ABC del fotógrafo curioso: Los cinco libros que todo fotógrafo debería hojear al menos una vez

El primer libro de fotografía que tuve fue “Berenice Abbott” de Berenice Abbott. Tenía unos once años, acababa de obsesionarme con la fotografía y me maravilló descubrir el mundo de la fotógrafa a través de sus imágenes. Sobre todo me asombró, su capacidad para mirarse así misma como parte de su expresión fotográfica y más allá, comprenderse como observadora, además que únicamente testigo de la época que le tocó vivir. Una sutileza que el libro de Abbott me dejó bien claro desde el principio: desde sus bellos retratos en el París de los años 20 hasta sus célebres fotografías científicas, la fotógrafa se esforzó por brindar su opinión — o quizás, su ausencia, que también es un alegato — lo mejor que pudo en imágenes. Y es si algo brinda sentido artístico a la fotografía, es su capacidad para entablar diálogos sutilezas — y en ocasiones no tanto — con el espectador, con ese otro yo que se manifiesta a través de la mirada que se comparte entre el observador y el fotógrafo. Y Berenice, con su estilo elegante y silencioso, me lo demostró.

Por ese motivo, colecciono libros de fotografía. Lo hago por conservar ese legado de memoria artística que representa una cuidada recopilación del trabajo autoral de un fotógrafo, pero sobre todo, porque he aprendido el valor de comprender el mundo de la imagen a través de la visión de otro creador. Porque un libro fotográfico no es solo la historia del fotógrafo en imágenes, sino del mundo que le tocó vivir y la época que observó con atención. De manera que siempre será enriquecedor comprender la construcción del lenguaje visual a través de ese proceso de maduración que todo fotógrafo sufre a través de sus reflexiones sobre la imagen y su repercusión. Un reflejo de esa transformación individual que todo artista y creador expresan a través de su simbología personal.

El profesor Nelson Garrido fue el primero en darle nombre a esa obsesión mía por los libros autorales de fotografía. En una de las memorables clases del curso “Experimental I” que tomé en la institución que dirige, comentó que el gusto por el PhotoBook “prepara al fotógrafo para asumir el poder del lenguaje visual”. Un pensamiento curioso, pero sobre todo, muy parecido a esa sensación que siempre me transmitió analizar el trabajo de otro fotógrafo a través de sus imágenes más personales.

—Todo fotógrafo se mira esencialmente así mismo. Son voyeurs, como diría Newton, pero también son viciosos de la contemplación del mundo a través de su perspectiva — comentó. Levantó un libro de su escritorio: Los americanos de Robert Frank y recordé la combinación de fascinación y desconcierto que sentí al mirarlo. Mirar un trozo de historia ajena. Comprendí lo que el profesor Garrido quería decir — el tema fotográfico es voluble, el lenguaje fotográfico es permanente. Y entre ambas cosas, existe la consistencia de la mirada del fotógrafo. Esa que escudriña, expresa, comenta y analiza. La que elabora el concepto y se nutre de él.

Una idea preciosa que continué meditando meses después de escucharlas y que probablemente siempre tenga muy presente al momento de continuar analizando la fotografía como expresión del yo. Porque más allá del documento puro y del testimonio histórico, la imagen es de hecho intimo, una elucubración sobre lo que vivimos, asumimos como real y más allá, es parte de nuestra versión del mundo real.

La biblioteca del Fotógrafo

Hablar sobre libros de fotografía siempre será complicado, esencialmente porque la literatura fotográfica parece ser uno de esos temas donde existen tantos puntos que resulta casi imposible una opinión unánime con respecto a que libros o autores deben formar parte de la biblioteca del fotógrafo. No obstante y a pesar de la posible — inevitable — polémica, parece existir cierta visión general sobre cuales son los llamémosle, volúmenes imprescindibles que todo amante de la imagen debe al menos hojear una vez. Como siempre, me dediqué a preguntar y a escuchar opiniones de algunos de mis profesores y fotógrafos, hasta lograr una lista de nombres lo suficientemente amplia como para ser debatible. Y de esa recopilación puede interpretarse que la visión fotográfica abarca no solo la documentación de la realidad en imágenes inmediatas sino una manera de crear.

¿Y cuáles son los libros que forman parte de esta pequeña colección ideal que todo fotógrafo debe tener? Los siguientes:

“Ejemplos: El cómo se hizo de 40 fotografías” por Ansel Adams

Ansel Adams, además de fotógrafo era un gran investigador de la técnica fotográfica y parte de ese talento para la investigación y la creación, lo recopila en una interesantísima colección de libros técnicos donde además de incluir sus meticulosos análisis sobre la imagen y la elaboración del lenguaje fotográfico, muestra una visión de la fotografía como expresión elemental de la realidad. En este libro, además Adams analiza con detalle las técnicas que utilizó desarrolló y la manera como las utilizó para crear varias de sus fotografías más conocidas.

“Henri Cartier-Bresson. ¿De quién se trata?”, Henri Cartier-Bresson y varios autores

Cartier-Bresson es considerado el padre de la fotografía moderna y con razón: sus fotografías meditan profundamente sobre el tiempo, la belleza de lo cotidiano e ideas trascendentales, expresadas a través de símbolos elocuentes. Así que tal vez, para comprender la fotografía como expresión formal de la realidad, sea necesario mirar la especialísima concepción del arte técnica del gran Maestro y este libro es una manera ideal de hacerlo: no es solo una de las selecciones más cuidadas del trabajo de Cartier Bresson sino que además, posee la particularidad de recopilar buena parte del trabajo personal del fotógrafo, lo que permite un análisis mucho más preciso sobre su visión de la imagen. Uno de los libros más exquisitos que he tenido el placer de leer y sobre todo, uno de los más poderosos en a la mirada fotográfica moderna se refiere.

“Los Americanos”, Robert Frank

Robert Frank tiene el curioso honor de ser una leyenda fotográfica de lo cotidiano y es que su trabajo autoral se encuentra profundamente vinculado a esa nueva definición que brindó a la America profunda y desconocida que logró a través de su trabajo. Luego de ganar una beca Guggenheim en 1955, Frank dedicó casi tres años en viajar por Estados Unidos para documentar la identidad Nacional — o al menos era su intención — pero lo que logró fue algo mucho más extraordinario: brindar una nueva interpretación al gentilicio Norteamericano y sobre todo, al llamado “Sueño Americano”. Un análisis de la sociedad más allá de los esquemas culturales y sobre todo, a través de esa mirada escudriñadora que solo el lente de la cámara puede brindar.

“Berenice Abbott”, Berenice Abbott:

Como fotógrafa, Berenice Abbott analizó el mundo desde una perspectiva personal y es que sin dudas, sus imágenes retratan el mundo desde una perspectiva impecable, exquisita e innovadora. Porque Abbott, con su mirada metódica y su reinvención de la expresión fotográfica, encontró una forma de expresar ideas en imágenes que hasta entonces, había sido desconocida: la imagen que insiste en elaborar conceptos complejos a través de imágenes sencillas. Y es que tal vez se deba que para Abbott, la fotografía representó una recreación del mundo y una idea curiosamente personal sobre lo que consideraba hermoso. Desde sus bellos paisajes urbanos hasta sus famosas fotografías científicas, Berenice asumió la fotografía como una elaborado lenguaje personal.

“The Family of Man”, Edward Steichen (editor), Carl Sandburg (colaborador)

En 1955, Edward Steichen llevó a cabo en el MoMA de Nueva York lo que se llamó “La mejor exposición de fotografía de todos los tiempos” y el titulo no parece ser exagerado: Con más de 500 fotografías de Dorothea Lange, Robert Capa, Cartier-Bresson, Margaret Bourke-White, Edward Weston, Eve Arnold, Irving Penn y Bill Brandt, entre otros 273 fotógrafos reunió la memoria histórica mundial en una asombrosa selección de imágenes inolvidable. Este libro es la reproducción de la muestra y además incluye una detallada visión sobre la puesta en escena itinerante que se llevó a cabo unos meses después y que incluyó buena parte de los países del mundo. Una visión elocuente del valor de la fotografía como fenómeno cultural y además, como una poderosa herramienta de comunicación emocional.

Como siempre insisto, ninguna lista sobre temas tan debatidos como este estará completa nunca, pero aún así, creo que esta pequeña selección bibliográfica es una manera es lo suficientemente completa como para brindar una visión del mundo complejo y siempre en evolución del Photobook.

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