Aguante Baskonia carajo

Baskonia, fuera de la copa, está marcado por las exigencias económicas, el aforo del pabellón y los resultados. Todo ello ha desembocado en un cortoplacismo que quebranta el estilo que le encumbró. En las cenizas ha encontrado un equipo con filosofía y futuro ¿lo aguantará?

Nuestro éxito no consiste en no caer nunca sino en levantarnos cada vez que caemos

La Copa del Rey se disputará sin Baskonia. Un fracaso. Un paso atrás más. ¿Hasta cuándo? Tras la infame primera vuelta es difícil saber dónde esta el suelo. Toda una vuelta sin ganar fuera de casa. 19 jugadores y dos entrenadores en estos 5 meses. 33 jugadores en tres años. 50 en cuatro años. Baskonia camina por el desierto de los resultados. Indomable, se retuerce negando su suerte. Propone soluciones increíbles, como la de los jugadores ex-NBA, y ficha y corta sin medida. Mientras el club dice y hace lo que sea para ilusionar a los aficionados que frustrados se alejan del pabellón. Tan encomiable como frustrante.

Todo esto se gesta algo antes de la famosa refundación pensada para detener la cuesta abajo. El lema es ahora mismo una explicación que no aclara nada. Ha resultado efectiva como arma arrojadiza para el cobro de revanchas y como un fuego de artificio del tamaño de Lamar Odom. La esperanza de un futuro brillante se ha transformado en un largo desencanto para el aficionado al que se le han marcado altas expectativas.

“Intuyo un gran Baskonia en breve. Uno de los mejores de su historia.” Josean Querejeta, Revista 5+11 Nº13 (2013)
“Vuelve el carácter”. Portada Revista 5+11 Nº15 (2013)

El aficionado medio viene recibiendo, especialmente en los últimos tres años, un producto envuelto en llamativo celofán, que aparenta lujo, pero que acaba por no serlo. Ni juego ni resultados tras muchos años en esa tren comiendo caviar. Baskonia había establecido un modelo de gestión, la del éxito, que la crisis ha echado abajo. Baskonia no está acostumbrado a los reveses. Por tradición, idiosincrasia y carácter no se consiente el fracaso. Siempre pasa factura. No se permiten errores y los resultados han de ser inmediatos. Esa forma de ser, exigente e impaciente, se ha impregnado en muchos aficionados baskonistas que abjuran de su equipo entre los debates y las dudas que conllevan los malos resultados. Les falta paciencia y perspectiva porque nuestro juego no es otra cosa que la consecución de innumerables momentos llenos de éxitos y de fracasos. Pero el club tampoco ayuda porque, ahora que las cañas se vuelven lanzas, esa autoexigencia se ha vuelto impetuosa y cortoplacista mientras todos aquellos que se sintieron injustamente facturados señalan con el dedo.

Se habla y se repite la enorme cantidad de jugadores que han pasado por Vitoria-Gasteiz pero no de cuántos se han ido de Vitoria a jugar e ingresar mejor. Para Baskonia han jugado los mejores jugadores jóvenes FIBA. De hecho, sigue acertando en la elección de los mismos. Entonces, ¿por qué esta cuesta abajo? Porque deportivamente se ha perdido la marca del club y no se ha acertado con los jugadores que complementan a las perlas que sigue atesorando el equipo. A pesar de la clarísima pérdida competitiva, las aspiraciones siguen siendo las mismas. El establecimiento de objetivos y por lo tanto la no satisfacción de las expectativas es otro quid.

Josean Querejeta ha apostado por la Euroliga como principal sistema competitivo futuro. Esto supone, hoy en día, un veneno que Baskonia toma en pequeñas dosis confiando en inmunizarse. Jordi Bertomeu apuesta por las grandes ciudades y equipos económicamente saneados para formar parte de este club de elite. Para acreditar este último requisito, la Euroliga exige a los clubes ser empresas corrientes y acreditar dicho equilibrio de manera anual a pesar de que el ciclo baloncestístico es un ciclo a medio plazo. No importa el pasado, el proyecto, los títulos ni la trayectoria. Sólo importa el balance anual y la capacidad de generar recursos a través del entorno. En el actual top 16 de la Euroliga este es el panorama de equipos y ciudades.

Baskonia sería el equipo nº15 en cuanto a entorno poblacional del Top 16 (Fuente wikipedia)

Álava apenas puede competir con las posibilidades que ofrecen otros equipos cuyos entornos son Moscú, Israel, Estambul, Madrid, Barcelona… Así que Baskonia sólo puede presentar su candidatura manteniendo un balance económico dentro de los parámetros que pide Bertomeu mientras está una y otra vez en el Top 16. Antes, y como puntos a favor para entrar en este selecto club, es club fundador de la Euroliga y amplió el pabellón como si estuviera en Moscú, con las responsabilidades que ello le está suponiendo. En definitiva, el hecho es que la tabla de salvación económica futura del Baskonia, la Euroliga, es su principal cruz deportiva. Ahora bien, ¿cómo encaja la filosofía baskonista de competir en toda ocasión con un sistema económico en depresión, cosechando malos resultados, con un pabellón enorme y que todo ello resulte un balance equilibrado? Pues mal, francamente mal. Lo que ha hecho es promete competitividad y estabilidad en la élite mientras saca y vende jugadores a destajo.

El club acierta, es lo que tiene también fichar mucho, con los jugadores de proyección. Sin embargo, el modelo de gestión que ha adoptado Baskonia para esta etapa impide a los jugadores tener un impacto satisfactorio en el equipo porque acaban traspasados al mejor postor casi de inmediato para postrarse al control anual de las cuentas. Las expectativas son tan altas, los jugadores con talento tan jóvenes y los jugadores complementarios tan mediocres que resulta imposible cumplir la exigencia deportiva del club. Son jugadores de un abrir y cerrar de ojos. Juegan y si lo hacen bien se van y si no también. No sienten ni padecen. Se convierten en mercancía y Baskonia ya sólo es atractivo en tanto en cuanto ponga dinero encima de la mesa y no como lanzadera espacial.

Con el paso del tiempo y especialmente en las tres últimas temporadas, las necesidades económicas son más perentorias. Las etapas de los jugadores llamados a liderar al club más cortas con lo que no hay líderes, ni roles, ni identificación, ni una filosofía de juego identificable de una temporada a otra.

Bienvenidos al desierto. Un lugar difícil dónde nunca pasa nada. Una realidad por la que han pasado todos, absolutamente todos, los equipos de baloncesto del mundo por la que han tenido que bajar del podio, poner pie en la tierra de lo que antes se consideraba mediocridad y ver cómo desfilan del pabellón los seguidores de la victoria.

“Somos un equipo que ahora mismo tiene algunos problemas, tiene algunas deficiencias que estamos intentando solucionar… lo único que puedo decir a la gente que antes iba al pabellón y que ahora no viene, porque el equipo no es lo que fue antes, a la gente que viene y está pensando en dejar de venir porque sufre más que disfruta, incluso a la gente que no viene... que este es un buen momento para ayudar al equipo, evitando presiones del pasado, y si ellos están con nosotros todo será menos difícil.” Ibón Navarro.

Es toda una reflexión desértica y definitivamente entallada al peldaño baloncestítico en el que se encuentra ahora mismo Baskonia. El pasado ya no suma. El presente es todo lo que cuenta y el presente sólo mira hacia el futuro a no ser que nos empeñemos a atarlo al pasado.

“Saber olvidar lo malo es tambien tener memoria”. Martín Fierro

El fin del “carácter”, máxima expresión del Baskonia pasado, deja a Josean Querejeta su examen más complicado: renovar el grupo, aguantar a las fichuras, afinar en los fichajes de temporada y marcar perspectivas ambiciosas pero reales.

Su reto ahora está en la gestión de este momento (el desierto) una vez que ha demostrado que pocos le superan en la gestión del éxito.

Mike James es un portento físico

De momento no lo está consiguiendo. La primera vuelta del ejercicio 14/15 ha vuelto a demostrar un Baskonia con una peligrosa tendencia a las prisas y a la deslealtad a su marca. Otra vez renovación. Otra vez con ausencia de liderazgo cuando la gestión del éxito baskonista ha girado en torno a la figura del líder. Líder en la presidencia, líder en el banquillo y líderes en la cancha. Tres patas para sostener un éxito deportivo en una ciudad pequeña. Desde hace unas tres temporadas el proyecto sólo se sustenta en una. El líder es el capaz de influir en los demás. Josean Querejeta lo hace y con solvencia y es ahora mismo la única columna que sostiene a Baskonia.

El primer pilar en caer fue el del entrenador. En este punto, no debiéramos confundir la figura del líder con la del jefe. Yo mismo, unas lineas más arriba, acabo de hacerlo eso sí de forma consciente. Si bien Dusko Ivanovic, último entrenador con plena confianza, no es un líder in sensu strictu cumple un alto porcentaje de los requisitos la definición. Principalmente porque Dusko es un hombre de mando y empuje y no un entrenador de servicio que se pone por delante del grupo. Sea como fuere, ningún entrenador vale para Baskonia desde Ivanovic. Nadie es digno de liderar el banquillo baskonista porque se busca un conductor para un Fómula 1 cuando hoy lo necesario es un piloto del París-Dakar. Ibón Navarro sabe pilotar un coche, sabe qué hacer con él. Le falta conocer las trampas del desierto pero tiene la ilusión, el talento y la intuición para superar cada una de ellas.

En cuanto a los jugadores la impaciencia y/o la necesidad ha acabado con al continuidad. La enorme cintura que ha demostrado Baskonia con la sustititución de tantos y tantos grandes jugadores ha supuesto que el club no tema al cambio. Nunca le tembló el pulso en las permutas, especialmente por lesiones, pero la audacia en el cambio baskonista se ha atrevido con las piezas sensibles y durante la temporada en curso. Esto supone un terremoto muy importante en el plano deportivo. Roles decisivos y proyectos que se redefinen sobre la marcha. Esto supone que el jugador con futuro deja de tener impacto en el equipo y se traslada el peso del equipo al siguiente jugador asignándole prematuramente responsabilidades para las que no está preparado. Es entonces cuando se cometen errores individuales que impiden competir en grupo y que acaban en derrotas.

Los roles y el liderazgo se comportan de manera parecida. Si bien el rol ya viene definido por la trayectoria profesional, un técnico nunca sabe si realmente en el entorno de su equipo y en relación con el resto de jugadores puede desarrollar sus cualidades de la manera que tiene previsto. Es entonces cuando, una vez puestas las reglas y con el desarrollo de la competición, todo va encajando. Todo esto ocurre cuando se trabaja en tiempo y forma con un equipo. Pero es imposible establecer unos roles cuando por el equipo pasan 19 jugadores en diferentes tiempo de la temproada y se tiene la obligación de ganar desde el partido número uno y hasta el último.

Además los jugadores han cambiado. Otra reminiscencia del pasado. Permítanme recordarles los nombres de Laso, Bennett, Rivas, Perasovic, Scola, Splitter, Mickeal, Nocioni o Prigioni. Nocioni ha estado en esta última época. En efecto, Andrés Nocioni es un líder. Pero los líderes no son eternos, ni lideran donde quiera que vayan. Nocioni fue un líder en su primera etapa. Sin embargo, en la segunda el grupo nunca le sintió como líder porque sus prioridades, valores y comportamientos poco o nada tenía que ver con “el Chapu”. Los jugadores de ahora no comparten las máximas del Chapu: el trabajo incansable, el esfuerzo extremo, el grupo por encima de la individualidad o la imposibilidad de la resignación a la derrota. Son de otra manera. Eligen líderes con otros valores. Nocioni no deja de ser para ellos (pongan los nombres que consideren) un gran jugador pero demasiado implicado y extremista.

Otro tipo de jugador

Nemanja Bjlica y Thomas Heurtel son el ejemplo de los jugadores de esta época. Clase y calidad fuera de toda duda pero con otra relación con el baloncesto. Suponen ese pedazo de oro que surge al filtar el agua en el cedazo. Pero se recubren con un caparazón que termina en una distante y tirante relación con el club y aficionados. A pesar de que su juego sí lo es, su carácter no es el de un líder. No quieren influir en los demás a pesar de ser referencia dentro del grupo. Apenas se conoce su opinión tampoco y tampoco demuestran visión de futuro. Introspectivos, la sensación que transmitían es la de cumplir consigo mismo y sus enormes habilidades y si no era así, no pasa nada, habrá otra oportunidad dónde sea.

Aguante Baskonia carajo. De nuevo Baskonia ha enderezado un equipo desastroso. La llegada de Begic, James y Adams y la dedicación de Ibón Navarro ha conseguido convencer, implicar al resto de jugadores en este proyecto más equilibrado y con muchísima continuidad. Tras numerosísimos cambios se ha encontrado jugadores que definen un estilo, maravilloso por espectacular. Quizá estos jugadores podrían indentificarse con al afición y construir un futuro competitivo a medio plazo. Yo creo que sí. Son jugadores que dan victorias, quizá aún no estén para disputar títulos, pero bien valen una entrada.

Se adivina una futura columna vertebral capaz de levantar de la silla de ruedas en la que se encuentra Baskonia. Se necesita algo de tiempo. Se necesita paciencia. Si Baskonia apuesta, supongo que con muchos quebraderos de cabeza, por estos jugadores a medio-largo plazo creo que Bskonia volverá. En Vitoria no se piden títulos y sí victorias a base de entrega. Si a este equipo, al que ganaba al FC Barcelona anotándole 103 puntos se le añade una o dos piezas de rol sería extraordinario. No hablo de jugadores con proyección, ni con un pasado, hablo de jugadores que cumplen su trabajo sabedores de lo que hay que hacer y de lo que no pueden hacer.

Baskonia tiene el producto, tiene un equipo rápido y anotador. Es divertido. Tiene jugadores de proyección y jugadores dispuestos a rendir dentro de su rol. Tiene baloncesto en cuanto pula ciertos errores sin quitarle un ápice de esta personalidad. Siempre y cuando se le permita la paciencia al tiburón contable. Aguante carajo Baskonia.

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