Anteojos virtuosos para el optimismo

El pasado jueves 25 de agosto, invitado por el periodista Carlos Medrano, estuve en su programa de televisión. El punto de partida de la entrevista fue la responsabilidad y el optimismo, antídotos de la visión negativa en las que solemos caer con cierta facilidad. Era mi primera aparición en televisión. Ahora, con más calma, profundizo en algunas ideas solamente incoadas.

Recuerdo una historia que escuché hace mucho tiempo. Era una vez, una industria de calzado, que desarrolló un proyecto para exportar zapatos a la India. La gerencia envió a sus dos mejores consultores a puntos diferentes del país para hacer las primeras observaciones del potencial de compra de aquel futuro mercado.

Después de algunos días de investigación, uno de los consultores envía el siguiente mensaje a la gerencia: «Sugiero cancelar el proyecto de exportación de zapatos para la India. Aquí nadie usa zapatos».

Días después, sin saber nada del mensaje anterior, el segundo consultor escribe: «Sugiero triplicar el proyecto de exportación de zapatos para la India. Aquí todavía nadie usa zapatos».

La misma situación es contemplada desde puntos de vista diametralmente opuestos. Uno ve un obstáculo insalvable donde el otro contempla una maravillosa oportunidad. No sabemos más sobre ambos personajes. Sin embargo, suele existir una relación entre virtudes personales y la visión de la realidad, el ladrón ve a los demás de su misma condición dice el dicho popular.

Las situaciones más variadas de la vida son solamente espejos que reflejan nuestros propios pensamientos y virtudes. El optimismo es la coronación de muchas virtudes cultivadas con paciencia. No podemos evitarlo, vemos desde la óptica de nuestra propia realidad interior. El virtuoso, acostumbrado a través del esfuerzo cotidiano a cultivar su mundo interior, luego puede desplegar una intensa actividad en el exterior.

Para el perezoso, por ejemplo, todo se vuelve un obstáculo infranqueable. El perfeccionista solamente mira los «pelos en la sopa». Está más pendiente de los resultados que de hacer el trabajo con perfección, por amor. El vanidoso contempla las risas o censuras que genera su comportamiento.

En cambio para el fuerte los obstáculos se convierten en retos que superar. El enamorado pareciera que tiene alas en los pies que le llevan a volar sobre los obstáculos. El servicial no ve más que ocasiones de servir.

La visión positiva o pesimista, por otra parte, también influye en nuestras acciones. El optimismo rejuvenece nuestro esfuerzo por ser mejores personas. Nos ayuda a desarrollar virtudes reales; paciencia, buenos pensamientos hacia los demás, preocupación sincera por los problemas ajenos; que luego son como un río que rebalsa al exterior con buenas obras.

Por eso, el primer antídoto para el pesimismo es el conocimiento personal. Conocer nuestras cualidades y defectos nos llevará a enderezar las formas equivocadas de enfocar la realidad. El perezoso conocedor de su defecto dominante, por ejemplo, desconfiará del cansancio excesivo que suele justificar sus retrasos y abandonos. El impaciente consciente de este vicio, se esforzará en aprender a esperar, con fortaleza, los los frutos de su esfuerzo que parecen tardar.

Reflexionar con frecuencia sobre nuestras cualidades y errores nos ayudará también a evitar las excusas. Rechazaremos las disculpas fáciles llamando a las faltas por su nombre.

La labor de examen nos hará rechazar tanto las visiones negativas generalizadas como los entusiasmos desmedidos. Al esforzarnos por ver todo con humildad y realismo, estaremos más atentos a captar las situaciones desde diversos puntos de vista. Escucharemos a los demás y pediremos consejo para ser más objetivos en nuestras apreciaciones.

El optimismo nace del esfuerzo de encontrar la verdad que en la realidad se encierra. Nace de la fe en un Dios providente que nos cuida y dispone todas las cosas para bien. El verdadero optimismo no cierra los ojos a los problemas reales, tampoco a los múltiples dones que recibimos a diario. Nace de individuar las causas de lo que está mal y o puede ser mejorado.

Este optimismo vital ayudará a tener paciencia con lo que está fuera de nuestro radio de acción y en cambio poner manos a la obra para remediar lo que sí está en nuestras capacidades. Nos hará desconfiar de las visiones negativas generalizadas. Sobre todo, hará que evitemos preocupaciones innecesarias, estando ocupados en transformar poco a poco la realidad que nos rodea.

Desafíos para poner en práctica

Optimismo

  1. Escribe a diario tres cosas positivas por las que tendrías que agradecer.
  2. Has un acto bueno de audacia cada día.
  3. Examina tu día por la noche. Escoge una pequeña acción que corrija un defecto personal.
  4. Realiza una obra de servicio al día. El optimismo nace de ser generoso con lo demás.
  5. Mira los problemas como oportunidades para crecer. Concreta la forma de superar el problema que más te preocupa.

Juan Carlos Oyuela @jcoyuela

Publicado en eticaysociedad.org. Tegucigalpa, 28 de agosto de 2016.