Asesino (casi) nato

Conquistaré…

Leo hoy en las noticias acerca de un terrible suceso: un menor mata a uno de sus profesores y hiere a varias personas. Se reactivan los debates sobre qué hacer con un menor que delinque. Y también, de forma casi inevitable, la necesidad de dar aún más detalles, de dar a la gente una forma de encuadrar el suceso, y digámoslo también, de ganar un click más, hacen que pronto empiecen a aparecer artículos de dudosa calidad o relevancia donde se buscan modelos, móviles y paralelismos para el suceso en las series de TV, videojuegos y demás aficiones del homicida.

A veces me pregunto qué pasaría si yo me viera envuelto en algo así, en qué se cebarían. Y me preocupa, porque en cuanto me investiguen, verán que soy un psicópata. Un asesino casi nato.

Bastaría con revisar mi historial de afición a los videojuegos. He cometido genocidios en el Civilization, conquistado Rusia con más eficiencia que Guderian, y matado más terroristas que Israel. La ONU me busca hace tiempo para pedirme cuentas por mi pródigo uso del seccionador neuronal en el Alpha Centauri.

Creo que desde que agarré un joystick por primera vez a los 10 años, habré matado cientos de miles de seres hechos de sprites y polígonos. En mi defensa diré que la mayor parte de las veces todos esos seres virtuales trataban de matarme a su vez, pero quién no ha quitado alguna vez la tierra bajo los pies de una aldea llena de gente en el Populous para ver como se ahogaban, o quién no ha metido a un sim en una habitación sin puertas o en una piscina sin escalerilla.

También he aprendido inglés, informática, historia, conocido gente y encontrado amigos, y descubierto libros y pelis interesantes, pero son daños colaterales, sin duda. Lo que importa es la capacidad para inducir a la violencia de los videojuegos y las series, tan superior a la de los libros, las ideologías, o las liguillas de fútbol alevín.

Ante todo tenemos que pensar en la gente que no distingue realidad de ficción. No es necesario que hablemos de los padres que pasan de las cosas con las que juegan sus hijos y de si son adecuadas para ellos, de los entornos en los que se perpetúan situaciones de desigualdad social y económica, o de conductas de abuso como las agresiones a profesores o el acoso escolar, que ignoramos hasta que es demasiado tarde. Esos temas son demasiado complicados, enseguida se mete uno en política, y no generan impresiones publicitarias en los medios ni jugosos efectos Streisand en los videojuegos y series que son objeto de esta peculiar promoción.

Puedes ver la foto “Conquistaré…” en Flickr

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.