2013

Existe una parte de mi historia que no es permitida en mis recuerdos pero que insiste en tocar la puerta de vez en cuando.

No me enfurece que vuelvas con cada momento efímero que existió o que pretendimos crear durante ese tiempo; eres sólo un fantasma que no puede hacerme daño.


Durante 24 meses viví el luto de tu pérdida, en un tiempo en el que todo lo que miraba me recordaba a ti. ¡Ay, la tecnología! Un arma de doble filo para las desilusiones.

Tengo en mi Spotify guardadas muchas canciones dedicadas a ti, al odio que te tuve en un principio y al proceso de sanación que tuve antes de tan siquiera poder pronunciar un «Te perdono».

Bad Cover Version by Pulp

El hecho de convivir juntos pero separados en el mismo edificio hacía más complicadas las cosas entre los dos. Tú ignorándome siendo feliz con él y yo admitiendo que no pasaba nada para gritar por dentro «Maldita sea».


Mis amigos más cercanos fueron los únicos en ver mi dolor y de cómo lo ahogaba con pasiones de una sola noche. No fue fácil pedirte perdón sin que te dieras cuenta. Un perdón por todo el daño que me hiciste y por jamás enterarte de lo mucho que me lastimaste.

Ya no te odio ni te amo, solamente eres un recuerdo que no deseo; que he tratado de enterrar durante dos años, en los cuales tú te has vuelto a enamorar y a ser feliz…

Puedo leerme arrogante, pero hay que entender el contexto de mis palabras:

Me parece incomprensible entender cómo el dolor nos vuelve adictos al odio y al masoquismo emocional, haciéndonos perder el tiempo y enseñándonos a ser más fuertes.

Este texto nació a finales del 2014 y ve la luz en 2016.