Al fondo del Templo de Tutmosis

Hacia 1927, y en esta sala hipóstila del Templo de Tutmosis III de Karnak, se inmortalizó Sir Andrew Bishop Coleman* —a la derecha— junto a Ruin Legrain, Inspector Jefe de las Excavaciones de Karnak, y una enigmática joven. La toma de la instantánea se produjo momentos después de una secuencia de hallazgos que suscitaron tremenda polémica en la comunidad científica del momento. En primer lugar, Bishop tuvo que reformular su Teoría sobre la Jirafa Bicéfala, ya que no sólo provenía del Serengeti, sino que tuvo patente presencia en Egipto —como muestran los jeroglíficos de la imagen—. En segundo lugar, Bishop y sus acompañantes descubrieron cómo trataban los antiguos egipcios a sus cadáveres. Lejos de las teorías que se conocían hasta el momento, esta salvaje cultura no ponía ningún cuidado en la conservación de sus muertos que, someramente eviscerados, eran secados al sol y después introducidos en el hoyo con las piernas replegadas y con la cabeza apoyada en las rodillas. Y no solo eso… después de que Bishop inspeccionara más profundamente al intercepto antepasado, descubrió —para revoltijo de sus tripas— cómo el dedo índice de la mano izquierda del susodicho estaba introducido en la cavidad nasal, a la par que el dedo corazón de la mano derecha se hallaba penetrante en cavidad anal. ¡Qué horror! —se dijo Bishop—. No salía de su asombro ante tal hallazgo, cuando levantó la mirada y la cruzó con la joven que le acompañaba —la enigmática mujer que aparece en el centro de la foto—. Constance Perséfore, una mujer adelantada a su tiempo, fue la principal inspiradora del científico. Además de su benefactora, sin la cual hubiera sido imposible realizar investigaciones como: La jirafa bicéfala, El Homo Cuasierectus y El enigma de las 7 piedras, entre otras… La tal Constance era una mentalista de mundo, y es en esta pirámide donde mostró a Bishop sus poderes, que el científico aplicó al PCEECEECSM (Proceso de Creación de Energía Eléctrica a través de la Concentración y los Silogismos Mentales). Dicho proceso cognitivo, desconocido hasta la fecha, se basa en un «quiero y no puedo» constante. Es decir, si uno quiere y cree que no puede, debe querer, querer, querer; y al final, termina pudiendo. El fenómeno llega a tal punto que —como se puede apreciar en la foto— se te encienden las yemas de los dedos. Increíble pero cierto. Bishop se quedó tan perplejo ante este descubrimiento, que casi se le salen los ojos de las órbitas, sin atreverse a decir nada más que aquellas famosas palabras que pasaron a la Historia: «Pareciera talmente encantamiento».

Dra. Morangas. Universidad de Zurich.

* Sir A. Bishop Coleman (1869–1945) nació en la ciudad de Londres en el seno de una familia aristocrática. Su carácter aventurero y su inquietud investigadora le llevaron a emprender a lo largo de su vida numerosos viajes por el mundo en los que desarrolló toda suerte de extraordinarias teorías. Fue, sin duda, uno de los científicos más extravagantes de la primera mitad del siglo XX.