Aquí seguimos

No han habido más artículos a causa de la escasez de temas que requieran explicaciones, imagina, lo más novedoso hasta hoy es una canción de Luis Fonsi con Daddy Yankee. Pues me toca volver a hablar del país.

Bendito país.

Mira la fecha que es y aún no hemos tocado fondo. Aún no se ha acabado esta vaina. Aún Venezuela no ha llegado al llegadero. Una vez dije que a los países no les pasa nada de eso. Los países se enferman pero nunca mueren a diferencia de sus ciudadanos, y no sólo por enfermedad, crimen, accidentes; conocemos cada vez más distintas formas de morir, y entre todas las que no son definitivas está la muerte de nuestra naturaleza humana, esa que cada día se degrada más en los seres más vulnerables. Es doloroso ver cambios tan repentinos en personas cercanas, en otras que conocemos sólo de vista, en personas que no reciben ayuda ni instrucciones. Es triste ver a un humano alegrarse por poder comprar un pan, uno de los primeros alimentos conocidos en el mundo. Alegrarse por ver una crema dental con una caja de diferentes colores. Es triste percibir personas viendo cosas cotidianas con la impresión de sus vidas. Vidas que precisamente están quedando en cosas como esas. Y no tenemos ayuda.

A veces entre tanta sensibilidad perdono a todos aquellos que eligieron una vía que no funcionó. Porque al día de hoy la mayoría de esas personas con aires de derrota no expresan opiniones, no defienden legados, no cantan consignas, simplemente caminan resignados aceptando que todo esto que nos está pasando tiene culpables. Nombres y apellidos. Y ellos los conocen, votaron por ellos bajo un lema de revolución, socialismo y otros términos que de los que no tienen idea. Los personajes, por su parte, siguen gritando cantos de batallas, siguen hablando de historia pero sólo la parte que les conviene, siguen aclamando líderes, siguen gritando Chávez, El Che y Fidel, pero sólo para seguir allí. Realmente no les importa, no les interesa nada de eso que exhiben. Lo hacen para mantener a unos pocos de su lado y mantener su libertad a lo ilícito para mejorar su mundo. Volvamos al primer párrafo: las ideologías también mueren.

Llevo años leyendo que vivimos en una dictadura y siempre me negué a reconocer ese término. Fue un mal reconocido:

  1. Escoge a cualquier persona por ahí y pregúntale cómo ha hecho para viajar, dentro o fuera del país. Si ha estado fuera, dile que te narre cómo le trataron los funcionarios en otros países y qué le dijeron cuando supieron que venía de Venezuela, qué consejos le dieron. Verás como se aprecia una dictadura desde afuera.
  2. Ayer pude ver una triste y deplorable página que me especificó todas las compras de productos básicos que he hecho desde el 2013. Con fecha, hora y lugar. Sé a qué hora compré un champú el 26 de julio del 2013. Ellos también lo saben.
  3. Mira Caracas, mira las colas, muchas de ellas son para consignar un pequeño carnet que dicen por allí, «te garantizará de muchos beneficios».
  4. Hoy vi personalmente en las paredes de una oficina de un ente del estado letreros que decían «Aquí no se habla mal de Chávez». Qué innecesario, ¿quién puede hablar mal de él?
  5. Podemos enumerar millones.

Así que, te controlan, te identifican, te rastrean, te prohíben, te callan (literalmente, no hables mal de ese carajo), y te matan. Pero aún hay quienes podemos ver esto y enmarcarlo.

La vida e integridad de un ciudadano debe ser lo más sagrado que deba existir, debe respetarse y luchar por su mejora, siempre podemos mejorar. Siempre podemos crecer y seguir ayudando. Ya esto no se trata de política o ideologías, se trata de nosotros como personas. Respétennos. Respétense ustedes.