
A veces olvido que está bien bajar la velocidad y apreciar cada momento de la vida
Anoche la fiesta de la quinceañera se extendió un poco, saliendo del salón de fiestas empezamos a fantasear con encontrar un puesto de tacos esquineros, pero acá en San Francisco la idea solo se queda en fantasía.
Llegando a casa armamos un buen de quesadillas, abrimos unas cervezas y pusimos música, así que la fiesta se alargó un par de horas más.
Hoy nos levantamos tarde, fuimos a un supermercado «mexicano» por carnitas y menudo, desayunamos tarde, luego fuimos a un mall con los primos adolescentes de mi chica a dar la vuelta.
Al regresar nos metimos a nadar un rato mientras los tíos de mi chica preparaban pollo asado. Cuando el sol se ocultó y empezó a hacer frío salimos del agua para comer un poco.
Ahora los «adultos» estamos en el patio platicando, bebiendo cerveza y escuchando música mexicana de antaño mientras los niños están allá dentro viendo una película animada.
La vida pasa tranquila y la disfruto. Debo de recordar que a veces está bien bajar la velocidad y apreciar lo que está a mi alrededor.
Esta es una pausa de mi proyecto de creatividad durante mi estancia en la ciudad de San Francisco por unos días, mientras seguiré subiendo mis 200 palabras con fotografías del viaje.