17 libros para lectores de unos diecisiete años

Continúo poniendo selecciones de libros por edades. De más está decir que libros que asigno a una edad bien podrían estar en otra, superior o inferior. Si más adelante rehiciera estas listas, seguro que cambiaría de lugar no pocos libros. He procurado que haya variedad —géneros, longitud, complejidad— y no poner libros ya incluidos en selecciones de otro tipo publicadas aquí, en Medium, en los últimos meses. He incluido más libros españoles y es intencionado que, en cada lista, haya dos o tres libros que no están disponibles en librerías ahora mismo (a ver si los editores se animan a devolverlos a la circulación).

1811 y 1813. Juicio y sentimiento y Orgullo y prejuicio, Jane Austen. Novelas centradas en el mundo interior de las heroínas. En la primera contrasta las distintas actitudes en sus enamoramientos de las hermanas Dashwood, la sensata Elinor y la vehemente Marianne. En la segunda fija su atención sobre todo en Elizabeth Bennett, la segunda y la más prudente de cinco hermanas. Todas las novelas de Austen tienen unas características argumentales y unos rasgos estilísticos semejantes. Estas dos, tal vez las más populares, dejan claro su talento narrativo, su excepcional sutileza y su penetración psicológica fuera de lo común.

1827. Los novios, Alessandro Manzoni. Novela de amor juvenil que es como un gran tapiz realista sobre las duras condiciones de vida de mucha gente sencilla, en la Lombardía del siglo XVII. Sus protagonistas, Renzo y Lucía, un tejedor y una campesina, logran que su amor triunfe después de numerosos incidentes. Manzoni hace un canto a la fortaleza del amor de sus héroes, sostenido en medio de las dificultades por la fe que garantiza la esperanza de los dos, por la bondad inalterable de Lucía y por la madurez humana que Renzo adquiere progresivamente. El transcurso de la historia, parece decir Manzoni, está en sus manos y no sólo en las de los poderosos. Son extraordinariamente intensas las páginas que narran la peste y sus efectos, «una miseria que superaba, no sólo las posibilidades de socorro, sino casi diría que las fuerzas de la compasión».

1927. La muerte llama al arzobispo, Willa Cather. Novela basada en hechos y personas reales que tiene acentos costumbristas y picarescos por un lado, y algo de aventura del Oeste por otro. Jean Latour y Joseph Vaillant, dos amigos desde la niñez en Francia, llegan a ser obispos en los Estados Unidos, donde atienden y organizan la diócesis de Santa Fe a mitad del siglo XIX. Como en otras novelas suyas, la escritora ofrece una visión dura pero elogiosa de la colonización del Oeste norteamericano y del temple de los hombres y mujeres que la llevaron a cabo. Es una gran narración en la que se cuentan las cosas sin concesiones sentimentales, ciñéndose a los hechos y subrayando las anécdotas significativas, y buscando poner las cosas en una perspectiva justa. Los protagonistas tienen una personalidad atractiva y su evolución a lo largo de los años se refleja bien.

1937. Vinieron como golondrinas, William Maxwell. En una ciudad del Medio Oeste norteamericano, el año 1918, viven James y Elisabeth Morison, y sus hijos, Robert y Bunny, de trece y ocho años, respectivamente. En pocas páginas, con una prosa transparente y atención al detalle, se muestra el papel central de una mujer en su entorno familiar y qué ocurre cuando falta: pues para Bunny su madre lo es todo; para Robert es la única persona que lo ve como un chico normal; para su marido es la razón de su vida. Y la casa donde viven es como un quinto personaje que refleja los sentimientos que van y vienen entre sus habitantes.

1948. Llanto por la tierra amada, Alan Paton. Novela que provocó una gran oleada de simpatía mundial hacia la lucha contra el apartheid en Sudáfrica. Después de recibir una inquietante carta desde Johannesburgo, el reverendo Stephen Kumalo emprende un viaje allí en busca de su hijo Absalom y de su hermana Gertrude. Ya en la ciudad, encontrará situaciones muy dolorosas. El autor intenta huir de todo maniqueísmo y de cualquier simplificación, y procura que brote de modo natural su mensaje: el de la importancia de desarrollar una capacidad mayor tanto para el perdón y para la convivencia como para luchar de modo valiente y pacífico por la igualdad y la libertad para todos.

1954. El señor de las moscas, William Golding. Una treintena de chicos ingleses, únicos supervivientes de un accidente aéreo, deben organizar su vida en una pequeña isla de origen coralino sin ayuda de ningún adulto. Cuando llegan las desavenencias y temen a una fiera misteriosa y desconocida, alguno apuntará que quizá la fiera sean ellos mismos. Las descripciones son magníficas y crean un clima como de alucinación y extrañeza. Una de las tesis principales de la novela es, con palabras del autor, que los hombres producen mal como las abejas fabrican miel. Al mismo tiempo, Golding también indica cómo cualquier clase de autosuficiencia es un cimiento muy endeble y cómo, en situaciones críticas, el rescate sólo puede venir de fuera.

1966. Flores para Algernon, Daniel Keyes. Novela considerada como la mejor del género entre las que tratan del tema del incremento artificial de la inteligencia. Charlie Gordon, un chico discapacitado, bondadoso y con grandes deseos de aprender, es sometido a unas pruebas para desarrollar su inteligencia, cuya eficacia se ha probado ya en Algernon, una rata de laboratorio. El tratamiento tiene éxito y Charlie alcanza en pocos meses una inteligencia cumbre. Pero esto le permite a él mismo descubrir que su nueva condición no es permanente y que sufrirá una caída ya definitiva en su estado anterior. La historia se cuenta mediante los informes de progresos que Charlie mismo escribe o dicta a petición de quienes le tratan. De los primeros, poco hilados y con faltas de ortografía y redacción, a los centrales, brillantes y perfectos, y a los finales, cada vez con más errores. El relato habla, con acierto, sobre la necesidad de considerar personas dignas del mismo respeto a todos los seres humanos.

1967 y 1969. Los elegidos y La promesa, Chaim Potok. Novelas acerca del choque cultural entre las tradiciones del pueblo judío y el pensamiento del siglo XX. Ambas tratan sobre la amistad entre dos chicos a partir del año 1944 en Nueva York: en la primera, uno de ellos se hace médico psicoanalista contra la voluntad de su padre, un rabino asideo muy estricto; en la segunda, el otro, que estudia para rabino, aplica un método interpretativo al Talmud que su maestro no ve bien, y también se da un choque violento entre familias y tradiciones con ocasión del noviazgo del primero. Son novelas pausadas, cargadas de tensión, con unos personajes, cuyos rasgos quedan como esculpidos ante el lector, que se caracterizan porque son honrados al afrontar sus dudas y reflexivos para intentar aclarar los porqués de sus elecciones.

1972. Mi nombre es Asher Lev, Chaim Potok. Novela que trata sobre los mismos temas que Los elegidos y La promesa: dificultades en las relaciones entre padres e hijo, responsabilidad de pertenecer al pueblo judío, confrontación entre tradiciones diferentes… En este caso, el protagonista es un chico que, desde muy pequeño, muestra unas excepcionales dotes para la pintura, alentadas por su madre y por el respetado rabino de su comunidad, y contra la opinión de su padre. Al final, cuando ya es un artista conocido y pinta un cuadro en el que intenta representar el dolor que siempre ha visto en su madre, una mujer atrapada entre su marido y su hijo, se desencadena un amargo conflicto dentro de su familia y entre los miembros de su sinagoga.

1974. Ángeles asesinos, Michael Shaara. Narración de los tres días de la batalla de Gettysburg, la más sangrienta y decisiva de la Guerra de Secesión norteamericana. No es, ni en la intención del autor ni en la edad de sus protagonistas, una novela juvenil, pero sí es un relato de jóvenes soldados que se alinea expresamente con El rojo emblema del valor. Novela poderosa y absorbente que intenta exponer, en lo posible, las razones para la guerra, las motivaciones de cada uno para luchar, el dolor de que miembros de la misma familia o amigos de toda la vida estén en bandos separados, la conciencia que algunos tienen de que estaba en juego el destino de la nación, el planteamiento casi místico de la profesión militar de algunos mandos…

1985. Me voy con vosotros para siempre, Fred Chappell. Años cuarenta, una granja de Carolina del Norte. El narrador, Jess, que tiene unos diez años, cuenta episodios de su vida, varios debidos a que visitan la granja distintos tíos, a cual más singular. El motor de muchos está en el carácter bromista del padre de Jess y de un empleado de la granja. Es una magnífica historia que, con frecuencia y con justicia, se coloca en la tradición de los relatos de Mark Twain. Los personajes se presentan al lector por medio de un observador que tiene todavía una ingenuidad entusiasta pero ya con una primera percepción de que los adultos que le rodean no son fiables del todo, y a través de un lenguaje cotidiano pero rico, en el que no hay expresiones ni metáforas gastadas. Además, acaba con un espectacular cierre literario.

1999. Querido Bruto, José Ramón Ayllón. Mediante supuestas cartas a Bruto, Julio César rinde cuentas: «Ahora, cuando he ganado todo y he perdido la cuenta de mis victorias, puedo mirar de frente a la verdad. Nunca pensé que mis proyectos hubieran de exigir semejante precio. Si entonces mentí para justificar esa sangría, ahora deseo justificar esa mentira». Relato reflexivo en donde se presentan (muy favorablemente) los modos en que los romanos entendían el amor, la amistad, la política, etc. En ella son muchas las expresiones afortunadas y las máximas sabias: «El hombre de deseos insaciables es como un tonel agujereado: se pasa la vida intentando llenarse, acarreando agua en un cubo igualmente agujereado».

2003. La fórmula preferida del profesor, Yoko Ogawa. La narradora y su hijo, de diez años, entablan una relación especial con un anciano profesor de matemáticas que, a consecuencia de un accidente, tiene problemas de memoria: su autonomía de memoria es de ochenta minutos. Las vidas cotidianas de los personajes se despliegan delante del lector con calma y emoción contenida. No conocemos los nombres de los protagonistas excepto el apelativo que el profesor de matemáticas pone al niño: Root, raíz cuadrada. Las manías y cualidades del profesor dan pie a que se vayan introduciendo conceptos matemáticos en la narración, algo que se hace con oportunidad, claridad y buen humor.

2003. El curioso incidente del perro a medianoche, Mark Haddon. Christopher Boone, un chico de quince años que vive con su padre porque su madre ha fallecido, tiene unas excepcionales dotes para las matemáticas y una increíble retentiva, pero grandes problemas de comunicación y una buena colección de peculiaridades. Escribe un relato cuando, un día, encuentra empalado al perro de una vecina y se propone averiguar quién lo mató, imitando a su admirado Sherlock Holmes. La narración se caracteriza porque, como Christopher percibe todo literalmente, habla de lo que ve, o le sucede, o le han contado, o ha reflexionado, pero nunca hace incursiones en el mundo de los otros. Se transmiten bien tanto el desvalimiento del personaje como la patética falta de recursos de quienes intentan ayudarle. Los momentos humorísticos son muchos pero nunca funcionan como una burla de las limitaciones de nadie dada la incapacidad del narrador para el sarcasmo.

2006. Una temporada para silbar, Ivan Doig. A finales de los años 50, Paul Milliron, inspector jefe de enseñanza en Montana, ha de tomar una decisión que le pesa: aprobar la desaparición de las escuelas rurales como aquella a la que asistió él cuando era niño en aldeas como Marias Coulee. En esa situación recuerda el año 1909, cuando él cumplió trece años, y vivía con su padre, viudo, y sus hermanos pequeños. Los incidentes singulares comienzan cuando su padre decide contratar un ama de llaves, Rose, que se presenta en el pueblo con su hermano Morris, un tipo muy singular que acaba siendo contratado como maestro. Novela cuyo atractivo se basa en que la descripción de la vida cotidiana de los Milliron tiene mucho encanto, y en la singularidad y los métodos educativos de Morris, un personaje formidable.