’50 sombras de Grey’ es lo de siempre: hacer creer que con amor puedes cambiar a la bestia

«En los institutos enseñan a poner un preservativo pero no a decir no»

Para ellas si no hay una paliza brutal, no hay agresión. Ni los empujones, ni las humillaciones, ni el control exhaustivo del móvil tras cada ring del ‘whatsapp’, ni practicar sexo contra su voluntad les pone en alerta de que algo falla. Para ellas eso forma parte de la relación, de las cosas que hay que hacer para que «no se vaya con otra, no se enfade o no me grite». En el fondo… «tampoco ha sido para tanto», se excusan niñas de apenas quince años. Es lo que Angélica Cuenca llama ‘La violencia invisible en parejas adolescentes’. Y no hay nada más difícil que luchar contra lo que no se ve. La psicóloga y sexóloga trabaja desde hace años por visibilizar este mal que no erradican ni leyes ni campañas de concienciación social. Hace falta hablarles claro.

–Titula la conferencia ‘La violencia invisible en parejas adolescentes’. Porque está ahí aunque ellas no quieran verlo…

–Es lo habitual. Tienen muy identificada la violencia de género asociada al maltrato físico, pero lo que es el tema de la violencia social, psicológica y sexual ni siquiera la detectan. Eso las pone en especial vulnerabilidad.

–Para empezar, ¿qué es violencia?

–Cualquiera que se ejerce hacia la mujer en el contexto de una relación sentimental por el simple hecho de ser mujer. Incluye la violencia física, como empujones o puñetazos; la violencia psicológica en forma de humillaciones y amenazas; y la sexual, como presionar para tener relaciones sexuales. También se incluye la violencia social, que en el adolescente cobra mayor importancia porque son los mayores usuarios de las redes sociales.

–Y esto hace una década no pasaba, o no de esta manera.

–Claro. El control siempre ha estado, pero las redes sociales, por su naturaleza propia, posibilitan que sea aún mayor. Tú puedes localizar en las redes a cualquier persona y en cualquier momento. El cóctel de adolescente, redes sociales y violencia de género es la tormenta perfecta. Se dan todas las condiciones para que la violencia sea inmediata y duradera, lo perfecto para quien quiera agredir.

–¿En qué momento una adolescente tiene que decir basta?

–Siempre les explico a las niñas que tienen que fijarse en cuando ellas no tenían pareja. Si entonces tienen cualquier tipo de redes sociales, le dan a ‘me gusta’ en cualquier foto en Instagram con total libertad y salen a tomar café con sus amigas, el tener pareja no implica que tengan que cambiar nada. Cuando detectan que empiezan a eliminar cosas, como quitarse el Twitter o el Instagram, es cuando tienen que dar la señal de alarma.

–Pero el problema es que ellas no se dan cuenta de esto.

–Ni siquiera un empujón es para ellas un signo de alarma. Para ellas la violencia física es algo más grave, cuando hay una agresión más fuerte. Escupirlas, tirarlas de la moto, del pelo o empujarlas no lo consideran violencia física. Te dicen «bueno, tampoco me ha pegado una paliza» o «tampoco ha sido para tanto». Y la violencia sexual ya ni aparece.

–Dan por hecho que tienen que complacer al varón.

–Casi el cien por cien de las mujeres hemos sido víctimas de una manera u otra de violencia sexual por parte de nuestras parejas. Traducido en tener relaciones sin tú querer, sentirte presionada, que te hagan chantaje emocional con el tema de que «si no se enfada o me deja de hablar», o que amenacen con que «si no me lo das tú me lo dará otra». En la pareja no hace falta que medie la violencia física explícita para abusar de ti sexualmente. Por otro lado, la violencia social tampoco la detectan. Estamos en el mundo este de «yo me quito Instagram, tú te lo quitas», «por qué le has dado al ‘me gusta’ a esta foto»… Hay chicos que cogen el móvil de su pareja y borran todos los contactos del otro sexo.

–Son niñas que han crecido en pleno siglo XXI. No es una cuestión de falta de información ni de educación. ¿qué falla aquí?

–Falla que no se está dando una educación en género de manera transversal. En los institutos te explican cómo poner un preservativo o cómo evitar una enfermedad de transmisión sexual, pero no enseñan a las niñas a decir no y a no aceptar prácticas que a ellas les resulten desagradables. Y a los niños no se les enseña a respetar las decisiones de las mujeres y que un no es un no. A ellos se les enseña que si insisten, al final caen. Y a las chicas, que deben agradar. Nada más hay que ver ahora el auge que está teniendo la trilogía y la película ’50 sombras de Grey’. Es el cuento de siempre, como ‘La Bella y la Bestia’ de Disney, tan criticado por las personas que trabajamos en este tema: hacer creer que ella con su amor lo cambia todo, hasta a una bestia o un monstruo que le hace daño, la domina y la somete. Estamos en el mismo rollo de siempre, pero camuflado. El machismo y las conductas violentas hacia las mujeres van mutando.

–Y los chicos, ¿no han aprendido nada? Parece que vamos hacia atrás.

–Hay un tipo de chicos que yo les digo alternativos, por la forma de vivir y relacionarse que tienen, y que realmente tratan a la mujer como una igual, pero son los pocos. Si bien un adulto maltratador no es muy creativo a la hora de maltratar a su pareja, los adolescentes son muy sádicos. Y el nivel de sumisión y tolerancia a la violencia que tienen las chicas adolescentes es brutal. Las posturas se van radicalizando.

–Quizás falta que se les hable claro, en su idioma, sin tabúes.

–Hablarles de la ley de violencia sin tener ni idea de las redes sociales en las que se mueven, de las prácticas sexuales que hacen, de la música que escuchan, de las drogas que consumen… hace que el mensaje tarde cinco minutos en olvidarse. Hay que hablarles clarito.

–Y decirles, como les dice usted: «Hasta con las bragas bajadas se puede decir no».

–Claro. Hay que bajarse a la tierra y hablar de manera que entiendan ese tipo de mensajes. Y decirles «¡tú no eres responsable de que a tu novio le duelan los huevos!».

–¿Qué pueden hacer los padres ante esto?

–Lo primero de todo es informarse de este tipo de cosas. Yo recomiendo a los padres que se bajen las aplicaciones y que las prueben para ver cómo funcionan. Como manera de prevenir, no de controlar. También es importante desde casa dar una información correcta acerca de lo que es igualdad sana y crear en la casa un clima de confianza, que sienta la niña que si tiene problemas con el novio puede contárselo a los padres.

–¿Y por qué esa necesidad de hacerse fotos íntimas y mandarlas? ¿Se ha perdido el pudor?

–Cuando una chica se hace, casi siempre a petición del chico, una foto en sujetador lo hace en la intimidad de su cuarto. Esa aura extraña de anonimato favorece el ‘sexting’. No calibran que esa foto cuando sale del móvil la han perdido para siempre. Incluso con aplicaciones como ‘snapchat’, en las que configuras el tiempo en el que el mensaje está activo, porque es tan sencillo como hacer un captura de pantalla con la foto.

Entrevista original publicada en Diario Sur