Atada a algo mas fuerte que ella misma

Atada al dolor

Vilma, la chica de senos perfectos, que me inspiró a escribir un largo poema hace unos años, luego de conocerla en una fiesta de fin de año, donde tomamos unas copas juntos e iniciamos un idilio mágico que nunca fructificó, debido a la pesada carga emocional, que mantuvo a la bella dama atrapada en una relación de codependencia, altamente destructiva.

En esa inolvidable fiesta, cuya anfitriona era mi querida amiga M., estaban sus más cercanos amigos, círculo al que recién estaba ingresando, después de ser vecinos por varios años, pero sin profundizar nuestra relación, hasta que varios eventos extraños y tristes, nos unieron y generaron el aura de confianza, que afirmó nuestros vínculos emocionales, sin llegar por ello a crear la energía,como para llegar a un romance.

Sin embargo el romance con Vilma fue instantáneo, era la mejor amiga de M. desde la infancia, su confesora y cómplice desde hace muchos años. Me la presentó y no pude dejar de sentir el vacío en el estomago, mientras contemplaba esa figura menuda, pero bien formada, vestida con unos jeans tradicionales azules, botas altas color café, chaqueta de cuero del mismo color, blusa color beige, con un pronunciado escote.

Llevaba el pelo suelto, que caía apenas sobre sus hombros, su rostro redondo y rosado mostraba una expresión de constante asombro. Una pequeña cicatriz arriba del tabique nasal pudo pasar como un tercer ojo, seguramente señal de una temprana varicela. Antes de que empezáramos a hablar, parecía algo perdida en la fiesta, ya que nuestra amiga M. estaba ocupada atendiendo a los otros invitados, así que se mostró aliviada de tener alguien con quien conversar. Una de las mejores formas de entablar una conversación, con una chica desconocida, es que alguien de su confianza te la presente. De modo que nos ahorramos varias etapas de las validaciones que las mujeres suelen utilizar, para decidir si nos dejan acercarnos o nos rechazan de entrada.

No perdí el tiempo y quise saber un poco más de su historia y sus gustos. Ella estaba más que dispuesta a hablar y pude darme cuenta que estaba buscando una válvula de escape. En ningún momento llegó a exponer todos sus problemas e intimidades conmigo, pero dejó entrever una relación que marchaba mal y un ambiente familiar adverso. Escuchándola con atención e interesándome auténticamente por sus problemas logré ganarme algo de su confianza, así que se mostró más relajada y dispuesta a divertirse.

Tomamos varios tequilas y bailamos el resto de la noche. Nuestros movimientos cada vez eran más coordinados y cercanos. Cuando la música fue tomando un ritmo más suave y las luces en la casa de M. fueron bajando de intensidad, bailábamos lentamente y viéndonos a los ojos y apenas pronunciando algunas palabras, que solo nosotros entendíamos.

Cerca de la medianoche la magia terminó, se detuvo la música y encendieron las luces para indicar que debíamos irnos. Aparentemente alguien de los amigos de M. iba a llevar a Vilma para su casa, así que nos despedimos apresuradamente sin tener oportunidad de intercambiar teléfonos.

Esa noche no pude dormir y solo encontré paz cuando tomé una vieja libreta de notas y me puse a escribir un largo poema inspirado en ella.

Durante un año no supe más de ella ni ella trató de comunicarse conmigo, así que con el tiempo fui olvidándome un poco de esa fiesta y de la cercanía que logramos con Vilma. Pero cuando llegó de nuevo el fin de año, mi amiga M. organizó otra vez una fiesta y me invitó. Sentí una emoción indescriptible y un sentimiento de anticipación irreprimible, pensando en volverla a ver.

Llegué temprano con la esperanza de reiniciar nuestra conexión desde el punto que la habíamos dejado un año atrás. Pasaron dos horas en la fiesta, pero no se apareció. Le pregunté a M. por ella y me dijo que la había invitado pero que tal vez su novio no la iba a dejar venir. Ese fue un golpe duro de asimilar. Saber que tenía novio me dejaba sin posibilidades de soñar con poder conquistarla.

Estaba a punto de irme, ya que mi casa quedaba cerca y no tenía motivos para quedarme, cuando sorpresivamente apareció en la fiesta. Además llegó sola. Cuando entró yo estaba a punto de despedirme de M., Vilma parecía buscar a alguien, imaginé que a nuestra anfitriona, pero después de verla y hacerle un gesto de saludo siguió buscando hasta que nuestras miradas se encontraron, entonces vi la más brillante y dulce sonrisa de que una mujer es capaz. Sí, me estaba buscando a mí.

Fui hacia ella y la besé en la mejilla. Sin decirle nada la llevé al centro de la pista y bailamos, tal y como habíamos bailado el año anterior. No quisimos hablar ni hacer preguntas incomodas, solo queríamos disfrutar de nuestra mutua cercanía.

Mientras tanto otro hecho precipitó los acontecimientos de nuestra aventura amorosa. Nuestra amiga M. había tomado demasiado y estaba portándose demasiado pesada con sus padres. Tuvieron una discusión y M. se enojó a tal punto que me pidió que nos fuéramos a mi casa porque no soportaba estar más en la fiesta. Vilma nos acompañaría. Caminamos hasta mi casa y M. me pidió whisky. Vilma y yo tratamos de calmarla, pero estaba hecha una furia, detestaba el control de sus padres y sus reproches constantes. Después de media hora de insultar a media humanidad se fue quedando dormida. La cargué y la acosté en mi cama, esperando a que le pasara un poco el efecto del alcohol, para llevarla de regreso a su casa. Llamé a su mama y le conté que estábamos con Vilma y que llegaríamos más tarde, cuando M. ya estuviera más calmada.

Para matar el tiempo, fuimos con Vilma a la sala y nos pusimos a escuchar música de diferentes géneros. En cierto momento recordé el poema que había escrito y le conté a Vilma que ella me había inspirado. Pero desde que lo escribí no había vuelto a verlo. Ella se mostró muy entusiasmada por leerlo. Lo busqué afanosamente y encontré la libreta en la ultima gaveta de mi escritorio de trabajo. Tuve un último momento de pánico escénico, porque no sabía la reacción que ella pudiera tener. De cierta forma, el poema confesaba la atracción que sentía por ella.

Pero ya estaba encaminado el asunto, así que no podía hacerme para atrás. Se lo leí sin explicarle demasiado el significado que podría tener. Ella lo escuchó atentamente, sobresaltándose en algunas partes y sonriendo en otras. Cuando terminé de leerlo me quedé callado, en espera de sus comentarios. Ella estaba sentada en un sillón individual y yo estaba sentado en otro enfrente del suyo. Se levantó, caminó hacia mí y sin decir palabra me besó suavemente en los labios. Me dijo que estaba seguro que era ella de quien hablaba el poema y que yo debía ser un buen escritor para poder captar la esencia de la tormentosa vida que estaba llevando, desde hacia varios años.

Después se dio la vuelta y se dejó caer en el sillón en el que estaba anteriormente. Pude ver que varias lagrimas se asomaban a sus ojos, tal vez al pensar en el peso de sus dificultades. Esta vez fui yo quien se acercó y besó sus húmedas mejillas para tratar de aliviar el dolor. Parecía una niña desconsolada y fue dejando que la abrazara y le acariciara el pelo. Sorpresivamente se puso de pie y se enjugó las lagrimas. Me dijo que no quería derramar lagrimas por alguien que no las valoraba. Me pidió un tequila, sal y limón. Ese no debía ser un día triste, finalizaba un año pero empezaba otro. Ella no quería iniciar el año llorando y lamentándose, faltaban solo unos minutos para las 12 de la noche del 31 de diciembre.

Traje una botella casi llena de tequila y dos pequeños vasos. Empezamos a brindar por cada cosa que nos gustaba en este mundo. La música suave nos contagió y empezamos a bailar, casi sin dejar espacio entre nuestros cuerpos. En cierto momento la ropa empezó a sobrarnos. Nos desvestimos en pocos minutos y nos tumbamos en el sillón a hacer el amor frenéticamente.

Nos dieron las doce campanadas enredados en un sensual abrazo, intercambiando energía por cada poro de nuestros cuerpos. El ruido de los juegos pirotécnicos, despertó a nuestra amiga M. quien nos sorprendió en la sala, apenas dándonos tiempo para ponernos algo de ropa encima. M. aún estaba ebria pero nos dijo que ya sabía que íbamos a terminar enredados porque desde que nos presentó habíamos sacado chispas por los ojos. Pero ella sabía que Vilma tenia una relación seria con alguien más, por lo que quiso protegerla a ella y a mí, entonces nos pidió que termináramos de vestirnos y la acompañáramos a su casa. Yo deseaba que Vilma se quedara en mi casa para concluir lo que habíamos interrumpido, pero los padres de M. no verían con buenos ojos que la chica se quedara conmigo. De forma que las fui a dejar, me despedí con un corto beso de Vilma y un abrazo de M.

Pero esta vez, sí tenía el teléfono de Vilma, no podía perderle la pista.

La estuve llamando desde el día siguiente, pero fue difícil lograr que me contestara. Parecía nerviosa y deseosa de terminar rápido las conversaciones. Le insistí en que nos viéramos, pero ella me daba evasivas. No hice demasiadas preguntas. Pero una enorme ansiedad me hacía volver a llamarla día a día. Después de una semana, su nerviosismo fue bajando y aceptó que nos viéramos cuando saliera de su trabajo, el próximo viernes. Fui a traerla y la vi en su mayor esplendor. Con una falda corta y un escote pronunciado, me regaló otra vez esa sonrisa única y especialmente hecha para mí.

Fuimos a cenar y después fuimos a mi casa. Esta vez no había limites. Vilma estaba allí para entregarme su hermoso cuerpo, sus senos redondos, firmes y suaves. Su piel clara y satinada. Sus besos húmedos y profundos. Ese olor que ya había disfrutado la noche de fin de año, mezclada con las esencias de sus esquinas más intimas y el sedoso cabello que había crecido un poco desde el año anterior. No tardamos en enredarnos de nuevo en un furioso baile, desnudos en mi cama. Sin haber apagado la luz, sin haber puesto música de fondo. Fueron veinte minutos frenéticos hasta que de repente ella me pidió que me detuviera.

No pudo continuar, había llegado a tomar una decisión importante. Seguimos desnudos, sentados uno frente a otro, mientras me decía que no podía engañar a su pareja, aparentemente llevaban dos años viviendo juntos, con la oposición de sus padres. Él la había engañado varias veces y tenían frecuentes y violentas discusiones. Pero aun así, no quería terminar la relación con él para iniciar una conmigo. Tampoco quería tenerme como un amante. Solamente había tenido un momento de debilidad que no pudo detener a tiempo y se estaba enredando en una situación que no sabía cómo manejar. No quería dañarme, ni serle infiel a su pareja, aunque se lo mereciera.

Fue realmente frustrante, pero entendí sus razones. Nos vestimos en silencio y la fui a dejar cerca de su casa para que sus vecinos no la vieran bajar de mi automóvil. Me dio un último beso y me pidió que la perdonara. Yo le dije que entendía y que siempre guardaría el recuerdo de nuestra intensa pero corta aventura romántica.

Cinco años después la volví a ver. M. organizó una fiesta infantil, por el tercer cumpleaños de su primer hijo. Nos invitó a ambos aún sabiendo de nuestra extraña relación. Yo iba acompañado de mi esposa. Ella tenía dos hijos, un niño y una niña de brazos. Me vio pero no quiso saludarme, yo tampoco me acerqué a ella. Pero en cierto momento nuestras miradas se cruzaron brevemente. Me sonrió otra vez y yo le guiñé el ojo.

Días después me reuní con M. quien me contó que Vilma se había divorciado del esposo finalmente, pero seguía apoyándola con la manutención de sus dos hijos.

No nos encontramos de nuevo, pero tal vez ella se pregunta a veces si la decisión que tomó esa ultima noche que estuvimos juntos fue la mejor. Yo también pude haber insistido y luchar por conquistarla, es posible que lo hubiera logrado. Pero creo que las cosas pasan por una razón y muchas veces una intensa pasión no es garantía de una pacífica convivencia juntos. Me pregunto si una relación entre nosotros habría durado para siempre. Nunca lo sabré, supongo.

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Publicado originalmente en jesemprendimiento.blogspot.com.