Adicta a él

Parte 1 de 2

Me gusta, siempre me ha gustado, la verdad es que es mi debilidad. Nunca jamás me ha pasado esto con ninguna otra persona, nunca jamás me ha resultado tan difícil resistirme a los encantos de alguien.

6 años hace ya que nos conocemos y cuando le vi no pensé que esto iba a ser así. Pasamos de los típicos “hola, ¿qué tal?” de cada día seguidos de conversaciones insustanciales a unas ganas irrefrenables de estar juntos. Pero no, no buscábamos nada serio, los dos sabíamos que no, sentíamos una atracción enorme el uno por el otro, teníamos claro que no solo era una atracción sexual, pero tan claro como que nunca podríamos ser nada más que amigos especiales.

Si el día tiene 24 horas, nosotros nos pasábamos 15 horas hablando. Cuando teníamos que irnos a dormir nos llamábamos para despedirnos y quizás, intentar hacer más larga la despedida.

Era especial, era increíble, y si alguien me preguntase por qué, no tendría una respuesta válida, simplemente porque sí, porque así lo sentía y así lo sigo sintiendo.

Él no está cerca, rara vez lo está, pero me gusta sentirle cerca.

Me gusta poder verle, aunque quizás no le mire todo lo que debería, si pudiera asegurarme de que él no me ve, podría pasarme horas contemplándole, solo así dejaría mi timidez atrás y podría mirarle como debería hacer cada vez que tengo la oportunidad de estar a su lado.

Él es tan diferente a mí, él no desaprovecha el poco tiempo que pasamos juntos, él me mira todo lo que quiere, me toca, pasa sus manos por mi espalda… Se aprovecha de mi timidez, le gusta que me cueste hablarle sin parecer tonta, le encanta volverme loca y sabe perfectamente cómo conseguirlo.


Hoy era uno de esos días en los que tenía que la oportunidad de estar cerca de él. Hoy he decidido no dejarme llevar por la timidez y dejarme llevar por lo que siento y solo frenar cuando me parezca que lo que hago es incorrecto.

Le he visto, he bajado en la parada de autobús donde habíamos quedado y ahí estaba, esperándome, observándome de lejos, mirando como bajaba del autobús y como con una media sonrisa, que delataba mi timidez, me acercaba hacía donde estaba él. El corazón me latía muy deprisa, no puedo controlar la atracción. Al principio me cuesta mirarle a la cara, pero no podía permitir que mi timidez se apoderara de cada corto pero intenso momento junto a él. No, esta vez no. Me decido a mirarle y justo nuestras miradas se cruzan en ese instante, no puedo soportarlo, en cualquier momento sobrepaso los limites así que decido bajar la mirada, me prometo controlarme la próxima vez que nos miremos, estoy segura de poder disfrutar cada momento a su lado, sin miedo a que pase algo de lo que después, una vez lejos de él, pueda arrepentirme.

Hablamos, conversaciones poco importantes, pero reímos. Le toco el brazo y poco a poco bajo la mano hasta tocar la suya. Durante unos pocos segundos caminamos por la calle cogidos de la mano, decido quitarla, no estoy segura de lo que estoy haciendo.

Seguimos andando, intentando seguir conversando como si aquello no hubiera pasado, pero se nota la tensión. Intento no prestarle atención a los latidos de mi corazón que se habían acelerado después de lo que había ocurrido.

Llegamos al Centro Comercial, ese era nuestro destino desde el principio. Entramos en una tienda de libros, es una de las cosas que tenemos en común, es una de las cosas que me parecen atractivas de él, sin tener en cuenta lo que es obvio. Miramos libros, comentamos, nos recomendamos otros, y así pasamos un buen rato, andando por la librería, rozando nuestras manos sin querer, o queriendo tal vez. Cada vez más cerca y mis pulsaciones subiendo.

Llegamos a zona de descanso y nos sentamos en el mismo sofá, muy pegados. No lo pude evitar así que apoyé mi cabeza en él. Me abrazó. Quería estar segura de lo que hacía en todo momento. No pasó nada más, él y yo abrazados durante horas, hablando, haciéndonos reír, pero abrazados, siempre juntos.

Volvimos a la parada de bus donde nos habíamos visto por primera vez aquel día y nos despedimos. La despedida es intensa, siendo sincera del todo, no quería irme de allí, no quería alejarme de él. Pero sabía que así tenía que ser. Nos volvimos a abrazar, no sabría decir el tiempo que estuvimos abrazados, quizás fueron horas o minutos, no lo sé. Solo pensaba en cuando le volvería a ver.


Ya estamos hablando para volvernos a ver, miércoles, supongo. Estoy confusa, no sé exactamente que quiero con él, lo que sí sé es que quiero verle y cuanto antes mejor.

Nos veremos el próximo miércoles. No sabemos dónde iremos, ni que haremos, solo sabemos que volveremos a estar juntos.

Entre broma y broma hemos quedado en ir a su casa y quedarnos allí toda la mañana. Perfecto, es genial…o no. No sé qué quiero hacer, no quiero que cada uno tenga intenciones diferentes, no quiero que lo nuestro, sea lo que sea, termine por un malentendido.

Hablamos mucho, sigo sin saber que busco, sé que si terminamos mal es culpa de mi confusión, tengo que saber que quiero.

No me importa, ahora no puedo pensar en eso, al menos no aún, ahora solo pienso en verle y poder estar otra vez con él.

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