A los esclavos se les ordena; a los libres se les inspira

«¿Por qué —algunos se preguntarán— la luna, por qué elegimos esto como nuestra meta… Hemos decidido ir a la luna… hemos decidido ir a la luna en esta década? No porque sea fácil, sino porque es difícil».

¿Existe una meta más inspiradora que llegar más allá que cualquier mujer u hombre en la historia?

Recuerda que tus acciones son un llamado. Un llamado a las personas que se encuentran en tu frecuencia. Ahora imagina la magnitud del llamado realizado por John F. Kennedy ese 12 de septiembre de 1962 en la Universidad Rice en Houston Texas. Te aseguro que el director de la NASA tuvo miedo al escuchar tal reto. Recuerda que hablamos de los sesenta. No había internet. No había celulares. Las computadoras en casa eran ciencia ficción. Pero se logró. La humanidad alcanzó la luna.

«Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad».

Martín Luther King lo sabía. Sabía que era el momento de alzar la voz en pro de los derechos civiles. En esa tarde del 28 de agosto de 1963, frente a más de 200 mil personas, sabía que era su deber utilizar las palabras para construir y no para destruir. Entonces compartió su visión de un mundo sin diferencias raciales. Un mundo en el que todas las personas fueran tratadas igual. Su visión clara y sencilla fue entendida y compartida por todos los presentes.

«Vuestros enemigos son los primeros soldados del mundo, pero vosotros sois los primeros hijos de México. Soldados, leo en vuestras frentes la victoria y la fe».

Dijo a sus 32 años Ignacio Zaragoza frente a sus tropas en la madrugada del 5 de mayo de 1862. De 6 mil hombres en su ejército, sólo un tercio eran soldados entrenados. El resto eran reclutas y voluntarios dispuestos a enfrentar al ejército francés; el más poderoso de su tiempo.

A los esclavos se les ordena; a los libres se les inspira. No basta con señalar un objetivo y exigir una sola dirección a todos dentro de una institución. No. Eso no funciona. Tratamos todos los días con personas. Las personas son más allá de recursos y números en una hoja de contabilidad. Son seres dispuestos a enfrentar cualquier problema con la dirección correcta.

Los equipos funcionan cuando conocen por qué hacen lo que hacen. Ese conocimiento les brinda inspiración y sentido de pertenencia. Muchas instituciones cuelgan orgullosas su misión y su visión en la entrada, esperando que las personas que trabajan la lean y las asimilen sin entenderlas y aceptarlas. Que sean asimiladas por simple repetición. Retener y memorizar palabras es sencillo, comprender el significado de los conceptos genera la magia. La chispa. La llama que enciende el motor del entusiasmo.

Las visiones deben ser claras y sencillas. Comprensibles para la mayoría de las personas. Y aun así, debemos aceptar que no todas las personas se identificarán con nuestra visión. Y no hay problema. Recuerda que pocos son importantes. ¿A quiénes quieres a tu lado? ¿A personas que maldicen la mañana por tener que levantarse a trabajar? ¿O aquellos individuos que se comprometen a creer y seguir con la causa hasta lo más profundo de las trincheras?

Si quieres un equipo, convoca e inspira.

Si quieres un grupo, contrata y ordena.

Si quieres un equipo, convoca e inspira.

Y voy compartir contigo mi visión:

Quiero un mundo en el que cualquier niño pueda ir solo a la escuela y regresar a casa todos los días.

Quiero un mundo en el que una billetera pueda regresar intacta a su dueño.

Quiero un mundo que promueva el entendimiento por encima de la memorización.

Quiero un mundo donde peatones, ciclistas y automovilistas se respeten por igual.

Quiero un mundo en el que las nuevas tecnologías fomenten la armonía entre la naturaleza y la ciudad.

Quiero un mundo incluyente sin importar credo, preferencia, discapacidad o estrato social.

Quiero que todos formemos parte del plan.

#PiensaFueradelaSilla


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