Crónicas del seriéfilo neurótico

Algunas reflexiones apresuradas sobre #Westworld

(Con spoilers directos sobre el capítulo ocho)

Con el capítulo ocho, finalmente la historia de Westworld revela varios de sus secretos mejores guardados, incluyendo la discutible línea temporal. Ordenada las fichas, el tablero se empieza a mover en una dirección muy concreta: Hay vida para los robots más allá de los límites temporales del parque.

Hay dos líneas temporales

Y el guión lo demostró en dos sutilísimas y bien armadas escenas. La primera, muestra a Ángela —nuestra anfitriona del capítulo dos— como una de los robots más viejos del parque, incluida en la línea temporal de Teddy y el hombre de negro. De hecho, en palabras de este último, el «reciclaje
 es de data reciente. «¿Todavía estás aquí? Supongo que Ford no desaprovecha una cara bonita». Además, la trama encaja en perfecta sincronía con la disparidad del logotipo Westworld en dos puntos definidos de la serie (con dos bises transparentes para recibir a William y el más moderno, de diseño mucho más refinado, que se utiliza en la aparente línea temporal actual).

Lo que oculta la tierra

La segunda prueba está en el pueblo oculto tierra que William y Dolores encuentran en su recorrido por las regiones inexploradas del parque. El hallazgo incluye descubrir la estructura primitiva creada por Arnold y que como ya se sospechaba, tenía una relación directa con las sucesivas reprogramaciones de Dolores. Unos minutos antes, Charlotte Hale había comentado a Lee que «Ford llevaba a cabo una narrativa nueva y estaba tan adelantada como para haber desenterrado un viejo pueblo perdido». Además y como si ese pequeño guiño de información no fuera suficiente, Ford ya había mostrado que recuperaba regiones completas del parte, ocultas bajo la arena. En la última escena del tercer capítulo, Ford mostró la espina de una Iglesia oculta bajo tierra: la misma espina oblicua que apunta en el pueblo que Dolores llama «casa».

Las mil muertes de Dolores

Otra importante revelación del capítulo ocho, fue la manera en que Dolores fue parte de la tentativa de Arnold por sabotear el parque. En una larga secuencia ampliada, asistimos a la misma escena flashback del parque primitivo que ya mostró Ford en el capítulo cuatro: Los robots más antiguos realizan rutinas simples para después sufrir un ataque certero y violento. Dolores (o su anterior versión) es el catalizador de toda la intención primaria de Arnold de destrozar el parque desde sus cimientos.

El dolor que yace en la oscuridad

¿Por qué Arnold decide destruir el parque? El capítulo ocho también brinda pistas muy directas sobre el tema y apunta a una dirección concreta: la culpabilidad. Según lo que se puede concluir de la extraña conversación que sostiene Richard Ford con Bernard poco después de la muerte de Theresa, Arnold de pronto asume su papel como creador de organismos independientes, tan complejos como para asistir a su propia génesis de emociones. Y lo hace desde el dolor de la pérdida y la devastadora conciencia del hecho que cada uno de sus robots tienen la posibilidad de asumir por si solos un nivel muy sofisticado de autoreconocimiento. En un elegantísimo monólogo, Ford explica al perplejo y atormentado Bernard, que su mera existencia es instrumento para lograr toda una nueva e infinita belleza en lo tocante al universo emocional de los robots. Y que esa percepción de anomalía (¿Qué nos diferencia? pregunta Bernard mirando a Ford con un humano dolor) construye una nueva dimensión de lo que el robot puede ser. Como un eco de Arnold, Bernard brama de angustia un «arrasaré con todo». ¿Lo hará eventualmente?

Todos los rostros de Maeve

Maeve por supuesto, es el elemento clave de un capítulo duro y que brindó una profundidad desconocida al personaje. Los constantes flashbacks sobre su «muerte» previa junto a su pequeña hija no son casuales. El capítulo ocho nos revela que autoconciencia de Maeve no es un fenómeno reciente, sino de hecho una evolución que fue descubierta —¿cómo no?— por el Hombre de negro. Durante la durísima escena en que ataca a Maeve, describe con precisión lo que llamó una «chispa de vida», lo que plantea toda una serie de cuestionamientos con respecto al proceso actual que Maeve atraviesa. ¿Se trata de una reacción semejante a la que provocó Ford en Bernard pero de naturaleza espontánea? ¿Está al alcance de cualquier anfitrión del parque la sutil evolución de la conciencia hacia algo más complejo? La revelación incluye una serie de secuencias que parecen demostrar que la «anomalía» en Maeve es mucho más intrincada y perdurable que un mero «error» de actualización. Una y otra vez Maeve se resiste al «consuelo» de la desmemoria e incluso se agrede a sí misma en una especie de catarsis violento del sufrimiento emocional —real y tangible que atraviesa.

Además, Maeve recibe —gracias al ambiguo y torpe comportamiento de Félix— una capacidad inédita: reescribir las líneas argumentales del resto de los anfitriones por el medio físico del comando de voz, de la misma manera en que lo hacen cualquiera de los técnicos del parque. Como si eso no fuera suficiente, Félix suprime del mainframe de Maeve uno de los elementos imprescindibles para mantener el delicado equilibrio del parque: la incapacidad para hacer a los huéspedes. Como demostraría Maeve de inmediato la sutil transformación cambia las prerrogativas de poder. Esta aptitud recién «descubierta» de Maeve (junto con el límite más alto de su capacidad de control) con toda seguridad le permitirá construir un escenario perfecto para lo que suponemos es un escape del parque, en compañía de un pequeño ejército de seguidores.

William, ¿eres tú?

Durante el largo periplo en pos de la pista del misterioso Wyatt (o mejor dicho el laberinto) Teddy y el hombre de negro se enfrentan en una inevitable encrucijada: los recuerdos de Teddy. Asediado por las imágenes del enigmático vaquero sin nombre golpeando a Dolores, Teddy somete lo somete para luego escuchar una larga serie de revelaciones que parecen confirmar de manera definitiva que el Hombre de Negro no es otro que William, en una línea temporal futura. En medio de una especie de confesión catártica, se describe como «Padre, esposo, filántropo» y además, habla sobre un largo matrimonio de más de treinta años —el mismo tiempo que lleva visitando el parque— y la traumática muerte de su esposa. No obstante, lo más intrigante es la descripción de una «personalidad» violenta y cruel que despertó sus sucesivas visitas al parque, una de las razones que provocaron una impensable tragedia familiar. En medio de la narración, El Hombre de Negro admite que el parque «lo cambió para siempre desde la primera visita» y que su hija «Emily» le habló sobre el «terror insoportable» que suponía su «su oscura vida secreta». Emily es el mismo nombre de la hermana de Logan, con quien William está prometido y el cual escuchamos por primera vez en el cuarto capítulo de la serie.

DELOS ataca de nuevo

La misteriosa corporación insiste en su intención de ¿preservar? ¿robar? ¿proteger? el mainframe del parque de las manos de Ford y lo hace, a través de la ambigua figura de Charlotte Hale, que lejos de amilanarse por la inexplicable muerte de Theresa, redobla sus esfuerzos por llevar a cabo lo que parece ser un plan maestro del que aún no tendremos demasiadas pistas. Luego de convencer a Lee sobre la necesidad de una línea narrativa que permita cumplir las instrucciones de la Corporación, Hale parece sugerir la posibilidad que intentará robar uno de los robots del parque. Con la absoluta colaboración de Lee y todas las prerrogativas de seguridad del parque a su favor, la probabilidad que lo logre es bastante alta. ¿Abrirá las puertas para lo que sea que planea Maeve?

Arnold, en la explanada

¿Se demostró en este capítulo que Arnold sigue vivo? Ya sabemos que intentó detener a Ford, que lo asume muerto o al menos sin influencia en el parque. Pero… también es evidente que las transformaciones de los anfitriones con severos desperfectos provienen de alguna parte muy cercana a su conciencia. Antes o después, la insistente voz de Arnold parece tener mucha influencia en la serie de desperfectos que están ocasionando la radical toma de conciencia en los anfitriones. ¿Qué le permite a Arnold —o la tecnología basada en su trabajo— seguir teniendo una influencia tan marcada en el parque? ¿Qué hace que tanto los anfitriones primitivos como los más modernos continúen «recordando» sus directrices? ¿Existe Arnold —o alguna pieza de tecnología que recoge y amplifica sus intenciones— en algún lugar del parque?

¿Hacia donde apunta el final de temporada Westworld? todavía el escenario no es muy claro, pero si lo suficiente para saber que Bernard será una pieza fundamental en lo que sea que ocurra. Más allá de eso, ya sabemos que en punto no muy distante —y no olvidemos quedan dos capítulos a marras— la serie que responder al menos alguna de las grandes preguntas que elaboró durante los últimos capítulos. ¿Logrará hacerlo?

Sólo resta por decir: Asimov estaría complacido de esta lenta repercusión de la autoconciencia definida a través del reactivo emocional.

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