Black Hole

Había mucho ruido y el calor era sofocante. Entre sonrisas del barman y empujones de extraños, buscó refugio en la barra. Estaba acostumbrada a sentirse así: desencajada, incómoda. Por suerte, el alcohol lograba suavizar hasta la aspereza más grande…

El frío y la sal en su rostro la despertaron. Sobresaltada, tanteó a su alrededor y solo percibió el polvillo de la arena, casi harinosa. Intentó calmarse y enfocarse en lo sucedido, pero no lograba dar con ningún recuerdo.

Poco a poco, la negrura de lo desconocido se cernió sobre ella, pero se obligó a mantener la calma; el sol y la brisa marina serían suficientes.

A su lado, con una paz mortífera, yacía un cuerpo oscuro. Solo aquellos que la presenciaron diferencian la muerte del sueño.

El abdomen del muchacho caía violentamente en un agujero infinito, de bordes limpios y aspecto intrigante.

El terror la embargó: no recordaba, pero se sentía como una asesina.

Poco a poco se arrastró sobre el muchacho, estático y duro como el mármol, y ojeó el espacio vacío: un aire helado golpeó su rostro y la arrastró hacia adentro.

La espesura ahogó sus gritos mientras que la corriente engulló otro secreto.