Como es arriba es abajo

No soy físico. Entiendo de esta materia lo mismo que cualquier persona con una formación media y un poco de curiosidad puede entender. Aclaro esto porque lo que viene a continuación no es más que una reflexión propia fruto, precisamente, de esa curiosidad que hace volar el pensamiento. Sin ella no existiría la física, como tampoco existiría este texto.

En el primer capítulo del estupendo libro 7 breves lecciones de física, su autor, Carlo Rovelli, cuenta el enorme salto que supuso descubrir que no existe diferencia entre el «espacio» y el «campo gravitatorio» sino que ambos son lo mismo. Más adelante, en el último capítulo del mismo libro, el autor cita a Spinoza para hablar de la imposibilidad de distinguir entre el «yo» y «las neuronas de mi cerebro». Los dos, dice Rovelli, también son lo mismo.

La escala de ambos hechos es distinta pero se intuye cierta correspondencia entre ellos. Lo que ocurrió en un nivel superior, por tamaño, como es el universo, sucedió también en otro inferior, el del ser humano: dos cosas que se creían distintas resultaron ser lo mismo.

En El Kybalión, un libro escrito en el siglo XIX que resume las enseñanzas del hermetismo, aparece una sencilla frase, con una profunda idea detrás, que nos hace pensar que esta correspondencia no es casual: «Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba». Todo lo que ocurre tiene un equivalente en todos los niveles. La Tierra gira sobre sí misma, la Luna gira alrededor de la Tierra y ambos giran alrededor del Sol que a su vez gira, con todos los planetas alrededor, dentro de nuestra galaxia. Hay fuerzas que atraen a los planetas entre sí igual que hay fuerzas que mantienen unido el núcleo de un átomo. Mismos hechos, distintos niveles. Los ejemplos son muchos.

Esa frase fue escrita mucho antes de que se descubriera que todo en el Universo está hecho de la misma materia y que las mismas leyes actúan sobre todo lo que hay en él. Pero podemos remontarnos más atrás para descubrir que esa intuición llevaba con nosotros muchos siglos. En el Templo de Delfos, construido varios siglos antes de Cristo, puede leerse la inscripción: «Conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses».

Nuestra curiosidad nos ha llevado a explorar el Universo en busca de respuestas que, quizás, ya tengamos nosotros mismos. También nuestra curiosidad ha hecho que nos observemos intentando responder a las grandes preguntas que nos hacemos sobre nuestra existencia. Quizás sea el Universo el que las conteste.

Las investigaciones y los descubrimientos continúan en todas direcciones, en todos los campos, en todos los niveles. Puede que, en algún momento, todas se encuentren en el mismo punto. Un único punto en el que esté la respuesta a todo. Hasta entonces, sigamos siendo curiosos.

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