Aquello de sentirte incómoda

La historia

Necesito un taxi a una hora determinada: 3.30 p.m.

El taxista llega media hora antes: 3:00 p.m.

Soy de las que llega a las citas unos 15 minutos antes siempre, y ese tiempo no lo tomo como espera pues ese tiempo yo misma me lo he impuesto. Me hace sentir bien. Lo que no hago es llamar a la persona que estoy esperando para decirle que yo llegué antes y hacer sentir a esa persona bajo presión.

El taxista me llama y me dice que ya está abajo. Le digo que la hora pautada era a las 3:30, que estoy comiendo. Me dice que me esperará.

No sé ustedes, pero la idea de tener a un señor de más de 70 años en una camioneta casi nueva estacionado en una boca calle (en este país) me hace sentir presionada, estresada.

Termino de comer y bajo.

Encuentro al señor durmiendo. Lógico, se aburrió, pero ¡qué peligro!

Toco el vidrio, me abre la puerta. El saludo de rigor. Ya el señor me ha hecho la diligencia de llevar y traer en otras oportunidades.

Me vuelve a decir que tiene media hora esperándome, le digo que pautamos a una hora exacta y que por favor, no vuelva a llegar tan temprano porque me incomoda. No me gusta pensar que puede pasarle algo mientras espera. El señor, en tono irónico y molesto, me dice que la próxima vez llegará media hora antes, pero no me dirá nada. Es decir, él se puso incómodo...


Sí, da risa. Yo me hubiera reído si escucho el cuento, pero el punto es que en vez de pensar en mis palabras de cuidado hacia su persona, él se incomodó. 
El punto es que tengo que dejar de sentirme incómoda yo para que los demás no se sientan incómodos…

Y esto va desde el taxista al que le pides que no ponga el aire acondicionado tan frío, el taxista al que le dices que esa no es la mejor ruta a tomar, los que te atienden mal en la recepción de un local. Simplemente, aquello de sentirte incómoda, incomoda a los demás.

¿Son ideas mías o todo es un absurdo?

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