Anaïs _ Tercera parte

(o la historia de Cómo se puede joder mi mundo en unos meses)

Para leer la primera parte _ https://medium.com/espanol/ana%C3%AFs-d3f2341e56f4

Para leer la segunda parte — https://medium.com/espanol/ana%C3%AFs-segunda-parte-60e24d6f3bf

Tercera parte Frankfurt _ …

Hola Max:

Acabo de llegar a Frankfurt. Ya comienzo a sentirme cansada. Además acabo de enterarme que tenemos compañía. No recuerdo cuándo fue el último momento que comí. O pasé por una regadera. Ahora te cuento. Sigo con toda la historia.

Ese día me dijo que NECESITABA el original de la pintura de Don Daniel. ¿Cómo para qué? Decía que podíamos hablar con su jefe porque estaba súper interesado en tenerla. Si claro, ya me imaginaba entrando a escondidas y robándome un cuadro más alto que yo. Le dije que lo iba a pensar.

¿No lo notaste en Nueva York? Yo estaba tensa como cuerda de violín cuando fuimos a cenar al Plaza. Pero estando contigo me hacía pensar que todo era posible. Me relajaba muchísimo. Hasta que se me ocurrió mencionar el maldito cuadro.

¿Cómo carajos iba a saber que tu amigo Little John era Juan García de FUSION España? Y ahora resulta que todo el mundo estaba enloqueciendo de poder por un pinche cuadro. Fue cuando me contaste por qué estábamos ganando tantas cuentas. Y a principios de abril iban a decidir los de la farmacéutica. Mierda, efectivamente, era magia. No sé si buena o mala pero algo tenía ese cactus. Me estabas espantando mucho. Fue cuando salimos a cenar con Juan ¿recuerdas? Sólo de pensar que Adrián y su jefe querían la cuenta de los fármacos por toda la pasta que les iba a dejar, y saber que nada bueno resultaría de dos gusanos que enloquecen de poder y se vuelven accionistas. Todo lo bueno que podía tener la publicidad, ellos lo estaban matando, jodiendo por completo. Se me revolvió la panza sólo de pensarlo.

Si debía robar una pintura que al parecer atraía fama y fortuna, no sería para ellos. Debía estar en algún lugar dónde no pudieran encontrarla. Las oficinas de Passeig de Gràcia sonaban el lugar perfecto. Little John me daba la confianza suficiente como para creer que estaría en un buen lugar. Ahora sólo necesitábamos planear bien las cosas para no joder nada: debía ‘tomarla prestada’ el miércoles 1 de abril. Si, Fool’s Day. Sonaba irónico. Y desaparecer por unos días. Me hablaste de las vacaciones que habíamos planeado. Eso sonaba increíble.

Y llegamos al Día D. Efectivamente, Adrián me habló desde NY. Me dijo que necesitaba urgentemente la pintura, claro, estaban a un par de días de decidir quién se quedaba La Cuenta de los Chochos. Le dije que se fuera derechito al carajo.

Todo mundo salió corriendo a disfrutar los días de asueto. Eran casi las 6 de la tarde. No había ni un alma en toda la agencia. Me preocupaban los de Seguridad. Busqué entre mis cosas algo para arrancar la pintura del marco. Había llevado un cutter, una navaja suiza y un machete por si acaso. Entré despacito y sin hacer ruido. Mierda, sentía que el corazón se me salía. Justo cuando estaba por llegar a la oficina, vi a Laura subiendo la puta escalera. Mierda. Mierda. ¿Qué hacía esa mujer a esas horas? Además ya se había ido, me lo dejó muy claro cuando me gritó a la mitad del pasillo que yo estaba loca. Traía un tubo de cartón en la mano. Por si las dudas, no solté el machete.

— Anais, creo que vas a necesitar esto… no te puedes llevar el Saguaro en las manos ¿Cierto?

Mierda, ¿cómo lo sabía? ¿quién le había dicho? Según yo, sólo tres personas en el mundo sabían que yo me iba a robar la pintura ese día. Fuck. Fuck.

— ¿Crees que te iba a dejar? Estás loca y eres insoportable pero… ¿no te das cuenta? ¿de verdad no sabes quien soy? Anais, Papi fue también el mío. Antes de que tú nacieras. Soy tu hermana

Fucking whaaaat? Seguía hiperventilando, todo me temblaba. ¿Qué diablos estaba haciendo? ¿Por qué nunca supe que tenía una hermana? Había mil preguntas y muy poco tiempo. El taxi llegaría en 10 minutos y yo debía estar afuera con la pintura. Sin que pudiera reaccionar, Laura tomó el machete de mis manos y me ayudó a desmontar el cuadro. La enrolló con cuidado y la metió en el tubo de cartón. Corrió por mi maleta, me dio la pintura y me dijo que bajaramos sin hacer ruido.

No contábamos con que el de Seguridad subió a ver si ya podía apagar las luces de todo el edificio. Cuando nos vio con un tubo de cartón y un machete en las manos, algo me hace pensar que no le dio mucha confianza. No teníamos tiempo de ponernos a explicar. Laura tomó un León de Oro y se lo estrelló derechito en la cabeza. Agarró un Effie en caso de que un golpe no haya sido suficiente.

— Anais, siempre me dijiste que hay gente que mata por un Cannes Lion, bueno, esto es llevar las cosas al punto literal… Ahora corre, tu taxi está abajo, le pedí que te esperara por unos minutos más, just in case… Mañana… Cuando puedas hablamos ¿vale?

Yo seguí en Modo Tonta. Nada de eso estaba planeado. Little John, tú y yo sabíamos que no sería fácil pero tampoco estaba en los planes que yo tuviera una hermana desaparecida. Me subí al taxi pensando que todo estaría bien. Adrián en NY no podía hacerme nada. Sólo quería subirme al avión y huir de todo eso.

— ¿Vamos al aeropuerto señorita?

— Si, por favor…

Ese tono de voz. Mierda. ¿Por qué Laura no me dijo que Daniel Camacho era mi chófer? Yo traía en las manos algo que le había robado vil y miserablemente. Y ahora estaba en un coche a merced de lo que se le diera la gana hacerme. Fuck. Fuck.

— Espero que tenga un buen viaje

— Mmm… ¿gracias?

— Y dígale a mi hermano de profesión, Juan, que agradezco todo lo que está haciendo por la agencia, por nosotros.

¿Él también sabía? Yo no era más que una mula. Alguien para trasladar un objeto de valor de un país a otro. ¿Por qué nadie me había dicho nada? ¿De qué lado estaban todos? ¿De qué lado estaba yo?

— Anais, An. Tu padre fue uno de mis mejores amigos. Cuando supe que te habías quedado sola en el mundo, supe que debía hacer algo por ti. ¿Por qué crees que eras la única trainée cuando llegaste? Descubrí con el paso de los años que efectivamente tenías ese don para hacer que las cosas pasaran. Y si tuviera que dejar la memoria de mi padre en manos de alguien, sin duda serían las tuyas. Haz lo que quieras con el paquete que llevas. Tú decide qué es lo que quieres. Ya viste todo lo que es capaz de causar, sólo recuerda que un gran poder implica una gran responsabilidad.

Y fue así que llegué al aeropuerto. Sigo con los nervios deshechos. Sólo quiero llegar contigo y dejar que el mundo arda todo lo que quiera.

Debo tomar el último vuelo.

Siempre tuya, Anais

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