudiar música, aprender la talla de madera, practicar el tiro con arco… «Cada uno tenemos un puesto en el mundo — le dirá Sir Peter — . Si no podemos servir de una manera, siempre existe otra. Si hacemos lo que podemos, siempre se abre una puerta que da entrada a otra cosa, a otra oportunidad. “Otra vez la puerta”, pensó Robin». La lección es evidente: «Esa es la vara que mide el éxito: lo que somos capaces de hacer con lo que tenemos», sentencia el monje.

1952. La telaraña de Carlota, E. B. White. Cuando nace Wilbur, un cerdo muy pequeño, el granjero decide matarlo. Su hija Fern se rebela contra esa decisión y su padre acepta dejarlo vivir si ella se compromete a cuidarlo. Wilbur crece y se hace amigo de los restantes animales de la granja, en especial de la araña Carlota, cuya inteligencia y habilidades convierten a Wilbur en un cerdo famoso, lo que lo salva de ser sacrificado cuando llega su hora. Una de las mejores historias contemporáneas de animales: por la calidad de su estilo, por el acierto de sus descripciones poéticas; por la exactitud con la que se presenta el comportamiento de los animales y la verosimilitud con que se engarzan, sin cruzarse, los diálogos de los animales y los hombres; por su excelente final, amable pero no complaciente; y, también, por su elogio de la amistad y la lealtad.

1961. La leyenda del helecho rojo, Wilson Rawls. Montañas Ozark, Oklahoma. Billy Colman, diez años, sueña con dos perros cazadores de mapaches que ha visto anunciados en una revista. Durante dos años ahorra para poder comprarlos. Los llama Viejo Dan y Pequeña Ann, los prepara y, más adelante, sale de caza con ellos. Poco a poco, la destreza y la tenacidad de Billy y sus perros ganan una enorme fama, que se acrecienta cuando ganan un concurso regional. Extraordinario relato, con buenas descripciones de paisajes, animales y escenas de caza. Que todo lo cuente un narrador que recuerda su infancia comunica tensión: el lector sabe cuáles son los pensamientos de Billy y cómo van y vienen sus emociones. Aunque lo principal sean la vida del protagonista y sus aventuras con los perros, queda claro que tanto la comprensión de su padre como la preocupación de su madre, junto con el apoyo incondicional de su abuelo, es lo que le sostiene en momentos difíciles y lo que le permite llevar la vida que lleva.

1961. La cabina mágica, Norton Juster. Milo, un chico de diez años que se aburre, recibe un misterioso coche de juguete y una especie de cabina de peaje que lo conducen a un viaje sorprendente en el que debe cumplir una misión. Milo pasa por lugares como Las Expectativas, La Murria, Diccionópolis, el Bosque de los Puntos de Vista, las ciudades de Ilusiones y Realidad, el Valle del Sonido, la isla de las Conclusiones, Digitópolis, las montañas de Ignorancia, el Castillo en el Aire… Es ayudado por compañeros singulares y ha de superar enemigos de toda clase. Obra excelente que hace compatibles la claridad con la sutileza y la sátira con la cordialidad. Juster presenta el conocimiento como aventura y, multiplicando los juegos de palabras y las situaciones hilarantes, comunica significado y diversión a cada personaje y cada escena.

1966. Boris, Jaap ter Haar. Leningrado, diciembre de 1942. Boris, doce años, pierde a su padre. Su madre, apoyada por el tío Vania, quiere que Boris se vaya de la ciudad. Ante sus protestas le dicen que «en tiempo de guerra nadie hace lo que quiere». Para evitarlo, Boris intenta conseguir comida junto con su amiga Nadia, dos años mayor que él. En su arriesgada expedición entran en contacto con soldados alemanes. El sufrimiento en la situación límite que viven Boris, Nadia y sus familias, está narrado con sobriedad. El autor integra con acierto los recuerdos y los ensueños de Boris en el transcurso de la acción. El relato muestra la maduración de Boris en esas circunstancias duras: los consejos que recuerda de su padre fallecido encienden su coraje y su esperanza; los sucesos que vive le conducen a superar el odio y a tener una comprensión más profunda de la vida.

1977. Piotr. Viaje a Siberia, Jan Terlouw. Época de los zares, finales del siglo XIX o principios del XX. Sergei Andreievich es deportado a Siberia por haber matado a un hombre al que sorprendió asaltando a su hijo Piotr. Con catorce años, Piotr desea reunirse con su padre y, para eso, emprende un largo camino. Encuentra en él a todo tipo de personas: gentes bondadosas cuyo buen corazón le conmueve, revolucionarios fanáticos, policías torpes, músicos ambulantes… Con lenguaje sencillo, el autor consigue interesar al lector por la vida revuelta de la Rusia prerrevolucionaria y por los vastos paisajes siberianos que Piotr recorre. Se muestra con acierto cómo la necesidad de la lucha contra las fragrantes injusticias sociales no debería derivar nunca en un comportamiento injusto contra ninguna clase de personas.

1980. La llave mágica, Lynne Reid Banks. Omri, nueve años, descubre un día que sus pequeños muñecos de plástico cobran vida cuando los mete dentro de un pequeño armario. Entabla una relación especial con el indio Toro Pequeño (Little Bear en el original), con el que vive algunas sorprendentes aventuras. Pero, al darse cuenta de que sería desastroso para Toro Pequeño quedarse con él, termina devolviéndolo a su mundo y entregando la llave del armario a su madre. Buena historia, de entre de las muchas que hablan de las relaciones afectivas entre los niños y sus juguetes y sobre los juguetes que tienen vida propia, pero que, por sus referencias al mundo de indios y exploradores del Oeste, conectan particularmente con el mundo imaginativo de muchos lectores. Los personajes están bien definidos, y los relatos reflejan verosímilmente algunos aspectos de las relaciones de amistad y del mundo emocional infantil. Además, en ellos se trata sutil pero claramente acerca del aprendizaje de la responsabilidad hacia los demás.

1980. Stone Fox y la carrera de trineos, John Reynolds Gardiner. Cuando su abuelo enferma, Willy, diez años, averigua que se debe a que les van a quitar la casa debido a que no han pagado los impuestos. Por eso decide competir en una carrera de trineos con su perro, cuyo premio es, justo, los 500 dólares que les hacen falta. Debe competir el mítico indio Stone Fox, que nunca habla. Willy encuentra un día a Stone Fox en un establo y, a causa de un malentendido, el indio le da una bofetada. Entonces Willy le dice que competirá en la carrera y le explica el motivo por el que competirá en ella, y el indio calla. Relato inspirado en una leyenda de las Montañas Rocosas. Es una historia que consigue transmitir emoción y que se mantiene siempre dentro de los límites de lo posible. Algunas escenas son magníficas, el paso narrativo es perfecto, la tensión es creciente y atrapa por completo al lector, la descripción de la carrera es sobresaliente y el emotivo desenlace resulta impactante pero no artificial. Libro de los que hacen descubrir a un lector primerizo el placer de una lectura cien por cien absorbente.

1983, El signo del castor, Elizabeth George Speare. 1768. Maine, EE.UU. Mientras su padre va en busca de su madre y su hermana, Matt, trece años, se queda solo en una cabaña, en medio del territorio indio. Al poco tiempo, un hombre le roba su rifle y le deja indefenso. Sale adelante gracias a que hace amistad con Attean, un chico indio de catorce años. Ambientaciones conseguidas, diálogos bien construidos, descripciones acertadas y buen pulso narrativo. El relato habla de valor y del aprendizaje mutuo que trae consigo la amistad.

1997. El vendedor de noticias, José Luis Olaizola. España, siglo XI. Sebastián, 14 años, es nieto de Lorenzo, un vendedor de noticias, el trabajo de llevar mensajes e informaciones de un bando a otro, muy común entre los habitantes de Naciados, un pueblo de Cáceres. Sebastián también quiere ser vendedor de noticias y la oportunidad se le presenta cuando tiene que informar a la condesa Columba y a su hermano, el conde de Lácar, del paradero de su sobrina. Poco a poco, Sebastián va conociendo las verdaderas intenciones de sus nuevos amos y, aconsejado por su abuelo y una ermitaña, acude al Cid para que intervenga. Relato ameno de maduración, en el que atraen tanto la figura del Cid como las de sus oponentes, la ambiciosa condesa Columba y el cruel pero audaz conde de Lácar.