JJ Merelo

Lo que uno se encuentra por ahí para los proyectos fin de carrera

7 razones (o más o menos, ya veremos según vaya escribiendo) para que no obligues a tus alumnos (ni, para el caso, a tus compañeros, doctorandos, colegas en investigación) a usar una aplicación determinada.

Y mucho menos si se trata de una aplicación privativa. O sea, la que todos vosotros estáis pensando.

Supongo que todos habréis estado en la misma situación que mi amigo Onofre. Estudia ingeniería mecánica. Para terminar la carrera, tiene que construir un vehículo. No pasa nada, es ingeniería mecánica. Las partes de un vehículo están en todos sitios, aunque es mejor no preguntar de dónde han salido los tapacubos cromados. Como es natural, el profesor de esa asignatura, la de proyectos, le ha exigido que los neumáticos del coche deben ser Firestone. El chasis puede ser de cualquier marca, siempre que sea Ford. De Almusafes, además. La electrónica, Bosch, porque todas las grandes empresas usan Bosch.

Sin embargo, mi amigo, que viene siendo un poco hippi por parte de la coleta, se ha construido una furgoneta a partir del chasis de una Siata al que le ha puesto un motor de un R9 y las ruedas de un tractor. Mola un montón. Pero ha suspendido. Porque, caray, una Siata no es lo que se usa en la industria. Hasta que no reconstruya todo usando Ford (de Almusafes sólo, ¿eh?, nada de cosas belgas de esas) y, bueno, todo lo demás, no aprobará.

Esta situación es absurda.

Porque nadie que me conozca diría que yo tengo amigos hippis. Sin embargo, es absolutamente habitual en Informática y otras carreras técnicas. Los trabajos se tienen que enviar por correo electrónico (a veces, usando el correo electrónico institucional prestado por alguna multinacional) usando el formato del procesador de texto Parole 4.0. Los programas se tienen que entregar en la versión 14.25.3 del compilador de K++, que como todo el mundo sabe es la que mejor funciona. El procesamiento de imágenes se tiene que hacer con el SelfieStore 13.5 versión estudiante que sólo funciona durante tres horas y en años bisiestos, pero, bueno, ya sabéis donde encontrarla, y si no yo os dejo el CD aquí encima de la mesa y parto para el cuarto de baño donde estaré mucho rato, ya sabéis, la próstata.

En muchos casos se trata de programas privativos.

Es decir, de pago, pero privativo implica algo más: un programa de ese tipo nunca se adquiere: se alquila por un tiempo determinado y con un objetivo determinado. Puede que tengas el compilador K++ disponible gratuitamente para todo estudiante, pero sólo puedes usarlo dentro de la red de la universidad. Es posible que el ÑapasCAD funcione perfectamente pero sólo para los 77 primeros estudiantes, que es el número de licencias que la universidad paga. Quizás el FlechaSIG lo estés usando de forma ilegal en el momento que te salga un curre, porque la licencia es sólo para tareas docentes. Si obligas a usar una aplicación libre te evitas la mayoría de esos problemas. Pero ¿no os parece que la palabra obligar y la palabra libre no deberían estar en la misma frase?

Todo eso me lleva a la primera razón.

  1. Usar una sola aplicación crea dependencia por parte del alumno, que se aprende sólo dónde están los tornillos de Ford, de qué paso son las llaves de los neumáticos Firestone y de qué forma saltan las chispas en el sistema eléctrico Bosch. No aprende a montar un chasis, a elegir unas ruedas y a hacer saltar chispas. Aprende a ser un mecánico de un taller autorizado. No aprende conceptos, aprende procedimientos. Lo que me lleva a la segunda razón.
  2. El profesor se convierte, de repente, en agente de ventas de Ford, Bosch o Firestone. Ensalza las virtudes del Ford frente a la baja calidad y nula innovación de Fiat y no digamos de Seat. Cuando el alumno termine la carrera, tiene una larga travesía en el desierto hasta que puede trabajar con comodidad dentro de un Citröen, lo que posiblemente sucedería de todas formas porque todo el mundo dice que esos coches franceses con muy complicados, pero que le podría resultar muy útil en caso de que, posiblemente, trabaje en un concesionario multimarca o en uno de, qué cosas, Citröen.
  3. A la vez, el profesor deviene, para el gran regocijo de Bosch, en un formador y agente de atención al cliente para el alumno. ¿Se conecta el cable azul o el amarillo al palier? ¿La batería, si se consume muy rápido, qué hay que cambiar en el ordenador de a bordo? Es más, está obligado a hacerlo, porque de vehículo (oye, qué bien traído todo) de aprendizaje de unos conceptos se convierte en formador de una serie de formas de hacer las cosas que, además, tiene la obligación de hacer porque él le ha exigido al alumno que lo haga. Y el alumno tiene que hacerlo, lo que me lleva a la siguiente razón.
  4. El alumno puede no poder permitirse unos neumáticos Firestone, aunque los haya estupendos en el desguace de Marbella (qué neumáticos y qué de todo en el desguace de Marbella, oiga). Encuentra unos Michelin en gran estado. Pero, ah, no son los neumáticos recomendados por Ford. Así que suspenso al canto. ¿No debería el alumno tener la capacidad de elegir qué instrumento usa para su aprendizaje? ¿Porque sea el más adecuado, o para el caso, el único disponible para su sistema operativo? Porque
  5. es posible, también, que el alumno sea un verdadero experto en neumáticos Michelin. Porque en su familia eran muy de cacharrear, y ha estado tuneando con esos neumáticos que era los que encontraba en su desguace. De repente, a pesar de conocer perfectamente los conceptos necesarios para reglar y montar neumáticos, se convierte en un verdadero inútil en el entorno operativo Ford + Firestone (que no puede ser de otra forma, porque los dos tienen F). Y lo peor es que el profesor, que debe plantearse también aprender de cada alumno y de cada clase, no va a aprender tampoco cómo se le hacen las rayitas de abajo a los Michelin (y aquí es cuando uno se arrepiente de usar metáforas que no conoce lo más mínimo, pero ya que estamos aquí, seguimos conduciendo hasta el atardecer) que es una forma totalmente diferente a los Firestone. Una oportunida perdida como
  6. la de permitir que el alumno aprenda de forma autónoma. “Entrégame esto con cualquier neumático” fuerza al alumno a examinar diferentes tipos de neumáticos, buscar en los desguaces a ver cuales tienen los surcos y de camino encontrar esos tapacubos que nadie quiere muy bien preguntar de dónde han salido. Aprende todo lo relacionado con los neumáticos que tú, al fin, es lo que pretendes con la asignatura. No a cómo se montan los neumáticos de una marca determinada. Y lo hace sólo, porque no se enseña, se aprende.
  7. Evita, también, que tengas que comprobar uno por uno si ha habido copia o no. La diversidad hace que la copia sea primero evidente y luego absurda. Y, al permitir al alumno más autonomía al organizar su aprendizaje, hace más atractivo el mismo y por tanto, por ese hecho, desincentiva la copia.
  8. (Bonus reason) El no comprometerse con una sola aplicación evita la obsolescescencia. ¿Cambia la versión y los menús han cambiado de sitio? ¿Hay que rehacer los pantallazos? ¿Los enlaces a los manuales? Todo ello puede suceder. Mantener los apuntes, prácticas, exámenes en una aplicación determinada significa comprometerse con su interfaz de usuario, con sus manuales, con las versiones de sistema operativo que la soportan. Y estas cambian muy rápidamente. O no cambian: siguen ahí, años después, igual porque han dejado de actualizarse. En cualquier caso, significa trabajo adicional para el alumno: búscate una máquina virtual del sistema operativo en el que va, downgradea la versión de no sé qué otra librería necesaria, haz miles de cosas y pierde el tiempo en vez de hacer lo que se supone que debes hacer en la asignatura: aprender un concepto o poner en práctica unos conocimientos. Una razón suficientemente importante para que actualice este artículo y deje por mentiroso el título del mismo.

Y todo esto, ¿a qué coste?

Tiene un coste, claro. El control: tienes que ceder el control del aprendizaje al alumno. También tienes que ceder el puesto en la cúpula del trueno (oye, ahora no estoy tan arrepentido de haber elegido metáforas de automoción) a uno, dos, tres alumnos que van a saber mucho más que tú en neumáticos Michelin, en coches Lada (qué coches, oye, soviéticos, más duros que los Land Rover) y en sistemas eléctricos Valeo (este me ha costado. ¿Hay algo más aparte de Valeo y Bosch?). Te van a enseñar con cada ejercicio que te entreguen y cada práctica que corrijas. Te vas a quedar ahí abajo, muy pequeñito, como una biela desechada mientras ellos montan en sus low-riders hacia la puesta de sol. Pero oye, qué bien suenan esos lowriders y qué bien lo han hecho.

Además, hay un coste que no tiene: el coste para la universidad no sólo de pagar las licencias de Parole, FlechaSIG y ÑapasCAD, sino muchos otros costes ocultos, como por ejemplo el mantenimiento de un servidor de licencias y/o de descargas y en algunos casos la formación obligatoria para atención al cliente en algunas de esas aplicaciones.

Lo importante es la libertad.

Dale libertad al alumno para elegir la aplicación que quiere usar para compilar, para entregar un trabajo, para montar una aplicación cliente/servidor y, oye, seguro que se la toma. Y le estarás enseñando dos cosas: una cómo programar aplicaciones cliente/servidor o modelos MVC o lo que sea. Otra, que confías en él para que elija una herramienta con la que va a hacerlo de la mejor forma posible. Lo que acaba siendo un Win-Win. Y no un Win-Dows.

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I’m just realizing I might smile too much, and that shows in the pictures. Day job: U. of Granada prof. On the side: blogger @jjmerelo and writer @lujoyglamour

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