20 novelas cortas para lectores jóvenes

Selección de veinte novelas cortas, diez del siglo XIX y diez del siglo XX que, al menos en mi experiencia, son buenas recomendaciones para lectores jóvenes (y para todos, de más está decirlo). He procurado que haya variedad —origen, géneros— y no poner libros ya incluidos en selecciones de otro tipo publicadas aquí, en Medium, en los últimos meses. Es intencionado que haya libros que no están disponibles en librerías ahora mismo (a ver si los editores se animan a devolverlos a la circulación).

1810. Michael Kohlhass, Heinrich von Kleist. Un honrado tratante de caballos sufre una injusticia y, como no logra la reparación adecuada, decide actuar por su cuenta. La historia engancha enseguida aunque su segunda mitad es un continuo vaivén de complejidades jurídicas y de intrigas cortesanas, narrado con claridad pero que algunos encontrarán difíciles de seguir, debido también a los absurdos que se suceden. Novela que merece la pena conocer por lo que tiene de historia prekafkiana, y que hace pensar en los límites y las insuficiencias de la justicia humana.

1819. Rip van Winkle, Washington Irving. Tal vez el cuento más popular del autor norteamericano. Rip tiene un sueño y, al despertar, descubre que han transcurrido veinte años… El autor evidencia su capacidad para integrar realismo y fantasía, y la ironía elegante que llegó a ser su rasgo estilístico más acusado: «El mal genio nunca mejora con la edad y la lengua es el único instrumento cuyo filo aumenta con el uso», dirá el narrador sobre la esposa de Rip.

1842. El capote, Nikolái Gógol. Los protagonistas son un escrupuloso funcionario que decide hacerse un capote nuevo para el frío, objetivo para el que trabaja mucho tiempo, y un alto personaje de los que a la mínima espetan el «¿Usted sabe con quién está hablando? ¿Sabe usted a quién tiene delante? ¿Lo comprende? Le pregunto que si lo comprende». Son magistrales el análisis psicológico de los personajes, la sátira de algunas injusticias sociales, la tensión entre lo real y lo fantástico.

1855. Benito Cereno, Herman Melville. 1799. El capitán estadounidense Amasa Delano fondea su barco en una isla del Pacífico y allí coincide con un velero misterioso cuyo capitán es el español Benito Cereno. Lentamente, la verdad y el significado de lo que ve se le irán revelando. Novela de intriga de una inteligente complejidad que nos hace caer en la cuenta de nuestros errores de juicio acerca de las actuaciones de los demás.

1873. El amuleto, Conrad Ferdinand Meyer. El hugonote Hans Schadau narra los sucesos previos a la noche de San Bartolomé, el 24 de agosto de 1572, cuando sólo tenía veinte años, y cómo logró escapar de la muerte primero en un duelo y luego en la matanza, con ayuda del católico Wilhelm Boccard, que no tiene tanta suerte. Relato de carácter histórico que se aborda mostrando los hechos y sin entrar en los procesos psíquicos de sus personajes.

1884. La muerte de Ivan Illich, León Tolstoi. Iván Ilich, segundo hijo de un funcionario, fue ascendiendo en la escala social hasta realizar un matrimonio ventajoso y llegar a ser un importante juez. Pero se le declara una imprevista enfermedad y, con cuarenta y cinco años, muere. A lo largo de su enfermedad desarrolla una progresiva lucidez para enjuiciar su vida anterior. Intenso estudio psicológico del protagonista y sociológico de la burguesía de la época.

1886. El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, R. L. Stevenson. En un Londres fantasmal vive el respetado doctor Jekyll. Sus amigos averiguan que tiene alojado en su casa a un tipo mal encarado llamado Mr. Hyde que se ve involucrado en un crimen. Narración policíaca, de misterio, de terror, de anticipación científica, según qué perspectiva se prefiera. Al margen de otras interpretaciones, una es que los principales motivos que podemos tener para estar asustados están dentro de nosotros mismos.

1888. La estepa, Antón Chéjov. El pequeño Yegorushka, nueve años, hace un viaje a través de la estepa ucraniana para incorporarse al Instituto de la ciudad. Al principio va con su tío Kuzmichov y con el padre Jristofor. Ellos le dejan luego en compañía de unos carreteros mientras se ocupan de sus negocios. En la ciudad se hacen cargo de nuevo de Yegorushka, y le llevan a casa de una mujer con la que vivirá en adelante. Novela corta en la que la naturaleza ocupa un primer plano y en la que asistimos al dolor interior de un chico que se separa de su madre, y al desconcierto que le inunda entre gentes y en ambientes tan distintos a los suyos.

1896. La tierra de los abetos puntiagudos, Sarah Orne Jewett. Relato que algunos consideran el mejor de la autora. Una escritora bostoniana pasa unos meses en un pueblo costero de Maine, con la intención de terminar un libro. Se hospeda en casa de Almira Todd, una mujer de unos sesenta años, viuda, experta en hierbas y en sus usos terapéuticos. Va conociendo a distintos habitantes del lugar que le cuentan historias pasadas, propias o ajenas. Los acentos son siempre amables y abundan el buen humor y la ironía en comentarios o cotilleos.

1898. Otra vuelta de tuerca, Henry James. Bly, Essex, Inglaterra. Una institutriz inexperta cuida de dos niños de gran bondad y atractivo: Miles y Flora. Pero percibe que siguen estando presentes, como fantasmas, la antigua institutriz y un viejo jornalero, y decide defender a los niños. Novelita de terror psicológico que coloca por primera vez a unos niños en el núcleo de una trama semejante. Cuando la institutriz cuenta los extraños sucesos que ha vivido, el lector deberá responder a una pregunta: ¿son las cosas tal como nos las cuenta la narradora o suceden sólo en su imaginación?

1908. Encender una hoguera, Jack London. Tal vez el mejor relato del autor. En su primer invierno en Alaska un hombre y su perro realizan una travesía en solitario y, cuando son atrapados por una ola de frío polar, el hombre intenta hacer fuego para calentarse. London compara el comportamiento humano con el animal y lo hace con acierto: «El perro se encontraba abrumado por el tremendo frío. Sabía que no hacía tiempo para viajar. Su instinto le contaba una historia más veraz que la que contaba al hombre su propio juicio. […] El perro no entendía de termómetros».

1943. El principito, Antoine Saint-Exupéry. Un piloto cuyo avión ha sufrido un accidente y está solo en el Sahara, encuentra un niño que ha llegado allí desde otro planeta y que convive con él durante ocho días. La prosa poética del autor francés transmite la nostalgia de una infancia sublimada y es como un lamento por algo perdido o que nunca supimos encontrar; es un impulso para buscar ese algo invisible que embellece las cosas; es un ataque feroz a todos los egoísmos, y el aviso de que sólo podremos superarlos con la generosidad y una mirada inocente.

1943. Rebelión en la granja, George Orwell. Rebelión de los animales de una granja contra su dueño. Como consecuencia, se reorganiza la vida dentro de la granja, surgen rivalidades entre los animales y nuevas estructuras de poder. Obra concebida como una sátira de la revolución rusa, que ha quedado ya para siempre como una fuerte denuncia contra la corrupción que ocasiona el poder y como una feroz crítica del conformismo de quien no quiere ver lo que tiene ante sus ojos.

1941. El silencio del mar, Vercors. Segunda guerra mundial, un pueblo de la Francia ocupada por los alemanes. Un culto y cortés oficial alemán se aloja en una casa habitada por un anciano y su sobrina, que no hablan al alemán por más que este se comporta siempre con gran respeto. Relato que tuvo una gran resonancia política cuando se publicó, durante la misma guerra. Según su autor intentaba ser un testimonio sobre la posibilidad de resistir y luchar sin odio y una denuncia de la complicidad en la barbarie de quienes obedecen con ciega buena intención.

1941. La gansa blanca, Paul Gallico. Un pintor jorobado vive solo en un faro situado en la Gran Marisma de Essex hasta que, un día, una niña llamada Fritha le trae una gansa blanca herida y él la cura. Los años pasan y, cada vez que la gansa vuelve de Canadá, Fritha también vuelve y va conociendo más al pintor. En 1940, el pintor atraviesa con su barca el canal para intentar salvar a los soldados ingleses atrapados en las playas de Dunkirk. Relato emocionalmente intenso con un gran desenlace.

1945. La famosa invasión de Sicilia por los osos, Dino Buzzati. En tiempos antiguos había osos que poblaban las montañas de Sicilia, cuando en Sicilia había montañas. En «el invierno más terrible de todos los inviernos», los osos atacan al tirano Gran Duque y se hacen con el poder. En la segunda parte del relato, con la vida en la ciudad los osos se aburguesan. El lector-niño conectará con las aventuras del pueblo de osos, contadas con ritmo ágil y hábilmente mostradas con unas excelentes ilustraciones del mismo Buzzati. Pero la fantasía y el humor irónico del autor hablan bien de la corrupción que puede llegar a quienes se acomodan en el poder.

1947. La perla, John Steinbeck. Kino, un pescador joven y fuerte, encuentra una perla de belleza fascinante y piensa que, gracias a ella, sus días de pobreza se han terminado. Pero el narrador nos dice que «la esencia de la perla se combinó con la esencia de los hombres y la reacción precipitó un curioso residuo oscuro». Relato magistral por su sencillez y su nervio. La historia, basada en una leyenda mexicana, es tensa, con frases y párrafos perfectos.

1952. El viejo y el mar, Ernest Hemingway. Santiago es un viejo pescador que mantendrá una lucha titánica contra un enorme pez. El estilo, sobrio y diáfano, con frases cortas y coloquiales, sugiere más que describe. Es un canto al optimismo, a la tenacidad y al coraje: «El hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido pero no derrotado». Con este relato acerca del combate del hombre contra la naturaleza, queda de manifiesto el concepto que Hemingway tenía del valor como «elegancia bajo presión».

1953. El hombre que plantaba árboles, Jean Giono. En 1910, siendo el narrador muy joven, conoce a un pastor solitario de 55 años que le invita a su casa. Entonces averigua que, durante los tres años que llevaba viviendo solo, el pastor había plantado cien mil árboles de los que habían crecido veinte mil… Luego, desde 1920 hasta la muerte del pastor, en 1947, repetirá su visita todos los años y verá la transformación gigantesca de toda una comarca gracias a «la generosidad tan grande y tan terca de un solo hombre». Con este relato, que no está basado en alguien real, Giono confiaba en transmitir la idea del poder que tiene una conducta personal tan constante y generosa.

1960. Reencuentro, Fred Uhlman. Alemania, 1932. El narrador, judío, cuenta su amistad juvenil con un rico aristócrata, Konradin. La separación entre los dos amigos, con ocasión de la irresistible progresión de la ideología nazi, terminará con un «reencuentro» al cabo de muchos años. Novela que tiene una parte de reconstrucción ambiental pero que, sobre todo, se centra en la fuerza con la que puede brotar el sentimiento de amistad entre dos jóvenes. Pocos relatos tienen un mejor final. El autor complementó la narración, años después, con Un alma valerosa, el relato de los mismos hechos desde la perspectiva de Konradin.